Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jaime Castrejón Diez

Cambio de paso

 Al llegar ya a la cuarta parte del sexenio de Vicente Fox, una de las primeras evaluaciones que se hacen es que los grandes cambios no se han dado. La situación de Chiapas y la ley indígena no salió en el sentido que se esperaba, no pasó le reforma fiscal, la reforma del Estado no ha avanzado y las fricciones con las cámaras han sido constantes. De hecho la frase del discurso de toma de posesión –“el Ejecutivo propone y el Legislativo dispone”– se ha convertido en el “Ejecutivo propone y el Legislativo se opone”. De hecho podremos decir que sin desbordamientos sociales, es decir, sin llegar a situaciones violentas, falta gobernabilidad. Concebida ésta como la operación suave y eficiente del proceso complejo de responder a las necesidades del pueblo mexicano.

Ante todas estas realidades y la falta de apoyo de su propio partido ha habido acercamientos con la fuerza opositora del PRI y el mismo Presidente Fox ya habló de cogobernar con ellos. A eso podemos agregar otros acercamientos, la famosa cena después de la elección de Madrazo y Elba Esther Gordillo y acercamientos reales o ficticios como la entrevista Salinas-Castañeda en Bruselas, todo muestra estas tendencias.

Uno empieza a preguntarse y es algo que escucha uno de estudiantes y de la gente común y corriente, de hecho ¿qué ha cambiado? El priísmo lucha por regresar al poder, pero sin una idea clara de los cambios y para todos es absolutamente evidente que no se podría regresar a los gobiernos priístas anteriores porque la gente ya los sacó del poder ejecutivo y no aceptaría nuevamente una concepción autoritaria de gobierno que ya en las elecciones del 2000 ha sido desplazada. Si uno pregunta si la gente quiere que regrese el “sistema”, casi en todas las encuestas las respuestas son negativas, quieren que se haga eficiente lo que ya se logró, pero  no quieren un paso atrás para regresar al pasado.

Cuando se hablaba del sistema político mexicano se decía que éste se basaba en un nacionalismo muy marcado, una política internacional antinorteamericana, un dique a la penetración cultural estadunidense, el control monopólico de ciertos recursos y ser electoralmente confiables.

Empecemos por el final, el sistema ya no es electoralmente confiable, es decir, se perdió el monopolio que se tenía que elegir entre funcionarios incondicionales del sistema, aún cuando el PRI como partido retiene la mayor parte de las gubernaturas, la mayor parte de los municipios y de las legislaturas locales.

En cuanto al nacionalismo hace rato que se viene erosionando. Quedan solamente algunos vestigios en lo económico, Pemex y el petróleo, la electricidad y algunas otras pequeñas empresas y en lo social la constante migración y el retorno de trabajadores migrantes hacia y de Estados Unidos, hace que el concepto social nacionalista vaya disminuyendo. ¿Quién lo hizo? Comenzó a desaparecer en el sexenio de Miguel de la Madrid y se fue extinguiendo en los siguientes gobiernos y ahora por necesidad de una economía débil se abrirán los últimos reductos.

En cuanto a la política antinorteamericana clara, el último caso fue en el gobierno de Luis Echeverría, Salinas le dio la puntilla con el TLC, que hay que reconocer que era necesario y Fox buscó un acercamiento sin precedentes. Los resultados no han sido tan beneficiosos como se deseaba y ya el mismo Presidente lo manifestó en un discurso en Estados Unidos, cuando dijo que se ha avanzado fuertemente en las relaciones bilaterales en lo retórico, pero no hay  hechos que lo respalden, refiriéndose especialmente a los derechos de migrantes y la amnistía que se busca para muchos compatriotas indocumentados.

En cuanto al control de recursos, comenzaron las privatizaciones en la época de Miguel de la Madrid y fuertemente con Salinas de Gortari, en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo se acentuó con su actitud a favor de la globalización. En todos los casos la apertura fue sin precedentes,  hasta llegar al caso de que se ha perdido el control bancario que solamente un pequeño porcentaje sigue siendo controlado por inversionistas mexicanos. En cuanto al papel de México como un dique a la penetración cultural del exterior, los medios de comunicación y el contacto constante con Estados Unidos, la ha ido diluyendo, propiamente la cultura nacional se va internacionalizando, cosa que puede ser natural, pero que preocupa a algunos estudiosos de los fenómenos sociales.

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