Moisés Alcaraz Jiménez
Maxidemagogia
Los estrategas del PRI tendrán que actuar con más cuidado y deberán convencerse que más que cantidad, requieren cuadros dirigentes de calidad, preparados para la alta competencia y en particular para diseñar programas y procedimientos electorales eficaces y mensajes convincentes ante un electorado cansado de promesas incumplidas y falsas expectativas que ya no generan votos, sino la pérdida de confianza y credibilidad en candidatos y partidos que insultan y menosprecian a la inteligencia de los votantes.
No es echándole montón, a una campaña con personajes de cuestionados historiales como van a abrirse los sectores sociales tradicionalmente impenetrables para el PRI, tampoco partido y candidatos tricolores podrán así revertir la percepción que gran parte de la población tiene acerca de que nada ha cambiado en el nuevo PRI y que persisten viejas prácticas y vicios.
Un mal mensaje para la sociedad, para los militantes y para los simpatizantes; y una señal de debilidad ante el adversario, es la desesperación en que pueden caer los candidatos al ver que los propósitos y objetivos de campaña no se cumplen.
Cuando surgen los grandes retos, son momentos de mesura, sensatez y orden. Es cuando el grupo que conforma la inteligencia de las directivas partidistas debe sugerir a los candidatos los caminos más apropiados para mantener la calma y las formas más viables para no caer en el desaliento.
Ofrecer más de lo que humana y financieramente se puede hacer, decir el qué pero no el cómo, prometer beneficios sin tener recursos para cumplirlos, aquí y en China se llama demagogia.
En los tiempos actuales de cambios y transición, se debe evitar caer en los excesos de la promesa fácil y cuidarse de hacer ofertas incongruentes con la realidad económica y que por incumplibles o aventuradas, producen extravagancias político electorales de fatales consecuencias para el emisor.
La gran mayoría de los electores del municipio de Acapulco, igual que en la mayor parte de las zonas urbanas o semiurbanas del país, ahora razona su voto, reflexiona sobre política, analiza a los candidatos y sus promesas.
Es verdad que aún hay quien todavía cambia su sufragio por un puñado de frijol, pero el clientelismo electoral tiende a disminuir ante sufragantes más conscientes y ante el cierre de puertas al uso de dinero público con fines proselitistas.
Lo mejor que pueden hacer ahora los partidos políticos, es postular candidatos con perfil triunfador, realizar campañas de altura, utilizar nuevas formas de acceso al amplio campo electoral, buscar los atributos de los candidatos que producen votos, persuadir con inteligencia al votante y considerar que el elector tiene una amplia gama de percepciones, emociones y esperanzas dentro del ámbito de inteligencia que caracteriza a todo ser humano.
Ernesto Rodríguez Escalona ha hecho una temeraria oferta que le ha empezado a provocar más perjuicios que beneficios. En la conferencia de prensa que dio el pasado miércoles, pronunció un mensaje plagado de dudas y ayuno de claridad sobre cómo le va a hacer para que los acapulqueños transiten gratis por el Maxitunel, que es una de las vías más caras del país.
Quedó entrampado en su propia propuesta y demostró que tiene serias deficiencias en materia de política económica y fiscal al invocar una especie de Fobaproa para rescatar a esta importante arteria que según sus comentarios, se encuentra en quiebra.
Al parecer, Rodríguez Escalona desconoce que el Fobaproa constituye uno de los actos de corrupción más grandes de nuestra historia, el robo del siglo se le llamó, mediante el cual una mafia de banqueros y empresarios, coludidos con altos funcionarios del gobierno de Ernesto Zedillo, se robaron gran parte del patrimonio nacional y endeudaron a varias generaciones de mexicanos.
El rescate carretero y de ingenios azucareros, son igualmente actos de deshonestidad gubernamental a través de los cuales se ha utilizado dinero público para favorecer a las elites más ricas del país, sin que ello represente mayores beneficios sociales.
Aún es tiempo de rectificar. Lo peor que le puede pasar a un candidato es que en campaña demuestre incapacidad para gobernar. Rodríguez Escalona no ha llegado a tal extremo, pero debe demostrar que puede resolver los problemas más complejos de Acapulco, con propuestas viables, creíbles y realizables a la luz de la opinión pública.
A fin de cuentas, todo candidato vende esperanzas, pero éstas deben estar enmarcadas en un mínimo de razón, certidumbre y credibilidad.




