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Clama por ayuda para sus hijos la mujer deportada de EU que sufre cáncer terminal

Karla Galarce Sosa

La mujer guerrerense con cáncer terminal que fue deportada de Estados Unidos el lunes pasado y que fue internada en el Instituto Estatal de Cancerología (Iecan), Norma Ramírez Clemente, pidió a las autoridades que la apoyen a ella y a su familia porque el único patrimonio que tenía ya no es suyo, pues alguien se adueño de su terreno y lo vendió.
Norma Ramírez, quien padece cáncer urotelial –en las vías urinarias– partió de su natal Tecoanapa cuando tenía 24 años en el año 2003. Dejó Guerrero y a cuatro hijas con la esperanza de construir una pequeña casa en el único terreno que tenía.
“Yo dejé cuatro hijas, a mi papá y a mi mamá hace casi nueve años, porque quería construir una casa (…) Aquí en Guerrero está muy dura la situación, aunque uno a veces piensa que yéndose a los Estados Unidos va a ser algo mejor, pero pues a veces uno se lleva muchas sorpresas estando allá”, dijo la joven mujer quien era acompañada por su padre, Margarito Ramírez Marquillo en una habitación del Iecan.
Por un lado, admitió que estando en la Estados Unidos estaba en mejores condiciones económicas porque con su trabajo le alcanzaba para enviar dinero a las hijas que dejó, aunque confesó que “el dinero no es todo” porque lamentó haber “abandonado” casi nueve años a sus hijas.
“Si el gobierno me quiere ayudar pues que sea un poco económicamente o que me ayuden a recuperar el terreno que compré y que me quitaron, no lo pude venir a pelear porque estaba allá”, comentó.
Contó que en julio del año pasado fue detenida por la policía local por conducir sin licencia de manejo. “Me enfermé en octubre del año pasado, fui a dar la hospital pero no me decían nada hasta que un urólogo me dijo que tenía cáncer después de una uroloscopía. Me dijeron que el tumor se había desparramado en todo el abdomen y que ya estaba en fase terminal y por lo tanto no podían ayudarme”, expuso.
Mencionó que durante los meses que dejó de trabajar, tuvo el apoyo del periódico ¿Qué pasa?, editado por latinos en Carolina del Norte y que logró algunos apoyos, principalmente de organizaciones no gubernamentales y de algunas iglesias.
“Me detuvieron por manejar sin licencia, pero la licencia sólo se las dan a los que tienen papeles de migración. Me pararon por manejar sin licencia y me metieron a la cárcel; migración me soltó para que yo pudiera traer a mis niños porque yo no tengo familia y el papá de los niños no estaba allá, por eso es que les pedí a las autoridades de migración que me iba a venir para acá y me dieron deportación voluntaria”.
Norma Ramírez enfermó en noviembre del año pasado y desde entonces dejó de trabajar.
“Me tuve que venir para acá porque el doctor me sugirió que me regresara ahora que podía porque si no lo hacía no podría hacerlo por la enfermedad”.
Los médicos de Estados Unidos pronosticaron sólo cuatro meses de vida a la joven madre.
“Decidí venirme para Guerrero. Estuve en Raleigh, en Norte Carolina casi nueve años, me fui porque quería construir una casa para mis niñas porque aquí dejé cuatro niñas, una de 8 años, una de 5 y otra de 2 años, Zayibel, Vianeysi, Osmaida y Heidi; los otros que tengo y que nacieron allá son Pamela y Keny de 6 y 5 años”.
Respondió que desde que llegó a Estados Unidos comenzó a trabajar en fábricas y el último fue como planchadora de pantalones.
“Dejé a mis padres aquí, ellos me ayudaron con mis hijas y hasta apenas ayer me enteré que el terreno que compré antes de irme de Guerrero, una persona se adueñó y lo vendió”, narró.
Explicó que el consulado mexicano en Estados Unidos, así como algunas iglesias de diversas religiones le ayudaron económicamente para mantener a sus dos hijos y pagar los boletos de avión de regreso a México.
“Les doy mil gracias a todas las personas que estuvieron conmigo, muchas personas que me vieron cuando estuve muy mal, de muchas iglesias iban a darme su apoyo”, dijo.
Explicó que el consulado en Raleigh le ayudó con los trámites para volver junto con sus hijos, quienes por haber nacido allá, son ciudadanos estadunidenses, pero que por su enfermedad ahora estarán aquí, en Guerrero mientras ella espera fallecer.

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