Jaime Castrejón Diez
Sol y sombra
Estamos viviendo un momento un tanto desalentador; pasamos de la euforia del cambio a la preocupación por la realidad, el peso perdiendo fuerza, las advertencias de que nos puede pasar lo de Argentina y sobre todo que el producto de las empresas paraestatales vendidas se ha utilizado para financiar la cuenta corriente y que ya queda poco para vender y el déficit se va a reflejar en nuestra economía, mostrando finalmente nuestras debilidades. El origen de esta situación es anterior pero su inercia continúa en la época de transición.Todo esto se hace más ostensible porque había grandes esperanzas para que el gobierno del cambio por lo menos detuviera esta aparatosa caída. Fuera de los escarceos de los partidos y de los legisladores con el Ejecutivo, había la esperanza de que el cambio comenzara a mostrar un sistema diferente. Todo esto fue realmente en una larga campaña que tuvo como característica principal el optimismo. Cuando las cosas no han ido en la forma que se esperaba comienzan aparecer síntomas de desencanto.Siempre hay una parte de la prensa muy crítica, pero en el último mes, se ha hecho cada vez más crítica, ésta ha subido de tono. En la prensa extranjera empezaron a aparecer también comentarios de que en México no solamente no se estaba dando el cambio sino que comenzaba a haber serias dudas de que el cambio se diera en este periodo de transición. La opinión extrema se tornó más fuerte, un artículo del Washington Post del domingo 23 de junio endureció la crítica. El artículo cita a algunos escritores mexicanos, pero también el juicio del corresponsal es fuerte, dice en una de sus partes que la historia reconocerá a Fox el haber terminado con el régimen priísta, pero con pocos logros como presidente.
Un comentario similar apareció en The Economist.
Volvemos a pensar como se hizo durante el régimen priísta, que volvía un método claro de crítica, el contrastar lo que se decía contra lo que se hacía. El final de la era priísta se caracterizó por una retórica hueca que finalmente hizo que el electorado lo abandonara. No cabe duda que Fox fue un gran candidato, pero el tiempo de la retórica pasó y se empieza a juzgar al gobierno por sus obras. Esto es especialmente importante porque se acercan las elecciones federales intermedias.El año 2003 es crucial para el gobierno. Ahí se van a medir dos aspectos de nuestra vida política. Por un lado si el gobierno ha convencido a la ciudadanía de que necesita una Cámara de Diputados que impulse sus programas para lograr el cambio. Por otro lado el electorado juzgará al poder legislativo. ¿Vale la pena tener un Congreso dividido o es necesaria una mayoría clara? Lo que decidirán las elecciones es de que color será la Cámara de Diputados, porque siempre existe la posibilidad de que se inclinen por otros partidos.Un fracaso del gobierno en las elecciones del 2003 es posible y sería un duro golpe para el régimen. La tendencia mundial en las elecciones intermedias es que el partido en el poder pierda representantes en el legislativo. Luchando contra esta tendencia ¿qué ofrecerá el gobierno? La situación económica preocupa, la falta de crecimiento. ¿Cuál será la cotización del peso en el 2003?Las diferencias económicas dieron origen en los años sesentas a aquella eclosión social que no era otra cosa sino una rebelión de grandes sectores de la población que se rehusaban a entrar a la marginalidad y naturalmente se radicalizaron, la radicalización no los llevó a ningún lado tampoco, el intento desde el poder de tratar de servir a esos intereses radicales produjo cambios sustanciales. Sin embargo el legado del populismo fue un tremendo desencanto que finalmente vino a culminar en un conformismo que aún cuando existen todavía expresiones de esos pensamientos políticos, van poco a poco desapareciendo.¿Cuál será el legado del actual gobierno? La transparencia, la democracia, las buenas intenciones son importantes, pero eso no es todo. La sana administración, un nuevo tipo de tecnocracia, la popularidad, todo lo que representa en este momento es lo que va a juzgar el elector. Si no hay otra cosa ¿qué van a ofrecer en las campañas?




