Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Fernando Lasso Echeverría

El aborto, un problema de salud pública

Existe en nuestra sociedad una gran polémica sobre la terminación prematura del embarazo en forma provocada, debido a que el Ejecutivo estatal promovió una ley en el Congreso para que se despenalizara el aborto antes de la doceava semana de gestación. Esto obviamente ha servido de bandera política a múltiples legisladores, funcionarios de diversos niveles y a organizaciones civiles para ignorar, defender o atacar la iniciativa, de acuerdo no con sus conocimientos biológicos, psicológicos, sociales, filosóficos o sanitarios, sino por intereses políticos: votar convenientemente en contra de las iniciativas del oponente político, o intentar conservar y aumentar a sus electores para futuros proyectos políticos que se encuentran en proceso.
Mis respetos para todas las opiniones, sin embargo quisiera verter en este artículo algunos conceptos relacionados con el aborto, el cual es un fenómeno sociobiológico que  existe desde que la humanidad se inició. Yo considero que –con lamentables excepciones, como el embarazo provocado por una violación o una relación sexual incestuosa– el aborto es innecesario en las sociedades bien informadas; aquellas con buen nivel educativo, que conocen la existencia y el uso de los múltiples medios de anticoncepción, disponibles en los servicios médicos públicos; que el aborto es superfluo en aquellos núcleos poblacionales bien atendidos por las autoridades educativas y sanitarias, que les imparten a los adolescentes educación sexual en sus centros de atención, para informarles y convencerlos de que no es conveniente para ellos que inicien vida sexual activa en etapas tempranas, y no porque sea “pecado”, sino porque se exponen al embarazo y a múltiples enfermedades de transmisión sexual que afectarían terriblemente su juventud y su futuro; o bien, que si lo practican o piensan hacerlo a corto plazo, orientarlos para que se cuiden lo necesario para evitar estas condiciones.
Lamentablemente, esta situación no existe en la realidad sociopolítica de nuestro estado. En las escuelas ignoran u omiten estas actividades de enseñanza fundamental para la formación de los seres humanos, principalmente por prejuicios ancestrales; por otro lado, muchos padres se oponen a que les hablen de sexo a sus hijos en las escuelas, pero ellos tampoco se atreven a tener pláticas sobre el tema con sus hijos… y ante esta situación vienen los cuestionamientos ¿Quién les va a informar correctamente sobre la materia a estas generaciones? ¿Los compañeritos de juegos eróticos, que se inician con él o ella, con una ignorancia absoluta sobre los riesgos de tener actividades sexuales, o lo que es peor, con una deformación maliciosa al respecto? ¿El retorcido material pornográfico que les enseña técnicas distorsionadas de practicar el sexo y que los incita a llevarlo a cabo? ¿La experiencia propia –y tardía– de los jóvenes/niños, con un embarazo de por medio… ¡No! Deben ser los padres en su casa, el docente en forma programada en el aula, y el personal médico y de enfermería de los centros de salud quienes les impartan las enseñanzas y la asesoría necesarias; quienes deben ser los guías. Evitarlo por prejuicios absurdos, es ignorar la realidad que estamos viviendo, y con ello, exponer a los hijos a situaciones indeseables, como los  embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual.
Estas actividades informativas o de orientación sexual –básicas para evitar embarazos indeseados o enfermedades, que los jóvenes desconocen– representan un trabajo arduo sin duda, ante la pérdida de valores de toda índole que han sufrido las nuevas generaciones. ¿Qué ha provocado esto? Entre otros se encuentran los siguientes motivos: el abandono de parte de los padres en el que viven muchos adolescentes, porque los dos progenitores trabajan –a veces doble turno– y carecen de tiempo para atender a sus hijos, quienes en su ausencia hacen todo, menos estudiar o cumplir con las recomendaciones que se les ordenaron; la existencia en la sociedad actual de un porcentaje importante de matrimonios disfuncionales o disueltos por el divorcio o el simple abandono paterno, quienes con ello provocan en los hijos rencor y una rebeldía social adicional que los induce a hacer todo aquello que les prohíban; el fácil acceso a material pornográfico –en puestos de periódicos, en todos los centros de venta de fayuca y en el internet– al que tienen acceso sin límite todos los jovencitos, y que lamentablemente les deforma la práctica sexual con fantasías patológicas; el alcoholismo tan acentuado que existe en las nuevas generaciones –sobre todo entre las mujeres, que ya beben al mismo ritmo que sus compañeros varones– y que cuando lo consumen, les hace perder su autoestima o autocrítica, y los límites entre lo que deben hacer o no, facilitándoles esta adicción, además, su ingreso al consumo de otras drogas más peligrosas.
Sin embargo, cerrar los ojos a la realidad existente es una situación muy cómoda para políticos u  organizaciones civiles; hacerse a la falsa idea de que el problema no existirá en nuestra sociedad simplemente  porque el Congreso se niegue eventualmente a aceptar la iniciativa de ley del Ejecutivo es una falacia hipócrita, que conlleva intereses ajenos a los propalados para justificar la decisión.
En Guerrero, todos los años se practican “clandestinamente” (el entrecomillado, es porque en realidad todo mundo lo sabe) cientos de abortos en numerosas clínicas privadas del estado, pues si bien es cierto que muchos médicos cirujanos se ofenden, se molestan y se niegan cuando alguien les pide realizar este procedimiento, es cierto también que muchos compañeros médicos lo realizan cotidianamente por una buena paga de por medio; por otro lado, de acuerdo con estadísticas oficiales, en los hospitales de la Secretaría de Salud de la entidad se realizan legrados a alrededor de 3 mil mujeres cada año, que generalmente –no todas– llegan con abortos incompletos, sangrando, expuestas a graves infecciones, y que se les tiene que hacer el raspado uterino para salvarles la vida, además de reponerles la sangre perdida con transfusiones, meterles antibióticos y efectuarles otras medidas onerosas, que de habérseles hecho el procedimiento quirúrgico desde sus inicios, en forma programada y por personal capaz, no hubiesen sido necesarias.
Estas mujeres con embarazos no deseados, se sondean solas para abrirse el cuello de la matriz e inducir el aborto, o acuden previamente con comadronas para que este personal empírico les haga este procedimiento con sondas generalmente sucias, y con mala higiene, pues con frecuencia lo realizan inclusive sin lavarse las manos;  esta manera de proceder llega a provocar graves sangrados, infecciones secundarias, y hasta perforaciones uterinas, que hacen a estas mujeres candidatas a intervenciones quirúrgicas de emergencia para evitar su muerte. Es decir, el hecho de que el Congreso no acepte la iniciativa, por desgracia no va a desaparecer el fenómeno o a disminuirlo, aún con la amenaza –muy discutible– de que quien lo haga, va a perder su libertad. A través de mi larga existencia, he observado que cuando una situación de estas ocurre y se hace pública, a la población le molesta que la autoridad intervenga en lo que consideran una decisión y una conducta muy personal, que a nadie le importa, y que la autoridad está ocurriendo en una exageración con ello; y no solamente eso, también empiezan a comparar situaciones: “pinches autoridades, en vez de meter a la cárcel a los delincuentes, que tanto nos joden, andan encarcelando a esta pobre mujer porque abortó”. “Que les importa esto”, concluyen. Es decir, hay opiniones encontradas hasta en la gente que públicamente está en contra de la práctica del aborto, cuando saben que a una mujer la encarcelan por haberlo puesto en práctica.
La propuesta de ley –entiendo yo– es para que todas estas mujeres que se desean practicar el aborto por algún motivo personal –lo que van a continuar realizando legal o ilegalmente– lo hagan en condiciones sanitarias adecuadas, que eviten muertes maternas o problemas de fertilidad posteriores; para que las mujeres pobres o ignorantes con un embarazo no deseado, no evadieran ir a un hospital por temor o falta de dinero, y terminaran en manos de personas  sin preparación que podrían matarlas o dejarlas estériles. No es esta iniciativa una ley que promueva el aborto, eso está claro… pero otra vez intervienen los factores políticos que enturbian toda la situación y desvirtúan las intenciones.
Si parte de la sociedad y algunos  miembros del Congreso no quieren que las mujeres busquen el aborto como solución a su problema, por los respetables motivos que deseen argumentar, entonces que se preocupen y hagan lo posible para que los padres de familia, los maestros y el personal sanitario cumplan con su obligación, educando programada y permanentemente a los jóvenes  respecto a la sexualidad humana y los problemas que conlleva su práctica; que se preocupen porque en los centros de salud se proporcione educación sobre el uso de material anticonceptivo, y se suministre gratuitamente el necesario, a quien lo solicite; todo ello hará, que el problema de los embarazos no deseados y la realización de abortos en la entidad, disminuya paulatinamente. Pero si la sociedad y sus representantes políticos continúan hipócrita o comodinamente soslayando la educación sexual científica y razonable en las nuevas generaciones, “porque es pecaminosa e indecente, y con su enseñanza, los inducimos a tener sexo”, el problema continuará e irá creciendo irremediablemente, pues los antiguos valores morales sobre la virginidad femenina y la castidad en etapas tempranas, ya no existen en la actualidad. A los jóvenes ya no les importan.
En esta época, a la inmensa mayoría de los varones jóvenes les es indiferente saber que su novia –y probable futura esposa– haya tenido experiencias sexuales previas, y  muchas niñas/mujercitas se exponen a practicar sexo a edades cada vez más tempranas, sin conocimientos y sin cuidado alguno… ¿Y cómo evitarlo si viven en un ámbito muy erotizado en el cual la sexualidad es promovida por todos los medios, con material inadecuado y descarnado sobre el tema en todos lados? De esta manera, los jóvenes continúan aprendiendo todo sobre el sexo con fuentes de información desviadas de la realidad misma, y seguirán iniciando su sexualidad imprudentemente en etapas tempranas sin protección no sólo contra el embarazo, sino contra múltiples enfermedades sexuales que flagelan a la sociedad. Y esto, sólo podrá disminuir o evitarse, con educación sexual adecuada.
Pero si algo debe quedar perfectamente claro en este artículo respecto a la iniciativa gubernamental son estas dos premisas:  a) la eventual negativa del Congreso a esta iniciativa de ley no va a disminuir los abortos que se realizan en la entidad, y que pasan desapercibidos para la mayoría de la población; y b) la aceptación de esta ley no aumentaría el número de abortos que se llevan a cabo en nuestro estado; sólo mejorarían las condiciones sanitarias, para aquellas mujeres que –bajo su conciencia–quisieran practicárselo.
* Ex presidente de la Sociedad Médica de Chilpancingo y ex presidente del Colegio Médico Estatal.

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