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Gil Florente Castellanos

En defensa de la escuela pública

Los maestros de la CNTE festejaron su día con una marcha a Los Pinos. En ella participaron los militantes de la CETEG que iniciaron la caminata desde Chilpancingo, el 8 de mayo.

Es la segunda vez, en 13 años, que integrantes de la Coordinadora marchan a la ciudad de México en busca de soluciones a sus problemas sindicales. En 1989 lo hicieron para exigir la democratización de la sección 14, logrando la firma del Convenio del 20 de octubre, mediante el cual se incorporaron a la dirigencia seccional 33 maestros disidentes con la categoría de comisionados.

Hoy, agrupados en el Comité democrático paralelo, decidieron marchar por una causa que trasciende el contexto sindical: la defensa de la educación pública.

La marcha de extensa duración y largo recorrido ha permitido a la disidencia magisterial hacer públicos sus reclamos y obtener soluciones parciales. Pero la protesta actual no hará mella en las pretensiones educativas foxistas porque responden al plan de desarrollo nacional cuyo sustento doctrinario es el neoliberalismo. Se trata de la continuidad del paradigma educativo zedillista donde la descentralización, la municipalización y la privatización constituyen sus ejes rectores.

Ello explica la falta de cambios significativos en la política educativa vigente. Reyes Tamez, secretario de Educación Pública, sólo ha difundido líneas generales de su proyecto; ahí, la entrega de numerosas becas y la creación de un órgano externo de evaluación educativa devienen iniciativas novedosas.

Si alguien confía en que el presidente Vicente Fox defenderá la educación pública se equivoca. En el tiempo que lleva gobernando ha evidenciado su intención privatizadora. No podría ser de otra manera. El es defensor del neoliberalismo y como tal, partidario de que se paguen los servicios educativos.

Esta verdad no se expresa abiertamente por respeto al artículo tercero constitucional. Remar contra la laicidad, la gratuidad y la obligatoriedad de la enseñanza, generaría un fuerte movimiento social. Por tal razón, la administración foxista, como en su tiempo la priísta, le apuesta al avance gradual y soterrado en la asignatura privatizadora, evitando con ello el enfrentamiento directo con las fuerzas sociales. Hay indicios que dan cuenta de ese itinerario. A manera de ejemplo menciono los siguientes:

1.- Los recortes de presupuesto. Estos afectan los proyectos educativos que no se concretan por la carencia de recursos financieros. Concedo el espacio a Daniel Pano Cruz, secretario de Educación en Guerrero, para que corrobore lo dicho: “Los 120 millones que se prevén para las escuelas de calidad resultan insuficientes para dar mantenimiento a la infraestructura de cerca de 8 mil planteles. Se requieren 500 millones”. (El Sur, 140502). ¿Qué reacción produce en los padres de familia esta declaración? La de esforzarse para pagar la educación de sus hijos a fin de darles condiciones de seguridad y bienestar que son ofrecidas por las instituciones privadas.

2.- La contratación de egresados, otro factor que denigre a la escuela pública. La empresa emplea preferencialmente a los profesionistas que se graduaron en la universidad o el tecnológico privados. Los  formados en la universidad pública engrosan el ejército de desempleados a pesar de sus altos promedios y grados académicos. El mensaje es claro para los padres: si quieres que tu hijo tenga trabajo cuando termine su carrera inscríbelo en una institución privada.

3.- El chambismo es un fenómeno que alienta la privatización al propiciar un proceso de enseñanza-aprendizaje irregular y de mala calidad. La doble plaza inhibe el desempeño del maestro de grupo, cuya práctica docente se torna improvisada, poco afectiva y mecanicista. Este fenómeno es avivado por funcionarios de la SEP  y el SNTE al promover la asignación de plazas adicionales, en lugar  de crear la plaza de tiempo para profesionalizar al docente y lograr el mejoramiento de la calidad educativa.

4.- La suspensión de clases es otro ingrediente privatizador. En la escuela pública se suspenden labores escolares por cualquier motivo: los conflictos sindicales, los juegos magisteriales, el trámite de asuntos oficiales y personales, el cobro de la quincena, el cumpleaños del director, del supervisor o del dirigente sindical. Cualquier pretexto es bueno para justificar la ausencia.

Esto lo saben las autoridades, pero lo solapan debido a que la desvaloración de la escuela pública implica la revalorización de la privada y transitivamente un considerable ahorro del gasto en educación. El gobernador René Juárez Cisneros también lo percibe, por eso se da el lujo de manifestarse contra la privatización de la enseñanza. Ante los maestros que desayunaron con él este 15 de mayo dijo: “Para defender el carácter laico, gratuito y obligatorio de la educación, reitero el compromiso de no impulsar acciones, ni tomar medidas que alienten la privatización, la municipalización o la regionalización de  la educación”.

En realidad, la onda privatizadora avanza, a pesar de los discursos oficiales y las protestas sindicales. Para detenerla, no bastan las acciones aisladas, se requiere que los maestros y los padres de familia emprendan juntos la marcha del trabajo académico, tesonero y excelente. Con esta táctica, la escuela pública recobraría el valor, la mística y la convocatoria que antaño tuvo.

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