Los paramédicos, salvavidas que auxilian por convicción y sin remuneración
Xavier Rosado * Más de 120 paramédicos con un año de capacitación en medicina propitalaria –en el lugar del accidente–, laboran diariamente en el puerto de Acapulco; su misión consiste en rescatar personas, auxiliarlas o incluso, algunas veces, hacer intervenciones básicas quirúrgicas, sin recibir pago alguno.Unos días más, otros menos, los paramédicos de la Cruz Roja atienden en promedio 15 llamadas de auxilio las cuales en su mayoría son recibidas a través del número de emergencia 065.Los paramédicos no sólo auxilian a la ciudadanía algunas veces también tienen que soportar a algunas personas que los llaman solamente para hostigar a los radio operadores, para insultar o para informar sobre emergencias ficticias.“Es necesario que la ciudadanía sepa que estas llamadas que hacen, en su mayoría jóvenes adolescentes o adultos en estado de ebriedad para insultar u hostigar a las radio operadoras, ocupan tiempo y recursos que podrían ser vitales para salvar una o varias vidas”, denunció Andrés Zúñiga Rodríguez, paramédico voluntario de la Cruz Roja.Además existen personas que están informadas acerca del movimiento y el modus operandi de las ambulancias y el servicio de rescate, por lo que hacen llamadas con datos específicos pero que en realidad resultan falsas alarmas.
“Hay veces que supuestamente nos han informado de accidentes, por ejemplo hasta el pueblo de San Marcos, a una hora de distancia y nosotros no podemos darnos el lujo de perder el tiempo verificando la información por lo que inmediatamente salimos, solamente para darnos cuenta de que era una persona que quería divertirse”, dijo Andrés Zúñiga, quien lleva siete años de voluntario en la Cruz Roja.Cada vez que sale una ambulancia de la base para atender un llamado de auxilio cuesta de 250 a 300 pesos, por lo que los paramédicos piden encarecidamente a la población que no se entretengan con el número 065, y que entiendan que es exclusivamente para emergencias, debido a la inconciencia de algunas personas; en el peor de los casos, algunas personas han fallecido por dar atención a llamadas ociosas.Entre los casos más comunes que requieren atención de los paramédicos son los de intoxicación por alcoholismo, según explica el socorrista enfermero, Marco Soto Bailón“Muchas personas se ponen a beber alcohol sin destilar ahí por la playa de Tlacopanocha y otros lugares y como es lógico, después presentan severos casos de intoxicación, además de lesiones intestinales; estos casos requieren de hospitalización inmediata, pero casi siempre tenemos problemas con los hospitales porque no los reciben si no tienen referencias, Seguro Social o ISSSTE los llevamos al Hospital General o al hospital Cristo de la Misericordia que está adelante de Tres Palos, ahí sí los reciben aunque estén completamente desprotegidos”, menciona Andres Zúñiga.“En México todo ciudadano tiene derecho a ser atendido en un hospital, tenga o no registro, sea o no trabajador, por lo que nunca nos hemos quedado con un paciente en la ambulancia”, agregó.En la Unidad Médica de la Cruz Roja, Delegación Acapulco, ubicada en la avenida Ruiz Cortines, cuentan con ocho ambulancias, aunque, según comentarios del voluntario, no es común que todas se utilicen, “casi siempre nos damos abasto con tres o cuatro unidades. En el raro caso de que sobrepasemos nuestras capacidades, requerimos apoyo de las ambulancias de los bomberos, ellos cuentan con dos unidades”.
Capacitación para ayudar
Los paramédicos tienen que cursar un año en la escuela de Técnicos en Urgencias Médicas, para atender las múltiples emergencias que se pueden presentar diariamente; accidentes automovilísticos, atropellamientos, envenenamientos, balaceados, traumatizados, ahogados, síndrome de abandono social, indigentes que presentan desnutrición, deshidratación, afectados de sus facultades mentales o intoxicados.El socorrista enfermero, Marco Soto Bailón, explica que entre ellos existen ciertos grados que se van adquiriendo según la antigüedad y con diplomados o cursos complementarios.Al entrar se es socorrista de primera, luego de segunda, paramédico, técnico en urgencias médicas, primer y segundo oficial, y finalmente comandante.“Para ser paramédico, además de estudiar en la escuela técnica, es necesario hacer dos meses de prácticas en cualquier hospital del puerto. Muchos de nosotros tenemos la carrera de Licenciado en Enfermería y algunos estudian medicina”, expresó el paramédico.El voluntario Andrés Zúñiga Rodríguez, de 25 años de edad, además de ser paramédico en sus ratos libres, estudia la licenciatura en Derecho y trabaja en una empresa privada en el área de créditos.
Una labor altruista con un déficit monetario
La Cruz Roja, además de otorgar capacitación de tipo interno a su personal, también imparte cursos y clases externas a la población en general, en hoteles, fábricas, comercios, escuelas y similares, estos cursos tienen cuotas y lo que se recauda se utiliza para que la institución pueda cumplir su misión cotidiana.“La Cruz Roja tiene un gasto operativo mensual de 180 mil pesos, cifra de la cual tenemos un déficit de 60 mil pesos. Esta suma nos ayudan a recolectarla la Asociación de Damas Voluntarias de la Cruz Roja que realmente hacen una labor digna de alabanza, a tal grado que si no fuera por ellas, no estaríamos ahorita funcionando”, expresó Andrés Zúñiga.Entre los materiales consumibles que se adquieren para el servicio de emergencias, se encuentran las tablas rígidas –camillas–, collarines cervicales, cánulas orofaríngeas, para irrigar aire a los pulmones, aspiradores portátiles que cada uno cuesta 10 mil pesos, sondas de aspiración, estetoscopios, vendas y otros productos que facilitan la atención propitalaria.Israel Leyva, estudiante de Ciencias de la Salud en la Facultad de Medicina y paramédico en sus ratos libres, expresó que estar en esta profesión es definitivamente para gente idealista, como el fundador de la Cruz Roja, Henri Dunant.“Las ganas de ayudar, de salvar vidas, te llevan a olvidarte de las lluvias, del calor, del esfuerzo físico y te hacen concentrarte en el deseo de preservar la integridad humana, de ayudar a los que más lo necesitan, a nuestros amigos heridos, a un pariente que sufrió un traumatismo. Para mí la experiencia de ayudar a una mujer a parir en un despoblado, valió la pena todo esfuerzo que realizamos diariamente.”, finalizó el paramédico Israel Leyva.




