No voy a dejarme vencer por cuatro años de cárcel: Ericka Zamora
* También para que se indemnice a los familiares y porque salga el Ejército de las comunidades indígenas, afirma * Mi familia siempre me apoyó para no dejarme vencer por las rejas, y seguir luchando por lo que creía, relata
Sergio Ocampo Arista, corresponsal, Chilpancingo * “Me nació la conciencia desde muy pequeña, cuando mis padres platicaban en las noches con los maestros de mi pueblo, El Rosario –municipio de Francisco I Madero– de la lucha de Lucio Cabañas Barrientos, y de otros problemas más”, aseguró en entrevista Ericka Zamora Pardo, un día después de dejar el Cereso de Chilpancingo. El viernes, luego del mitin de celebración por su libertad, Ericka platicó en las oficinas del Taller de Desarrollo Comunitario (Tadeco), con algunos reporteros de la capital; su semblante amable y sonriente permitió un acercamiento más cálido con ella.
–¿ Qué recuerdos tienes de tu niñez?
–Tengo muchos…yo vivía en el Rosario, en el estado de Hidalgo; y por las noches mis papás platicaban con los maestros, y en ese entonces yo creo que no se imaginaban que yo estaba muy atenta a lo que decían; hablaban de la lucha de Lucio Cabañas, y algunos maestros decían haber participado en esa lucha.
Me acuerdo también de las movilizaciones de los alumnos de la Normal del Mexe, Hidalgo, que estaban muy cerca, y aunque no entendía mucho de eso, de todos modos me quedó muy grabado.
–¿Y qué pasó después, cómo entraste a la lucha social?
–Siempre había estado de acuerdo con la lucha social, pero creo que es a partir de 1994, cuando empiezo a tener un compromiso más serio, particularmente con las comunidades indígenas.
Luego a partir de que ingresé al CCH en la UNAM, hubo un movimiento por las cuotas, y participé en un grupo, después continué con mis estudios, y me quedó la espina; y después se vino lo del EZLN, y es cuando siento un compromiso más serio de participar en las comunidades.
–¿Y cómo llegas a Guerrero?
–Llegué a finales de mayo de 1998, tuvimos poco tiempo de conocerlo, casi dos semanas, pero la gente nos trató muy bien; fue un poco difícil ganarnos su confianza y su cariño, pero aquí en el mitin estaban algunos compañeros que estuvieron en la asamblea del 6 de junio.
Sentía que era un sentimiento como de retribuirles un poco de lo que aprendimos en la escuela, a quienes han sostenido la educación pública.
–¿Qué recuerdas de la madrugada del 7 de junio, allá en El Charco?
–Como la más larga en mi vida…hay un pasaje que siempre recuerdo, que siempre va a estar ahí, que es la voz de uno de los heridos que estaba en el salón de la escuela Caritino Maldonado, que me pedía agua, y que le sacara la bala de una pierna…
–¿Qué tanto cambiará el proyecto que tenías para las comunidades indígenas a partir de tu encarcelamiento?.
–Nada…al contrario, lo reafirma y yo creo que no voy a dejarme vencer por cuatro años de cárcel, y por la tortura, al contrario, creo que cada día es más importante seguir adelante, y sobre todo llevar a cabo los proyectos, y no traicionar nuestros principios y convicciones.
–¿Y de los últimos cuatro años cuál es el recuerdo más duro que tienes?
–La tortura…yo estaba vendada, totalmente desnuda en un baño.
–¿A quien recordaste en ese momento? ¿Acaso invocaste a Dios?
–No…no creo en Dios –dice entre risas–, la verdad no se qué pensé en esos momentos, y lo que pasó por mi cabeza.
–¿Cuántos militares te torturaron?
–Bueno…al principio cuando no estaba vendada eran dos, el bueno y el malo, después, cuando lo hicieron entró uno más, que sólo recuerdo su mano en la que tenía un reloj de oro; no se si fue mi imaginación o realmente sucedió así.
–¿Te drogaron en la tortura?
–En los estudios que presentó el Ministerio Público Militar, supuestamente aparecen residuos de cocaína en la orina, y bueno hasta ese momento sólo habíamos consumido agua que nos habían proporcionado en las instalaciones de la Novena Región Militar antes de la tortura.
–Cuando estuve en Puente Grande, Jalisco, habíamos seis mujeres en total; fue duro quitar la represión que había en contra de nosotras, ya que había una regla que nos obligaba a las mujeres a caminar con la cabeza agachada y las manos para atrás, y con una huelga de hambre logramos que nos dieran el mismo trato que le daban a los varones.
–¿Cuál es el papel que jugó tu familia?
–Fue un papel muy importante, siempre me apoyaron para que siguiera adelante, y a no dejarme vencer por las rejas, y a seguir luchando por lo que creía; somos seis, mis papás, tengo un hermano que va a ser arquitecto; dos hermanas que van a ingresar a la UNAM, y un hermano en la secundaria.
–¿Qué sentimiento te dejó la cárcel?
–Unas ganas de luchar porque se esclarezca la masacre de El Charco, y porque se castigue a los verdaderos responsables, que se indemnice a los familiares, y porque salga el Ejército de las comunidades indígenas.
–¿Continuarás con tus estudios?
–Estuve estudiando para presentar mi último examen en la carrera de Sociología de la UNAM, pero se tuvo que posponer por la huelga de hambre, pero voy a continuar siempre adelante.




