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Héctor Manuel Popoca

Los impuestos irritantes

 Un principio básico para que el gobierno cumpla con sus funciones y responsabilidades establecidas es que tenga los medios humanos, materiales y económicos para hacerlo. De ahí su prerrogativa de allegarse recursos monetarios a través de los impuestos como derechos, además de los productos y aprovechamientos.

El pagar impuestos no es cosa grata para nadie. Máxime cuando no hay certeza de que el gobierno efectivamente dedica en su totalidad esos recursos al otorgamiento de bienes y servicios públicos. La molestia se vuelve irritación cuando hay sospecha o certeza de desvío, o el servicio o la obra no se hace en la cantidad debida, así como en forma transparente, honesta y con equidad.

Otra cosa son los evasores por oficio y vocación, de todo tamaño y especie, que le regatean a la sociedad lo que es para el bien común. Los hay en gran cantidad. Por eso, el sentido común indica que para incrementar la recaudación, lo primero es disminuir la evasión antes que incrementar la tributación a los contribuyentes cautivos.

Para los gobernantes y legisladores tampoco es cosa placentera fijar y cobrar impuestos. Provoca disminución en sus bonos populares y atenta contra su clientela política. Los impuestos, por tanto provocan exasperación, de distinta naturaleza, tanto en los gobernadores como en los gobernados.

Pero no puede haber un gobierno fuerte, eficaz y eficiente si no cuenta con un sistema fiscal sólido, ordenado y progresivo, ya sea que hablemos de la administración pública federal, estatal o municipal. Sin dinero, no hay obra pública ni servicios sociales y la demanda de éstos crece más rápido que lo poseído en las arcas públicas.

Algunos gobiernos que no han querido que bajen sus niveles de popularidad por medidas de captación de impuestos, han recurrido a los préstamos y a la deuda externa para hacerse de recursos económicos; cuestión que ha dado, en lo general, pésimos resultados; dejando endrogados los erarios públicos a la larga. Parte importante del problema económico que arrastra nuestro país en la exorbitante deuda pública externa, e interna.

Cuando a uno le dan un buen servicio y compra una cosa de buena factura, pagamos con gusto. No nos molesta sacar el dinero de nuestro bolsillo. Por lo que política sana para exigir el pago de impuestos, es que el gobierno demuestre a la ciudadanía que los está devolviendo en cantidad de obras y de servicios públicos de calidad. De otra forma siempre existirá un reniego diferente.

En países con altas tasas de recaudación tributaria, existe una correlación positiva con óptimos niveles de servicios y obras públicas. Eso les permite a los gobiernos financiar un elevado gasto público para tales propósitos, sin recurrir a deudas o empréstitos.

La revista Cambio de la segunda semana de febrero próximo pasado, da cuenta de las cifras de recaudación de impuestos, como porcentaje de la riqueza nacional producida, para alguno de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

En un primer bloque están los países que recaudaron más de 45 por ciento del producto interno bruto (PIB): Suecia (53.3 por ciento), Dinamarca (48.4), Finlandia (46.5), Bélgica (46) y Francia (45.5).

Un segundo bloque lo constituye la mayoría de los países de la OCDE que recaudan entre el 30 y el 40 por ciento del PIB; otros países se ubican entre el 25 y el 30, como Estados Unidos (28.9), Japón (27.1) y Corea del Sur (26). Por lo que respecta a México su nivel de recaudación se sitúa en el 10.1 por ciento del PIB, porcentaje muy debajo del promedio internacional (35 por ciento).

La mayoría de las naciones con porcentajes altos de recaudación tienen también la característica de tener índices reducidos de corrupción en sus estructuras gubernamentales. Por lo contrario, países con corrupción alta, se distinguen por tener baja recaudación impositiva.

En conclusión podemos afirmar que el desarrollo del país, para que sea sostenible en el largo plazo, requiere de: 1) finanzas públicas y suficientes para financiar la inversión de bienes y servicios públicos, sobre todo los que se refieren a infraestructura física y de capital humano.

Para tener esas finanzas se necesita de: 2) un sistema tributario orientado a que pague más el que tenga más. Que hagan que paguen, y aseguren que lo hagan, los que pueden, no los que no tienen: en el entendido que el acudir al petróleo o a los préstamos externos en México, ya no da para más. 3) Para que la ciudadanía acepte lo anterior, es menester erradicar la evasión y demostrar que los recursos fiscales se aplican en forma totalmente escrupulosa, transparente, honesta, eficaz y eficiente.

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