Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Anituy Rebolledo Ayerdi

Cómo han pasado los años (XX)

 

Monumentos arquitectónicos

El arquitecto Ramón Fares del Río, paisano de San Jerónimo El Grande, dictó en días pasados una conferencia sobre la Carta de Venecia, emitida por la UNESCO el 25 de mayo de 1964. Se trata de un documento consensuado por expertos, arquitectos, ingenieros, antropólogos, sociólogos urbanistas y más. Y es su objetivo central la preservación de las obras monumentales de todos los pueblos del mundo. La Carta de Venecia abre con estas letras:
“Portadores del mensaje espiritual del pasado, las obras monumentales de los pueblos permanecen en la vida como testimonios de sus tradiciones seculares. La humanidad las considera como patrimonio común y pensando en las generaciones futuras se reconoce responsable solidario de la conservación de las mismas”.

Fuerte de San Diego

La primera fortificación para defender al puerto de los piratas se construyó en una elevación conocida como cerro del Padrastro, localizada directamente a la entrada de la bahía. La obra fue proyectada y dirigida por el ingeniero holandés Adrián Boot (autor de una hermosa y muy conocida litografía de la propia bahía). Los trabajos se iniciaron en diciembre de 1615, concluyéndose en febrero de 1617, con un costo de 113 mil 400 ducados. No faltaron proveedores, maestros de obra y albañiles demandando adeudos y haberes escamoteados por los constructores y no serán los únicos en los siglos por venir.
El nombre de San Diego le fue impuesto a la fortaleza en honor del santo del virrey de la Nueva España, Diego Fernández de Córdova, marqués de Guadalcazar, nombrado benefactor de Acapulco durante su breve estancia en el puerto, de paso para Perú con el mismo cargo. Nace entonces en el puerto la costumbre lacayuna de bautizar a la obra pública con el nombre de los todopoderosos del momento. Misma que alcanzará su clímax en el México de los regímenes revolucionarios.

San Carlos

No fue aquel fuerte, por cierto, el mismo que hoy deslumbra a propios y extraños. La fortificación actual fue construida sobre las ruinas de la dirigida por el holandés Boot, deteriorada por el terremoto del 21 abril de 1776. La demanda de mano de obra será entonces abrumadora y la habrá suficiente. Según el censo de población levantado en 1777, Acapulco tenía dos mil 585 habitantes distribuidos en varias etnias y castas. Los mulatos eran mayoría con mil 292; los indios (611); la casta de “lobos”, indio con negro (279): los negros (129); los chinos (121): los mestizos (102) y los españoles únicamente veintiuno. Esto último en razón de que la jerarquía virreinal radicaba, por lo inhóspito del puerto, en localidades vecinas como La Sabana, Xaltianguis y Dos Arroyos.
Aprobada la construcción de un nuevo fuerte por el rey de España, Carlos III, la obra queda a cargo del ingeniero Miguel de Constanzó, quien la entrega siete años más tarde, el 7 de julio de 1783 . Se le bautiza entonces con el nombre de San Carlos, en honor del monarca benefactor. No obstante, por la fuerza de la costumbre secular, los acapulqueños lo seguirán llamando San Diego, como hasta hoy.

La Costera

Según el planteamiento del Plano Regulador de 1931, elaborado por el arquitecto Carlos Contreras, el paseo costero entraría a la ciudad por la parte posterior del Fuerte, esto es, la calle Cinco de Mayo. No obstante, la confrontación de intereses hizo que se ganarán terrenos al mar para que pasara por su frente. El oleaje rompiendo contra las rocas de sus cimientos fue un espectáculo impresionante. Ese fuerte alcanzó a ser retratado en la película Pescadores de perlas, con Sara García (joven pero en el papel de anciana) y Víctor Manuel Mendoza
Los usos del Fuerte de San Diego han sido muchos y variados a través de los siglos. Cuartel militar, plaza de toros, circo (en su patio central se dio la pelea entre un tigre y un toro, con la victoria del manchado). El Museo Histórico y la Biblioteca del Fuerte nacen en 1959 por iniciativa de don Rosendo Pintos Carvallo. Ha sido, también, arena de box y lucha libre, sala de conciertos (ahí estreno Pablo Casals su obra maestra El Pesebre) y sede de la Reseña Mundial de los Festivales Cinematográficos. Hoy se le ha devuelto su vocación museográfica gracias a una excelente restauración del arquitecto Jorge Loyzaga, realizada por el arquitecto Yves Stoopen. Su conservación y actualización ha sido obra de su director Víctor Hugo Jasso (obligado conocerla).

El Fortín

Fue el fortín de La Mira uno de los muchos baluartes que defendieron al puerto de la agresión naval francesa. Fortín Juan Álvarez a partir de que se le bautiza con el nombre del defensor de aquella epopeya. Hoy, se le ha rescatado de la destrucción gracias a los trabajos concebidos y ejecutados por los arquitectos Marco Antonio Romero Torralba e Yves Stoopen. Sólo faltaría incluirlo en un catálogo de sitios turísticos por visitar.

Monumentos del Siglo XX

Ramón Fares del Río lamenta la desaparición a través de los años de las edificaciones con alto valor arquitectónico y culpa de ello a los intereses económicos, a la falta de sensibilidad de los responsables del desarrollo urbano y a la carencia absoluta de una cultura general de la conservación. Son, como lo dijo Octavio Paz, “testigos insobornables de la historia”. Y cita:

La Aduana Marítima

La Aduana Marítima fue construida en 1936 por el arquitecto Vicente Mendiola, conjugando los estilos neocolonial y art-decó, esto es, la arquitectura representativa de la época Sus características formales se integraban a la fisonomía urbana del momento: corredores forticados y cubiertas de tejas. Tan hermoso edificio le parecerá “viejo y feo” al Alibabá en turno y junto con sus 40 ladrones lo demolerán en 1951. En ese espacio serán edificado el nuevo palacio federal y más tarde , el edificio Abed, la tienda Sanborns y el edifico Manper.

Hotel La Marina

El Hotel La Marina (hoy Bancomer, centro) fue el primer edificio de Acapulco levantado sobre pilotes (columnas), dotado con elevador y aire acondicionado. La obra fue concebida por el arquitecto Carlos Laso como el prototipo de la modernidad, además de ser el primer edificio sustentable de los años 30 acapulqueños. Careciendo el puerto de sistema de agua potable y drenaje, La Marina nunca carecerá del líquido por captarse éste de las lluvias mediante ingeniosos métodos y, aún más, se hará llegar a sus 54 cuartos agua calentada por el sol. El lobby bar La Marinita se levantaba un metro y medio de la banqueta para evitar la entrada del oleaje de la playa de enfrente. (chamacos: no había malecón). Desaparecerá en 1958.

La Casa Acapulco

El empresario europeo Wolf Schoemberg concibe en 1940 lo que más tarde se denominará La Casa Acapulco, con espacios flexibles informales, integrando los interiores con los exteriores. Introduce en ella la naturaleza utilizando los materiales del sitio, piedra laja en los pisos, mampostería en columnas, muros y pretiles cubiertos con madera. Muchos árboles y jardines (hoy Casa de la Cultura de Acapulco).
La idea de Schoemberg es luego tomada por los arquitectos Mario Pani y Enrique del Moral en sus casas de Playa Larga. Por su parte, el arquitecto Enrique del Moral los reinterpreta en los 50 en en las primeras casas del fraccionamiento Las Brisas. Aquí, el propio Del Moral redefine lo que será en adelante La residencia de verano o Casa Acapulco. Todas estas residencias han desaparecido aun cuando debieron conservarse como testimonio de la aportación de una generación de profesionales al patrimonio arquitectónico de Acapulco.
Otra obra arquitectónica pasto de la piqueta dizque modernizadora, fue el hotel Club de Pesca, realizado en 1948 por los arquitectos Benjamín Burillo y Carlos Raygadas. El art-decó era su característica principal y su forma de arco con flecha tenía un gran valor estético formal como parte del paisaje.

Inventario arquitectónico

Frente a la agresión indiscriminada de ayer y hoy contra la obra arquitectónica del puerto, Ramón Fares del Río propone como urgente la realización de un inventario y catalogación de las mismas. Los espacios abiertos, los barrios, los paisajes naturales etcétera, etcétera. Todo ello con el fin único de protegerlas y desde luego conservarlas en calidad de patrimonio arquitectónico y cultural de Acapulco. Hagámoslo para que las generaciones futuras no nos lo reprochen, alienta Fares del Río.

Otros monumentos arquitectónicos

Catedral de NS de la Soledad. construida por el arquitecto Federico Mariscal entre 1940 y 1958. Su estilo es bizantino con elementos de art-decó, con los accesos y ventanales abocinados.
Hotel Casablanca. Levantado en el cerro de La Pinzona por los arquitectos suizos Max Loor y Roberto Weber (1944). Un art-decó muy bien interpretado con una envolvente en forma de trasatlántico. Célebres su cabaret Ciro’s, con una vista espectacular de la bahía y el Beach Comber, famoso por sus carreras de tortuga.
Edificio Oviedo. neocolonial, construido en 1949 por el ingeniero Mariano Palacios. Usos múltiples: comercio planta baja, despachos en el primer nivel: departamentos del segundo al quinto y en el sexto hotel. Tuvo en su origen terraza jardín, y posteriormente se hizo otro nivel para hotel. Será ésta una muy mala ampliación siendo una muy mala decisión pues no se integró al proyecto original. Se trató de un pegote sin criterio formal. Es el Oviedo una estructura que forma parte de la fisonomía urbana de Acapulco.
Hotel Caleta. Proyecto del arquitecto Trujillo y construido por etapas por el ingeniero Jaime Farill Novelo. Se concluye finalmente en 1955. Una obra que envuelve a la playa de Caleta, la playa más visitada por el turismo nacional.
Hotel El Presidente. Su creador, el arquitecto Juan Sordo Madaleno, interpretó un paralelepípedo con gran limpieza formal. Se complementa con el cabaret restaurante Jacaranda, una cubierta en “paraboloide hiperbólico” diseñada por el arquitecto Félix Candela. Cuando El Presidente se inaugura en 1967, obligará al reacomodo de la ciudad para emprender su desarrollo hacia la Base Naval, dejando atrás el tradicional de Caleta. Las tiendas de ropa de playa cercan materialmente a la hospedería, lo mismo centros nocturnos como el Tangaroa y el Aku-Tiki. Vendrán poco más tarde los hoteles Elcano y el Hyatt Internacional y finalmente el Centro Internacional Acapulco.
A este recuento somero quizás deban añadirse otras obras dignas de ser catalogadas y conservadas, tales como la Capilla de la Paz, en Las Brisas; el Hotel Princess, el condominio Los Cocos, el condominio Macaco, el hotel Pierre Marqués, la plazoleta de La Quebrada, el corporativo Yoli de Acapulco, el Centro de Convenciones y algunos otros que son parte importante del desarrollo de esta ciudad y puerto.

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