Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jaime Castrejón Diez

A mí mis placas

 Desde el mes de noviembre hice los trámites para obtener mis placas y ocho meses después sigo con mi permiso. El jefe de Gobierno dijo hace meses que si el funcionario encargado del emplacamiento no entregaba las placas en marzo, le pediría su renuncia, llegó abril y el jefe de Gobierno dijo que el funcionario había cumplido y no tenía por qué renunciar. Esta fue una gran mentira de López Obrador y como en tantas otras al no cumplir, lo hace y hace muy bien es mentir.

Hace un mes aproximadamente alguien me comentó que alguno de los plaqueros, quienes fabrican las placas, no se habían puesto de acuerdo con las autoridades y no habían elaborado las placas, parece ser que ya hubo un acuerdo y saldrán a partir de julio. Lo importante de esto es el castillo de mentiras que se ha construido para cubrir la ineficiencia. A mí no me importa que el jefe de Gobierno se levante a las seis de la mañana a hablar con los periodistas, yo quiero mis placas y me molesta la mentira.

En esta lista de pensamiento, creo que toda la faramalla que está haciendo sobre los plebiscitos va en el mismo rumbo. Esta postura de consultar a cada paso a los gobernados para tomar decisiones es una fórmula populista que trata de tomar evitar decisiones que le pueden restar “popularidad”. El hecho es que al no ser electo tiene que ejercer el poder y tomar decisiones que le pueden afectar su imagen. John F. Kennedy decía que las campañas y elecciones generan capital político que se gastaría después al tomar decisiones que son necesarias para el buen funcionamiento del país aun cuando sean impopulares. Concluía que para eso se construye el capital político, no para atesorarlo.

Esto nos lleva a considerar el problema del segundo piso del periférico. El proyecto no fue calculado correctamente, no alcanzó el presupuesto y amenazó llevarlo a un plebiscito (¡ otra vez!) para que decida la ciudadanía. En esto hay también un gran error de concepción. No se trata de elegir la Reina de la Primavera, es un problema urbano que requiere de opiniones expertas, no del recurso populista de que “decida el pueblo”.

El tema del segundo piso hay impacto social, ambiental y hasta estético. Sobre estos temas deben opinar los expertos, aquellos que pueden predecir científicamente los efectos que a futuro tiene una obra de esta naturaleza, pero finalmente  de responsabilidad recae en el gobernante, es algo que no debe eludir, sin embargo, se niega a arriesgar su capital político, porque lo guarda “para la grande” sin pensar que para llegar ahí debe demostrar que puede gobernar el Distrito Federal.

Después de 18 meses de las elecciones es bueno hacer un balance de lo que las autoridades electas han hecho o dejado de hacer. Curiosamente las últimas encuestas realizadas por diversos grupos muestra que siguen siendo la seguridad el tema más mencionado en todas ellas. Aquí podríamos decir que su inclinación a los plebiscitos, ya que las encuestas son, en cierta forma, pequeños plebiscitos que con técnica estadística suplen el que el universo sea limitado. El resultado es que la gente se queja de que no ha mejorado la seguridad y ese es su principal reclamo. Es momento de comenzar a dar respuestas a estas demandas de la ciudadanía.

El otro es el de la corrupción, que no ha disminuido, el tema si  ha sido tratado retóricamente,  pero el fenómeno no ha desaparecido en estos dieciocho meses. La encuesta y las conversaciones  de la ciudadanía así lo consideran. No se necesita un plebiscito para comprobarlo.

Crece la idea de que el gobierno del Distrito Federal ha buscado ser efectista y servir de plataforma para una campaña para el 2006; esto sería tolerable si por lo menos se cumpliera medianamente con las obligaciones que conlleva el puesto. De otra manera es una campaña muy larga y muy cara que, a querer o no, pagan lo gobernados.

Muchas veces los pueblos son muy tolerantes, soportan mucho, no por simpatía con quienes los gobiernan sino por un sentido de solidaridad o de patriotismo. No daba confundirse esto con conformismo o aprobación. Hay que recordar que el ser patriota no impide a quienes lo gobiernan.

Uno de los diálogos de un personaje de una de las obras de Shakespeare termina con unas líneas que me pueden servir de editorial: “Palabras, palabras, palabras.”

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