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Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

*Primero lo primero

Siempre creí y muchas veces escribí aquí, que para ser buen gobernante lo primero y más importante que debe hacer un candidato es convencer al electorado, y después a su pueblo, de que sus propuestas e ideas son las mejores, o cuando menos que son mejores que las de sus adversarios, o de perdis que son las menos peores.
Pero apenas me cayó el veinte, gracias al ejemplo de dos distinguidos políticos, uno perredista y la otra priísta, de que estaba equivocado.
O cómo entiendo, estimados lectores, de quien se supone militantes convencidos de los postulados ideológicos y políticos de sus respectivos partidos, las contradicciones que a continuación describo.
Como la del distinguido perredista, Lázaro Mazón, ni más ni menos que secretario de Salud del gobierno perredista de Ángel Aguirre, oponiéndose presuntamente con más vigor que el declarativo, a la despenalización del aborto, ante el azoro y supongo enchilamiento de las mujeres de su partido y del gobernador, su jefe y mismísimo responsable de la mencionada iniciativa.
Y como la de la distinguida priísta, Julieta Fernández de Añorve, ni más ni menos que diputada local, compartiendo una oración con un grupo de cristianos en los mismísimos territorios legislativos de un Estado laico.
Respeto, por supuesto, tengo y me merecen las ideas y convicciones morales y religiosas de ambos, pero estarán de acuerdo conmigo en que a ambos también les merecen y deberían tener respeto por las mujeres a favor del aborto y por los postulados ideológicos y políticos de sus partidos.
Porque, ¿en dónde quedan entonces el presunto socialismo izquierdista del PRD, y el liberalismo y hasta hace poco el juarismo masónico del PRI? ¿No es como traicionar la confianza de quienes votaron por el gobierno perredista y la legisladora priísta, pensando en que eran representantes y defensores de sus ideas?
Por supuesto que no me interesa sumergirme en las honduras del debate sobre el aborto, los anteriores solo son ejemplos del veinte que me cayó: que lo primero y más importante para un candidato que quiere ser buen gobernante, es convencerse él mismo de que sus propuestas e ideas son las mejores, y luego aplicarlas y emprenderlas con decisión, coherencia, fuerza y temple.
Y es que si el candidato que pretende gobernar no está convencido, menos convencerá a los electores, y menos aún a su pueblo; nunca será buen gobierno, porque a la primera resistencia, al menor tropiezo, reculará, se hará pato, nadará de muertito, cederá, concederá y dejará sus propuestas e ideas para después; con semejante gobierno, a la menor provocación, al primer contratiempo, el pueblo o sus adversarios rechazarán, se opondrán, desobedecerán y/o boicotearán sus planes.
En síntesis pirinolera, nadie gana, todos pierden, nadie toma, todos ponen… corrijo, peor aún: muchos pierden y ponen todo, y muy pocos ganan y toman casi todo. Los que hacen negocios con dineros públicos, los que lucran con el conflicto social, los que se fortalecen con la debilidad del poder.
Fácil y probable el escenario, cuando los candidatos son electos gobierno con la fuerza del dinero, el apoyo de grupos y caciques, la compra de votos, los compromisos impresentables, las alianzas ocultas; cuando no confían en que sus propuestas e ideas valen, sirven y alcanzan para convencer electores y ganar elecciones.
Claro, la bronca es que para creer en propuestas e ideas, primero hay que tenerlas. O sea, todo el numerito: pensarlas, discutirlas, consultarlas, afinarlas, sustentarlas y presentarlas.
Y digo la bronca con tono más escéptico que confiado, no porque dude que los candidatos presumibles a la gubernatura tengan tatema, oficio, experiencia, empaque y formación para salir airosos del citado numerito.
Lo digo porque así como muchos ciudadanos desconfían de y desprecian a muchos políticos, muchos políticos desconfían de y desprecian a la política, a la buena política democrática, y porque no confían en ni respetan a sus pares.
Por eso, hasta los más idealistas, románticos y comprometidos de los políticos en ciernes, más temprano que tarde se aclimatan, porque si no se los aclichingan, y aprenden, a golpes de frentazos, portazos, o a fuerza de favores y beneficios, a pensar y a ejercer la política con las reglas y objetivos de la lucha libre… del poder por el poder. O sea, a mutar discrecionalmente de colores, compromisos, propuestas e ideas, de acuerdo con cada circunstancia y conveniencia.
Achicopalado, les diría que nunca es tarde. Chance es chicle y pega, y al menos uno de los presumibles candidatos a gober, se anima y comienza a marcar diferencias.

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