Acto unitario de último momento en el séptimo aniversario de Aguas Blancas
Maribel Gutiérrez, Vado de Aguas Blancas * Por séptimo año, la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) en sus dos fracciones, y organizaciones sociales de Guerrero y otros estados del país, pidieron en este lugar, donde el 28 de junio de 1995 fueron asesinados 17 campesinos y 21 heridos, castigo a los responsables, en primer lugar al ex gobernador Rubén Figueroa Alcocer.
Esta vez, con dificultades y de último momento, las dos partes en que está dividida la OCSS y el movimiento social al que pertenece, se pusieron de acuerdo para hacer un acto unitario.
El acto unitario fue una diferencia con la conmemoración de 2001, cuando las dos agrupaciones marcharon separadas, y una, la encabezada por Hilario Mesino, Marino Sánchez Flores, y Rocío y Norma Mesino, celebraron un mitin en el lugar donde murieron los 17 campesinos, mientras el grupo encabezado por Benigno Guzmán permaneció a distancia.
Fue determinante en la unidad la intervención de los ex presos políticos, sobrevivientes de la masacre de El Charco, Efrén Cortés Chávez y Erika Zamora Pardo.
Cuando el contingente encabezado por Benigno Guzmán (conformado principalmente por campesinos, de la sierra de Coyuca de Benítez, de Atoyac, de Ayutla de los Libres, y estudiantes de Ayotzinapa) se encontraba preparando su salida en el centro de Coyuca de Benítez, llegó una comisión del contingente encabezado por los Mesino y Marino Sánchez.
La comisión de diálogo estaba integrada por Marino Sánchez y representantes de la Sección 9 del Sindicato de maestros del DF, de Michoacán, del Frente Democrático oriental de México Emiliano Zapata de la Huasteca, de la organización TINAM de la sierra de Zongolica, Veracruz y de estudiantes de la UNAM, del Consejo General de Huelga.
Benigno Guzmán, uno de los fundadores de la OCSS, en Tepetixtla, donde más se desarrolló la Organización, daba por hecho que no habría un acto unitario, porque ya no había tiempo para ponerse de acuerdo. Con su grupo estaban Ericka Zamora y Efrén Cortés, que vieron bien la propuesta de unidad, con la preocupación no sólo de celebrar el séptimo aniversario de Aguas Blancas sino también de luchar por el castigo a los culpables y por la amnistía para los presos políticos.
Finalmente hubo acuerdo, con la condición del grupo de Benigno Guzmán de que no hablara en el acto la dirigente Rocío Mesino ni el dirigente de una fracción en Coyuca de Benítez, Jerónimo Hernández Refugio.
Del vado de Aguas Blancas aparentemente se retiraron ayer los militares y policías que en días pasados establecieron un retén de revisión de los campesinos. Este viernes no se vio en los alrededores a los soldados que estuvieron hasta un día antes, vigilando el sitio en que hace siete años fueron asesinados los 17 campesinos y heridos más de 20, y donde hace seis años, el 28 de junio de 1996, hizo pública su existencia el Ejército Popular Revolucionario.
Como cada año, el acto estuvo presidido por viudas, madres y sobrevivientes, cada vez en un grupo más reducido, como resultado de la política de división y coptación del gobierno. Llegaron con el contingente de la OCSS dirigida por los Mesino y Marino Sánchez.
Ayer encabezaron el acto Martina Reza Andrade, madre de dos de los muertos, Clímaco y Simplicio Martínez Reza; Sofía Ventura, madre de Florente Rafael Ventura; Isabel Gallardo y Baltazar Rebolledo, madre y padre de José Rebolledo Gallardo; Reyna Gil, madre de Amado Sánchez Gil; Sirenia García, madre de Fabián Gallardo.
De las viudas, Paula Mendoza Téllez, vuida de Francisco Rogel Gervacio y Ruperta Miranda, viuda de Anacleto Ahuehueteco.
También estaban los sobrevivientes Jerónimo Hernández Refugio, Juan Gallardo, Marcelino García Gallardo, Felipe Ayala, Juan Hernández Lozano, Floriberto Jiménez Cruz y Felipe Sánchez.
Efrén Cortés Chávez participó este viernes por primera ocasión en un acto público, después de su liberación, hace menos de un mes, el 30 de mayo. Sobreviviente de la masacre de El Charco, de 33 años, originario de Cruz Grande, en la Costa Chica, tiene visible deterioro físico, con pérdida de más de 20 kilos, a raíz de su detención tras la masacre de El Charco, el 7 de junio de 1998, a las torturas a que fue sometido por cinco días en el cuartel de la Novena Región Militar en Cumbres de Llano Largo, Acapulco, y después por el trato que recibió en prisión, sobre todo en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, donde estuvo dos años y medio y explica que fue sometido a un régimen de falta de atención médica que estaba encaminado a minar su salud hasta llevarlo a la muerte.
Llegó con un planteamiento diferente, buscando la unidad de las organizaciones sociales para luchar por un México para todos los mexicanos, y por fundar una nación de todos los mexicanos.
En su discurso, en el vado de Aguas Blancas, al lado del monumento a los 17 muertos, y de las madres, vuidas y sobrevivientes afectados por la masacre, Efrén reconoció: “En siete años no nos hemos puesto de acuerdo para luchar porque se castigue a Rubén Figueroa”.
En alusión a las divisiones, dijo: “Esta lucha no es de nadie. Es del pueblo de Coyuca, es del pueblo de Guerrero, es del pueblo de México, es de todos los mexicanos agraviados por la represión, por la impunidad y por las políticas del gobierno”.
Dijo que la unidad de todas las organizaciones del país es una condición para que las masacres como la de Aguas Blancas sean cosa del pasado en México.
Fue escéptico en cuanto a las posibilidades de castigo a los responsables de la masacre con el gobierno actual, que es el mismo responsabable de los delitos de lesa humanidad, y ahí habló de una segunda condición para que se castigue a los culpables: que sean juzgados por tribunales independientes.
Y en el vado, el dirigente del Movimiento Social de Izquierda (MSI), Ranferi Hernández, en relación con la impunidad propuso romper la dinámica que ayer se repitió por séptimo año, de exigir castigo a los responsables de la masacre. Habló de generar un movimiento nacional con apoyo internacional, para emplazar al gobierno mexicano para que en un año se estén viendo resultados en el castigo a los responsables.
Para esto, Ranferi Hernández, que conoce cómo se desarrolla la solidaridad internacional, porque participó en ese movimiento durante casi cuatro años que estuvo exiliado en Francia, propuso “trasladar la lucha al ámbito internacional, y que desde afuera se presione”.




