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Jesús Vargas Vargas

Talento político

 De cara a las próximas elecciones de octubre en Guerrero, es necesario hacer una reflexión acerca del papel de los partidos políticos, los representantes populares, la política y la democracia en un contexto histórico social determinado como el de esta entidad suriana.

Las sociedades de desarrollo lento y tardío como la nuestra, se caracterizan por tener una realidad económica y social contradictoria a raíz de una lenta penetración regional y sectorial de la economía de mercado en la actividad productiva del país, que choca con una sociedad demográficamente más dinámica, que conforme avanza entra en contradicción con el reducido y débil accionar de la economía mercantilizada.

Es decir, en estas sociedades, con características socioculturales cerradas, heterogéneas y de escasa vocación de cambio, conforme van evolucionando, llega el momento en que la democracia se enfrenta, por un lado, a la emergencia de las masas de población (clases medias, colonos, campesinos, comunidades rurales, indígenas, burócratas, jóvenes, militantes de partidos y organizaciones sindicales o sociales, etc.) que exigen representatividad, participación en la administración de las cosas públicas y en la toma de decisiones de poder público; masas que exigen igualdad de derechos, libertad y respuestas a sus necesidades individuales y colectivas, mientras que por otro lado, la democracia tiene frente así una economía predominantemente de mercado, cuyos mecanismos funcionan en sentido inverso a los intereses de participación de las masas: concentran en pocas manos sus beneficios excluyendo amplios sectores de la sociedad, su lógica de funcionamiento es la desigualdad y la representatividad y toma de decisiones se da en un puñado de los propietarios del capital.

Ese es el contexto contradictorio que predominó a lo largo del siglo veinte y en el que lentamente se fue gestando nuestra democracia, contradicción en la que aún se encuentra atrapada y que la sociedad tiene que resolver.

En política esta contradicción tiene una forma peculiar de expresarse, por un lado, la emergencia de las masas empuja necesariamente a la expansión del espacio social de su participación, generándose con ello un incremento del diálogo social y la necesidad de implementar mecanismos de representatividad social a consecuencia de la pluralidad política y social, todo esto representa un verdadero proceso de politización de la sociedad o socialización de la política.

Políticamente la contradicción radica en que este proceso se traduce en una creciente burocratización de la vida  social por la necesidad de ampliar el aparato estatal que administre ese torrente de participación social, mientras que el poder político, de cara a esa emergencia de masas y expansión del aparato burocrático, se ejerce a través de mecanismos cupulares y de relaciones jerárquicas verticales de autoridad.

Esta doble contradicción, entre la emergencia de masas y la economía excluyente, y entre la politización de la sociedad y las cúpulas del poder, generan graves problemas sociales que en un momento dado puede hacer inviable el proyecto democrático de los pueblos.

Las tensiones que generan estas contradicciones se van manifestando conforme avanzan los procesos democratizadores, por un lado, y el proceso de empobrecimiento de la población, por otro, es decir, las tensiones crecen conforme la sociedad va logrando una mayor participación en la toma de decisiones y en el acceso al poder público, y conforme los desequilibrios económicos y condiciones de iniquidad social empujan a amplios sectores de la sociedad a la pobreza extrema.

Ante esta situación el reto es hacer compatibles los intereses de las masas en emergencia y los de una economía concentradora de riqueza, así como armonizar los intereses de un creciente burocratismo de la sociedad  y los de un ejercicio centralizado del poder, es decir, garantizar no sólo la representatividad social en el poder público, sino la participación social en la toma de decisiones, haciendo efectivo el disfrute de las libertades y derechos individuales, así como propiciar la sociabilización de los beneficios de la economía, todo esto frente a estilos autoritarios del ejercicio del poder y mecanismos concentradores de la riqueza.

La teoría política liberal señala que la emergencia de la sociedad se resuelve con la elección libre de representantes populares y titulares de los poderes públicos, ya que esto permite, por la vía del mecanismo del parlamento o cámara de diputados, hacer compatibles los intereses particulares de los diferentes grupos sociales.

Sin embargo, históricamente está comprobado que cuando las sociedades entran en la etapa de emergencia de masas, crecientemente politizadas y empobrecidas, no basta con realizar procesos electorales, porque más allá de estos quedan intocables los mecanismos cupulares de la toma de decisiones del poder público y los que hacen posible la concentración de la riqueza; la contradicción entre las exigencias de las masas, por un lado, y la centralización del poder y concentración de la economía, por otro, continúa.

Esta contradicción no se resolverá entonces sólo con democracia representativa, fomentando el monopolio político y económico, con usos autoritarios del poder, ampliando el distanciamiento entre gobernantes y gobernados, utilizando métodos verticales caducos en la administración pública o enfocando el ejercicio del poder con esquemas de gobierno unificado, es decir de partido hegemónico, ignorando a las fuerzas políticas, ni con las teorías revolucionarias de llevar al extremo la irreconciabilidad entre las clases opresoras y oprimidas.

Esta contradicción que tiene como característica principal la politización de la sociedad y del aparato del poder, se va a resolver, de acuerdo con la teoría democrática, precisamente con eso, con política: con talento político.

El problema central de la política en sociedades con emergencia de masas no es el del ejercicio de la representación, sino el uso eficiente del poder , y el espacio en el que se resuelve es el parlamento o la cámara de presentantes, el sistema de partidos y el poder público.

Lo que se necesita para evitar que en sociedades de masas en emergencia se arraiguen esas contradicciones y favorezcan el uso cupular del poder y la monopolización de los beneficios de la economía es talento político.

Talento político para dirigir no sólo la politización de la sociedad, sino la sociabilización de la economía, para dirigir no sólo el aparato burocrático y la representación popular, sino la toma de decisiones considerando siempre la pluralidad de la sociedad, talento político para incluir a la sociedad en la administración de las cosas públicas, talento político para digerir la diversidad del pensamiento, talento político para entender a las masas más allá de las clases sociales, talento político para hacer propuestas viables para la sociedad, en fin talento político para hacer eficiente el uso del poder.

En este contexto que se hace imprescindible adoptar una nueva cultura política democrática, pero sobre todo enriquecer políticamente a todos los actores de la trama social, especialmente a los políticos porque con excepción de algunos grandes talentos con que cuenta la vida política de nuestro estado, en política la pobreza no es la excepción en Guerrero.

Si bien es importante avanzar en la democratización de la vida electoral como mecanismo mediante el cual se accede al poder público, igual de importante es el fenómeno del talento político a fin de que los poderes cuenten con una base política para gobernar que permita el uso eficiente del poder.

Lo que se necesita hoy en día para desarrollar la política y el talento político es la difusión de las propuestas de los partidos, la capacitación política de los políticos, los partidos, los representantes populares, los gobernantes, esto es lo único que permitiría enfrentar con éxito la emergencia de las masas y los usos centralizados del poder.

En Guerrero, no obstante los esfuerzos de apertura, diálogo, acercamiento y fomento a la participación de las organizaciones y grupos sociales en el ejercicio del poder, la carencia de talento político puede hacer caer a muchos políticos, líderes o miembros del aparato de gobierno, en tentaciones autoritarias, comportamientos antipolíticos y liderazgos demagógicos e irresponsables.

El gobernador René Juárez nos decía a fines de 1999, cuando estaba reunido con un grupo de subsecretarios, que nuestros cargos son eminentemente políticos, nos decía “sus cargos son políticos, hay que hacer mucha política porque hay que resolver muchos problemas y atender a la gente que mucho lo necesita, ustedes están para resolver problemas y atender a los guerrerenses”.

En conclusión, lo que queremos decir es que la problemática social derivada de las contradicciones entre la politización de la sociedad y la concentración económica y uso centralizado del poder, puede superarse si en los partidos políticos, en los representantes populares y gobernantes existe el suficiente talento político para ir haciendo los ajustes necesarios entre los dos polos de las contradicciones a fin de que la democracia, la libertad y la justicia se conviertan en verdaderos intereses colectivos de toda la sociedad.

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