Tlachinollan
Mujeres indígenas: sin oportunidades y sin derechos
Centro de Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan
Para los pueblos indígenas de La Montaña, los programas gubernamentales orientados a combatir la pobreza dejan mucho qué decir, por las prácticas discriminatorias que se han institucionalizado por parte del personal que se encarga de atender directamente a las mujeres indígenas. Más allá de las reglas de operación del programa Oportunidades y de todo el aparato burocrático que lo cobija, para brindar un servicio de calidad, en los hechos, muchas mujeres son víctimas de los tratos despóticos, denigrantes y discriminatorios de los médicos y enfermeras.
De entrada hay un choque cultural entre las titulares del programa que pertenecen a un pueblo indígena y que por lo mismo son portadoras de otra cultura y otra lengua con el personal médico que las atiende, que sólo habla español, que no está acostumbrado a vivir en una comunidad rural y que no está habituado a interactuar con la población indígena. La barrera del idioma es el primer obstáculo que impide el establecimiento de una relación idónea entre la enfermera, la doctora y las titulares del programa, que son vistas como pacientes o como aprendices en temas de salud.
Los funcionarios locales no dimensionan la importancia de los factores étnicos a la hora de atender a las mujeres indígenas, por lo mismo, no se preocupan porque el personal médico adscrito a las regiones indígenas cuente con un perfil acorde a los requerimientos socioculturales. No basta tener los conocimientos médicos, es imprescindible tener nociones de la cultura de los pueblos, del modo de vivir de las mujeres, de su cosmovisión y de su situación de marginación.
Este descuido institucional es en buena medida una debilidad del programa, porque es la fuente de muchos conflictos que si se dejan crecer se tornan inmanejables. Regularmente a las mujeres indígenas por su situación de pobreza no se les trata como personas con dignidad. Inconscientemente se les ve como seres inferiores, como si no tuvieran capacidad para tomar decisiones; se les juzga a priori diciendo que prefieren practicar malos hábitos alimenticios e higiénicos y que no tienen interés por revertir sus condiciones de marginación. Con esta concepción que se tiene de las mujeres indígenas se refuerzan prejuicios étnicos y por lo mismo no hay una cercanía o empatía con ellas. Más bien se marca una distancia, una interacción mínima y en algunas ocasiones con expresiones despreciativas.
La actitud silente, obediente y temerosa de las mujeres refuerza una relación de dominación y control. Para el personal médico es más fácil tener a personas sumamente dóciles porque se les facilita el trabajo y pueden hacer lo que quieran con ellas. Esto ha dado pie a múltiples abusos que muchos de ellos han quedado ocultos, porque las mujeres indígenas, ante la amenaza constante de que los médicos pueden en cualquier momento decidir si no le firman su carnet, prefieren soportar los maltratos y humillaciones.
Cuando la situación se desborda es cuando salen a relucir un sin número de casos que nos indican que no hay manera de impedir que se reproduzcan prácticas discriminatorias y abusivas por parte del personal que las atiende.
Para no caer en meras abstracciones o comentarios sin fundamento hacemos referencia a un caso reciente que sucedió en la comunidad naua de Coachimalco municipio de Tlapa.
El pasado 11 de junio acudió a esta comunidad personal de la Coordinación Estatal de Oportunidades y de la Secretaría de Salud, para entrevistarse con las señoras de Oportunidades que en días pasados habían hecho llegar una queja al jefe de la jurisdicción sanitaria de La Montaña.
La reunión fue coordinada por la encargada del departamento de atención ciudadana de Oportunidades, quien manifestó en español y en un lenguaje propio de funcionarios, que conocieron una queja que interpusieron a través de una nota periodística que salió en El Sur. El comentario sobre esta acción propia de las mujeres que se sienten agraviadas, es que no había necesidad de haber hecho esta denuncia, porque en sus hologramas y carnet tienen un número telefónico que pueden usar de manera gratuita, para hacer llegar sus quejas. Ante este primer comentario es obvio que no se les está reconociendo a las mujeres su iniciativa para interponer una queja, de hacerla por escrito y de solicitar que las autoridades investiguen. De entrada se coloca del lado opuesto y no se muestra accesible a ellas. Después de marcar su distancia como una funcionaria de mayor rango, las señoras procedieron a dar sus testimonios. Más de 16 mujeres denunciaron que la doctora y la enfermera adscritas a Zacapexco, les cobraron 50 pesos para que les pudieran dar la cartilla de vacunación de sus hijos y 200 pesos para que las pudieran incorporar a los censos que ellas realizan. Reiteraron que desde que llegaron a la comunidad las han obligado a pagar viajes especiales cada semana de Zacapexco a Coachimalco, con un costo 300 pesos. Esta visita incluía obligatoriamente la comida.
Una actividad que les genera mucha incomodidad y molestia es el llenado de las tarjetas, que no les corresponde realizar, porque además de que muchas de ellas no saben leer y escribir es un trabajo que es propio de una secretaria o del mismo personal médico. Varias señoras reclamaron el trato injusto que reciben, porque en varias ocasiones las citan en determinada comunidad, sin embargo, era puro engaño, porque cuando llegaban caminando al lugar les dejaban dicho que la cita era en otra comunidad. Hubo el testimonio de una madre de familia que dijo que por esta desatención tuvo a su bebé en el camino.
Después de estas denuncias, la enfermera y la doctora, enfatizaron que el gobierno invierte mucho en la salud de las mujeres y que por lo mismo deben de valorarlo. Se enfocaron en resaltar que las señoras no cuidan su carnet ni sus cartillas, porque había muchos que estaban maltratados y manchados de chile. Son las típicas formas de reclamar y regañar a las mujeres, cuando se sienten cuestionadas por el trabajo que desempeñan. Sobre el tema de las cooperaciones buscaron evadir su responsabilidad y justificarse diciendo que ha sido el comité el que recibe el dinero y que con esos ingresos se compra material de limpieza, se paga el recibo de luz de la casa de salud de Zacapexco. En relación con los viajes semanales se defendieron diciendo que era un acuerdo tomado con el comisario, y que por eso les pagaban sus pasajes.
El jefe de la jurisdicción sanitaria, antes de que les informara de la decisión tomada sobre el caso, había manifestado en una reunión anterior, acerca del viaje especial de Coachimalco a Zacapexco, que tenían que devengar esos gastos, porque la Secretaría de Salud no tiene recursos para cubrir este tipo de traslados. Les dio la noticia de que tendrían una enfermera de planta en la comunidad de Coachimalco y que de manera provisional un médico subiría cada 15 días.
Por su parte el contralor interno de la Secretaría de Salud puso en tela de juicio lo que manifestaron las titulares del programa. Como siempre sucede con los funcionarios encargados de investigar las quejas interpuestas por la ciudadanía, primero se desmarcó de la población agraviada, no le dio valor a sus testimonios y más bien se puso estricto y pidió pruebas. Queriendo dar clases de derecho elucubró diciendo que no había un señalamiento claro de que la doctora y la enfermera habían recibido el dinero, porque no hay recibos y tampoco vieron cómo se embolsaron el dinero. Al final las espantó con la cantaleta de que quien denuncia tiene que probar, además de que por este hecho podían ser llamadas a comparecer.
Las titulares del programa tuvieron el valor de increpar al jefe de la jurisdicción sanitaria, porque no se ha dignado a atenderlas y porque ha sido negligente en responder el escrito de queja. Su postura ha sido parcial y condescendiente con el trato indigno que reciben. En lugar de solidarizarse con las madres de familia, pidió más bien su apoyo para la doctora y la enfermera, argumentando que su trabajo no es fácil, además de que ganan poco. Volvió a defender la cooperación que piden para el viaje especial diciendo que ellas no tienen dinero suficiente para pagar el taxi cada semana.
Al final de la reunión intervino una auxiliar del programa oportunidades de Zacapexco quien con toda claridad dijo que la presencia de varias de sus compañeras y ella, se debía a que el comisario de su pueblo y el jefe de la jurisdicción les ordenaran que estuvieran presentes, porque era probable que les quitaran a la enfermera y la doctora que ahí trabajan.
Lo que sucede en Coachimalco es la muestra de un problema mayor que se da en la mayoría de comunidades indígenas que sufren la discriminación a flor de piel cada vez que llegan a la clínica. Estamos muy lejos de pensar que este programa eleva la calidad de vida de las mujeres indígenas y mejora los índices de salud, educación y nutrición. El trato que reciben y la manera como investigan las quejas denigra más a las mujeres, refuerza el trato desigual y discriminatorio, y violenta de manera sistemática los derechos de las mujeres. El programa Oportunidades es en La Montaña un programa que le niega a las mismas mujeres verdaderas oportunidades para crecer como personas con plenos derechos.




