La lengua no se limita a la palabra, se engarza con múltiples lenguajes, afirma neurocientífico
*José Luis Díaz lo indicó el jueves en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua
Silvia Isabel Gámez / Agencia Reforma
Ciudad de México
El neurocientífico José Luis Díaz pidió al público un ejercicio mental: recordar a su ancestro más querido, en su caso el abuelo Juan, un campesino gallego al que hijos y nietos llamaban “papá Juanito”.
“No sólo vienen a mi mente imágenes sensoriales, en especial visuales y auditivas, de hace más de 60 años, sino que concurren en vertiginosa sucesión sentimientos, emociones, fantasías, pensamientos en un lenguaje interno”, indicó el jueves en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, que mereció un largo aplauso de los asistentes que llenaron el auditorio del Museo Rufino Tamayo.
Durante más de 45 minutos, Díaz ofreció una “catarata monumental” de información, como la calificó su antiguo maestro Ruy Pérez Tamayo, encargado de responder el discurso titulado De la naturaleza de la lengua.
“Una transcripción de las palabras que pasan por mi mente”, afirmó Díaz volviendo al ejercicio mencionado, “sería un logro extraordinario, quizás al alcance de la neurociencia del futuro, pero aún insuficiente para revelar la experiencia mental y el pletórico significado que la expresión ‘papá Juanito’ tiene para mí”.
El investigador de la UNAM inició su intervención recordando a quienes lo habían antecedido en la silla VI de la AML, personalidades como Francisco del Paso y Troncoso, Manuel Romero de Terreros, Edmundo O´Gorman y Miguel Capistrán, fallecido en 2012, quien no llegó a tomar posesión. La lengua, dijo, no se limita a la palabra, sino que se engarza con múltiples lenguajes.
Existen los cantos de los pájaros y de las ballenas jorobadas, y los gritos de alarma del mono verde de la sabana africana, señaló, pero son los seres humanos quienes ocupan el centro de la comunicación.
Díaz avanzó por teorías, experimentos e investigaciones relacionadas lo mismo con la conciencia que con los circuitos neuronales, con el habla y el significado, con símbolos y arquetipos, con la etología de la comunicación y la neurociencia del lenguaje. “Algo desconocido y desconcertante”, dijo, “unifica a la mente y al cuerpo”.
Y terminó con un colofón de “cauto entusiasmo”, al afirmar que la contribución de las ciencias biológicas cognitivas combinadas con las humanidades en su intento por comprender la naturaleza de la lengua es tan reveladora como desafiante.
“Lejos de reducir al logos a conductas compartidas, a nódulos cerebrales o a redes neuronales, enaltece la naturaleza de la lengua, dispone al homo sapiens como homo locuens entre las criaturas significantes de la tierra, reconoce el magisterio de lo consciente y salvaguarda la incógnita del símbolo y del significado como un reto colosal”.
Pérez Tamayo confesó que casi se le cayeron los pantalones cuando leyó el discurso de Díaz, ante la “casi imposible” tarea que había aceptado de responder una conferencia tan “luminosa”.
“Llorando mi desventura, pensé en una disculpa: alzheimer, cáncer generalizado, muerte repentina”, bromeó el patólogo.
De modo que optó por comentar dos de sus libros: El revuelo de la serpiente. Quetzalcóatl resucitado, una obra fascinante en la que descubrió, dijo, “qué, o quién, o quiénes” eran Quetzalcóatl, y Siembra y memoria.
Muerte y evocación de un médico republicano, una larga investigación emprendida por Díaz para recuperar la figura y averiguar las circunstancias de la muerte de Manuel Díaz González, el “tío Manolo”, asesinado por los fascistas el 11 de septiembre de 1936, durante la guerra civil española.




