Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Marcial Rodríguez Saldaña

Alianzas electorales

 En los sistemas pluripartidistas, las alianzas electorales, en sus diversas modalidades –candidaturas comunes, coaliciones o acuerdos de facto–, son parte fundamental del juego democrático.

En México, en las elecciones presidenciales, sobre todo a partir de 1970, los candidatos del PRI fueron postulados como candidatos comunes del PPS y PARM, incluso quienes se consideraban provenientes de la tecnocracia y partidarios del neoliberalismo como Miguel de la Madrid. En Guerrero, el actual gobernador fue registrado como candidato del PRI y del PRS, en la elección del 7 de febrero de 1999.

Frente a las férreas estructuras de control social-electoral, que ha mantenido el PRI, como el corporativismo obrero, el dominio de los campesinos, las dádivas a los sectores populares –como placas, permisos para puestos en mercados, lotes de terrenos etc., y los fraudes electorales, la oposición ha tenido que luchar por establecer mínimas reglas electorales de equidad en la competencia electoral y establecer alianzas que le permitan tener posibilidades de triunfo en las elecciones.

Las alianzas en materia electoral, se hacen efectivamente con base a ciertas convergencias. Es cierto que entre el PAN y el PRD y entre éste y el PT existen diferencias en cuanto a sus proyectos de partidos distintos; sin embargo, tienen una coincidencia fundamental: el cambio de un régimen autoritario hacia un régimen democrático.

Una vez que se logre este propósito, en donde ningún partido o candidato tenga ventajas sobre los demás en la competencia electoral, cada partido tomará el camino que determine: participar solo o en alianzas en las elecciones.

La experiencia de las alianzas electorales, entre  los partidos opositores a nivel local, generalmente es fructífera; así una coalición entre el PAN, PRD, PT, PVEM, PCD y otros agrupamientos democráticos ganaron las elecciones para gobernador en Chiapas y Nayarit.

En Acapulco en las elecciones del 3 de octubre de 1999, para la elección de el actual ayuntamiento, se hizo una coalición de facto entre el PRD, PAN y PT y se ganó el gobierno. Los saldos de esta alianza son altamente positivos; no hemos observado discrepancias sustanciales entre éstos partidos, por la forma de ejercer el gobierno municipal; por el contrario, hay una gran aceptación de los ciudadanos por la obra pública y la honradez con que se administran los recursos públicos.

El éxito de la alianza ganadora en Acapulco entre el PRD, PAN, PT y otras agrupaciones democráticas, está por demás acreditado. La única razón para criticar que se vuelve a repetir, puede ser que haya pavor de que el PRI pierda nuevamente la elección. Que nadie se asuste de las alianzas electorales. Si el PRI las ha hecho en el pasado y de acuerdo a los resolutivos de su última asamblea nacional las va a propiciar, salvo con el PAN; la oposición en Guerrero, tiene el legítimo derecho para ratificar su alianza de hace tres años no sólo para volver a ganar Acapulco, con la candidatura de Alberto López Rosas sino para ganar la mayoría de presidencias municipales y el Congreso del Estado.

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