Dan de alta a los pescadores que se perdieron tres días en alta mar
Alfredo Mondragón * Los náufragos pescadores de tiburón rescatados por marinos de la Sexta Región Naval Militar, el sábado pasado, fueron dados de alta ayer del Hospital Naval Militar, luego de estar tres días internados por las lesiones que sufrieron al permanecer perdidos tres días en alta mar.Sin haber pagado gastos médicos, los pescadores Javier Bailón Olea, de 44 años de edad, originario de Acapulco, y Pedro Olmedo Baños, de 38 años, originario de Pinotepa Nacional, abandonaron el nosocomio a las 17 horas, y fueron recibidos por sus hermanas Bertha Salazar Ornelas y Flor Olmedo Baños, respectivamente.El director del hospital Naval Militar, Alvaro García Franvutti, explicó que “no se cobraron honorarios ni gastos médicos durante el internado de los náufragos, debido a la política de salvaguardar la vida humana en el mar de parte de la Armada de México”.
El sábado, Bailón Olea y Olmedo Baños fueron rescatados por marinos que fueron alertados por un barco de Pemex, luego de que tres días antes había naufragado su embarcación, Hilary, debido a las condiciones climáticas.Durante su naufragio los pescadores sufrieron quemaduras de primer y segundo grado, principalmente por los ataques de malagua azul, así como quemaduras del mismo grado por la insolación y cuadros de deshidratación. Ayer fueron dados de alta por la teniente Olivia Cruz Zamora, especialista en hematología. El tratamiento clínico consistió en rehidratación a base de suministrar suero vía intravenosa, aplicar crema de lanolina para las quemaduras y sustancia para los ojos, además de que se les recetó reposo durante 40 días, no asolearse durante el mismo periodo y varios medicamentos, explicaron las enfermeras.En entrevista antes de salir del nosocomio militar, los afectados narraron que el pasado miércoles, aproximadamente a las 9 de la mañana, salieron a alta mar de la playa Las Hamacas, a bordo del cayuco Hillary, de motor fuera de borda, con víveres y material de pesca. A ambos sobrevivientes se les observan quemaduras en todo el cuerpo, y ellos explicaron que en realidad fueron producto de los piquetes de malagua azul, y no tan sólo del sol. Pedro Olmedo enseñó su mano izquierda y dijo: “mira cómo me dejó el tiburón, jaló la cuerda y me quemó”.Los pescadores permanecieron todo el día y noche del miércoles en el océano Pacífico, a 40 millas de la bahía de Santa Lucía, y lograron capturar un tiburón como de 50 kilos y otros seis más pequeños, por ello el jueves por la mañana, luego de desayunar decidieron regresar al puerto y navegaron.“Entonces entraron los vientos del sur, el nivel del mar subió y la lancha prácticamente se enterró en una ola y se fue a pique la proa…en segundos todo flotó, mi capitán –en referencia a su compañero– andaba nadando y empezó el sufrimiento”, explicó Olmedo Baños.“El instinto de supervivencia nos hizo agarrar una hielera para flotar, porque la corriente te lleva y te mata. La lancha no se hunde totalmente, la proa queda arriba y la popa en el fondo, en forma vertical”, agregó Bailón Baños.Los tiburones estuvieron merodeando –dijo Pedro Olmedo– pero “ya me conocen, me tienen miedo, nada más me vieron y se fueron porque saben que si no les doy una garrotiza; no piensas en nada, sólo en sobrevivir”.Siguió: “La corriente nos arrastraba más pa´ tras. Nos amarramos con una reata a la lancha porque la corriente se la iba a llevar y el patrón me la iba a cobrar; la querías sacar”.“No hay diferencia entre el día y la noche. Teníamos la hielera amarrada que es una señal por si algún pescador la ve sabe que es naufragio. Nunca perdimos la fe, sabíamos que la íbamos a librar, aquí no hay que perder la paciencia”.Javier comentó que por el temor no podían dormir y sólo dormitaban por segundos agarrados a la lancha y a la hielera, y que sólo concentró su pensamiento en sus hijas Susana, de 14 años, y Jenny, de 15 años.Por su parte, Pedro dijo que no pensó en nada más que en salvarse “ni en mi esposa”. A pesar de la experiencia, ambos afirman que tan pronto se recuperen regresarán a la mar para continuar la pesca del tiburón, porque es su única fuente de ingresos y “toda la vida hemos vivido de esto”.Fue el sábado por la mañana cuando observaron en el horizonte un barco petrolero de Pemex, y con sus camisas empezaron a hacerle señas. Por la velocidad del barco no pudo detenerse al momento, pero lanzó tres pitidos, señal marina de que hay náufragos al mar y dio aviso a la Sexta Zona Naval vía radio. Sin embargo, la primera embarcación en acercarse fue un barco pezvelero –que no recuerdan– al que, casi sin fuerzas, Javier se subió y a su compañero le lanzaron un salvavidas atado a una cuerda. Minutos después llegaron marinos de la Armada de México y los rescataron.




