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Marcial Rodríguez Saldaña

La inseguridad pública

 La inseguridad pública es uno de los lastres más lastimoso para la población, que arrastra el régimen autoritario y los grupos de poder que se oponen a la democratización de la sociedad.

Los gobiernos se constituyen para encarnar los anhelos, las aspiraciones de bienestar, de paz, de tranquilidad, de seguridad de sus representados y cuando no cumplen con estos propósitos fundamentales, hay un alejamiento, un divorcio, una ruptura entre mandantes y mandatarios.

Los clamores ciudadanos para poner un alto a la inseguridad en el estado de Guerrero, cada vez son más angustiantes. Los crímenes, robos, secuestros, tentativas de privación ilegal de la libertad con violencia brutal, etc., se vuelven el pan de cada día.

Las cifras gubernamentales pueden variar para aumentar o disminuir los porcentajes de los índices delictivos; pero los datos son engañosos, pues muchos ciudadanos han perdido la fe, la confianza en los órganos de procuración de justicia; a veces tienen temor de acudir a ellos, por esto no se atreven a denunciar los agravios en su contra y no se cuantifican los delitos en las estadísticas oficiales.

Los crímenes causan llanto, lágrimas de impotencia, desilusión; el robo genera rabia, coraje; el secuestro provoca angustia, traumas, inestabilidad, psicosis familiar; la delincuencia en general produce inseguridad social.

Hace unas semanas, el ex procurador de Justicia de  Guerrero, Rigoberto Pano expuso en el Congreso del Estado un informe en donde reconocía la corrupción y las complicidades de los cuerpos policiacos en el cáncer de la delincuencia; sin embargo, no se han tomado las medidas suficientes para combatirla, no se le ha dado el lugar preponderante en la tarea de gobierno.

¿Qué pasa en Guerrero? ¿Acaso no se puede poner orden; no hay quien garantice a la población, vivir en paz, dedicarse a su trabajo, salir de su casa a la ciudad, a la urbe a vivir en comunidad?

Las buenas intenciones para traer inversiones, capital, industria y empleo a Guerrero, serán infructuosas si no hay seguridad para las personas, para las familias y para su patrimonio. El problema de la inseguridad pública es un asunto de Estado, es un aspecto que se tiene que ver y enfrentar en forma integral y estructural, con toda la fuerza de las instituciones con que cuenta el poder público, con convicción, con la ley en la mano, con acciones precisas, medibles y evaluables en sus resultados y no con discursos.

El proceso electoral en Guerrero se empieza a enrarecer, la violencia y la impunidad son muy malas señales para que las elecciones se desarrollen dentro del campo institucional. Ojalá el gobierno del estado tome las medidas a tiempo para detener la ola de inseguridad, que poco a poco va causando ingobernabilidad social; los métodos tradicionales de intimidación del voto ya no dan resultado, por el contrario, generan mucha indignación, fortalecen las convicciones democráticas y mantienen viva la esperanza, la luz y la llama del cambio.

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