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Moisés Alcaraz Jiménez

Fin al premio gubernamental de periodismo

 Con motivo del Día de la Libertad de Expresión, el gobernador René Juárez Cisneros entregó el pasado lunes en la residencia oficial Casa Guerrero, los premios del 21 Certamen Estatal de Periodismo Ignacio M. Altamirano, que fue establecido por primera vez durante el gobierno de Alejandro Cervantes Delgado como un reconocimiento a la labor de los periodistas guerrerenses.

La entrega de estos premios siguió desde sus inicios el mismo procedimiento empleado año con año por el gobierno federal, cuya oficina de Prensa era la encargada de organizar el certamen, asignar los recursos en efectivo y entregar los premios a los galardonados.

La excesiva injerencia gubernamental en una actividad que debe ser totalmente autónoma de cualquier influencia del poder político, provocó su degradación. La descomposición llegó a tal extremo, que fueron los propios comunicadores, los más democráticos, por cierto, los que solicitaron poner fin a una premiación que a últimas fechas se le atribuyeron intenciones contrarias a la esencia de un periodismo crítico e independiente.

De esta forma, el presidente Vicente Fox envió el pasado mes de noviembre a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión una iniciativa de decreto, mediante la cual se propuso modificar la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas, a fin de cancelar el Premio Nacional de Periodismo, lo cual, una vez aprobada la iniciativa, dio origen a la creación de un Consejo Ciudadano que a partir de este año tuvo a su cargo la organización y entrega de los reconocimientos periodísticos bajo criterios no gubernamentales y con el aval de destacados comunicadores de prestigio y calidad moral que integraron el jurado calificador, que con autonomía eligió a los ganadores.

La medida, además de dignificar tan importante labor, contribuye a una mayor transparencia de las relaciones de los medios de comunicación con el gobierno, favorece un ejercicio más profesional del trabajo informativo y cancela los rumores, dudas y sospechas generadas en torno a un reconocimiento que había perdido los nobles fines con que nació.

Es de esperarse que las entidades federativas donde se llevan a cabo certámenes similares, se tomen las mismas medidas a fin de evitar que los gobiernos intervengan en un ámbito que debe ser contrapeso del ejercicio del poder y no parte de él.

Aquí en Guerrero, el Ejecutivo estatal ha dado el primer paso al suprimir las grandes fiestas y regalos con que las autoridades agasajaban a los periodistas, pero se continuó con la añeja costumbre de entregar dinero en efectivo proveniente del erario público.

Sin embargo, este podría ser el inicio de un proceso encaminado a que el año entrante la autoridad gubernamental permanezca al margen de la premiación y se abra un espacio más de participación de la sociedad civil con la creación de un consejo ciudadano que organice y premie la calidad y el profesionalismo con que los comunicadores desempeñan esta labor.

Ni al gobierno, ni al periodismo ético y profesional, ni a la sociedad le conviene seguir con este tipo de certámenes.  Tampoco es viable ya tener una prensa sometida, halagadora y aplaudidora.

El periodismo concentra en sí mismo un alto valor social y político que obliga a practicarlo con un gran sentido de responsabilidad. Los medios de comunicación deben ser un instrumento eficaz para alcanzar una mayor transparencia en el desempeño de la función pública y deben constituir un importante factor para una mejor rendición de cuentas.

Practicado en la más completa libertad, el periodismo retroalimenta la función de gobernar.  Por ello tiene que haber una prensa crítica y constructiva, que señale errores, fallas u omisiones y que colabore con la propuesta de alternativas y formas de solución a la difícil problemática social y económica que nos agobia.

Requerimos un periodismo ejemplar, limpio, donde existan códigos de ética. Un periodismo de alto nivel, practicado con rigor intelectual y profesional, con verdadera vocación de servicio y con un indeclinable compromiso social.

En el mensaje que el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, emitió durante la primera entrega del Premio Nacional de Periodismo en su nueva etapa, señaló que “ahí donde se acredita una auténtica libertad de expresión, con prensa y medios vigilantes, intelectualmente rigurosos y éticamente sólidos, las desviaciones disminuyen, la calidad y eficiencia de los servicios aumenta, las libertades florecen y la justicia mejora”.

Este es un nuevo tipo de periodismo acorde con los nuevos tiempos políticos, mas creíble y confiable.  Un periodismo que es pieza fundamental del avance democrático, donde paulatinamente tendrán que ser erradicadas las viejas prácticas informativas que generaron la certera frase “prensa vendida” que, para vergüenza del periodismo sano, todavía hoy se escucha como parte de las protestas sociales.

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