Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jaime Castrejón Diez

El don de la oportunidad

 La política es una actividad en la que hay varios aspectos que se tienen que tratar en forma diferente. Es por eso que cuando se utiliza un mismo criterio para analizar los actos políticos se corre el peligro de ser muy simplistas o por otro lado desviar el análisis hacia terrenos afectivos, viscerales, ideológico o partidistas. El estudio de la vida política se tiene que hacer con gran flexibilidad porque de otra manera se corre el peligro de dejar de ser real para convertirse solamente en una opinión calificada o no, profunda o no, pero finalmente una simple opinión.

En los últimos meses la política parece un juego de salón en que los motivos particulares prevalecen en las acciones. Se ha hecho un gran énfasis sobre las mentiras que muchas veces en la negociación política son parte integral de ella, se ha hecho énfasis en la forma de hablar en el exterior y en el interior y se señala falta de congruencia. Todos estos son en realidad simplismos, porque hay de un lado un análisis poco científico y por el otro lado hay una falta de oportunidad en declaraciones y actitudes.

Tenemos que ver la acción de un gobierno adentro y afuera. Esto se vio más claro en la reciente gira por Europa del presidente Fox. Hacia fuera se tiene que dar una visión de optimismo, se tiene que pintar un país en proceso de cambio, porque hay que venderlo, hay que atraer inversiones y se tiene que poner la mejor cara hacia fuera. Este es el caso de la mención que se hizo del cambio de política energética del gobierno. En l o interno se tiene que trabajar con las instituciones y con las tradiciones políticas de la negociación interna entre partidos, entre particulares, entre gente interesada y ahora que cada vez cobra más importancia también con los medios.

Para atraer la inversión que se necesita en los próximos diez años, solamente para el sector eléctrico, se necesitan alrededor de 60 mil millones de dólares, se tiene que pintar un país dispuesto al cambio dando seguridades para las cuantiosas inversiones que se espera obtener y al mismo tiempo haciendo una alusión a los cambios necesarios para que estas situaciones se den. En lo interno se toma el discurso externo con base de análisis y se indignan los legisladores porque crean que están siendo forzados a apoyar las decisiones  que externamente anuncia el presidente. Esto hace que el juego político se complique y en última instancia el despegue económico no se dé.

Hay también que entender que el cambio cualitativo en el Congreso, ambas cámaras, se ha dado porque el Congreso era una organización sumisa, al servicio de los presidentes y de repente el Congreso se siente liberado, el cambio se da en las urnas y la real división de poderes empieza a ser una realidad. Esto es bueno, era ya tiempo que sucedieran estas cosas, pero por otra parte también se puede llegar a excesos, es decir, el juego político interno no debiera condicionar el juego político externo. Si hay posibilidad de atraer inversiones, de desarrollar la industria eléctrica o capitalizar la petroquímica, yo creo que se debe ver con un  sentido de patriotismo de que es momento de tomar decisiones en apoyo al futuro del país.

Aquí es donde también es importante un trato directo entre Ejecutivo y Legislativos y que los liderazgos se respeten y se empiece a negociar claramente lo que es bueno para el país y no tomar exclusivamente el discurso externo, como un punto de discordia entre Ejecutivo y Legislativo, sino en última instancia los dos poderes representan al pueblo de México y ambos poderes son responsables de generar los recursos de infraestructura y con esto abrir la posibilidad de crecimiento de empleos y de una actividad económica que empiece a repercutir en el bienestar del país.

Se puede tomar uno de los dos puntos, ideológicamente acusar a una de las partes de autoritarismo y por otro lado acusar a la otra  parte de obstruccionismo. Pero esto no va a llevar a ningún lado, tal vez esto venga a complicar aún más las ya complejas elecciones intermedias. Es momento de que se ponga el mundo político a pensar en el país y pensar menos en partidos, en ideologías y en personalidades.

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