Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jeremías Marquines

APUNTES DE UN VIEJO LEPERO

 Cuiria

 “No hay cultura sin márgenes de lo permisible, y no hay tradición cultural sin transgresores de los mismos. Los herejes, los criminales, los indecentes, las prostitutas y los asesinos, son a menudo los protagonistas de las historias de ficción y los antihéroes que dan sentido a la cultura al situarse fuera de sus bordes. Es con relación a ellos que situamos nuestras pequeñas transgresiones y la monotonía cotidiana. Es a través de su sacrificio que vivimos (mediada) la experiencia de la transgresión, de la rebeldía y de la insurrección contra las instituciones y el orden establecido. Pero no solamente nos fascinan los criminales y sus actos, sino también los castigos ejemplares que les aplica la sociedad”. Lo anterior, es parte del ensayo Pornografía y obscenidad (la crítica de la cultura desde sus márgenes) de Naief Yehya, un texto exclusivo, como todos los que publica la revista de arte y cultura Cuiria.

Cuiria (antes también llamada La callejera), es editada por un grupo de jóvenes rufianes defeños que intentan pasar como escritores para despistar a las autoridades. El editor es un tal Enrique Montañez, y lo secundan en el consejo editorial: Juan Casas, Jesús Vicente García (colaborador de El Buho y algunas veces también de El Sur), Miguel Angel Maldonado, Juan Luis Nutte (colaborador de El Búho) y Arturo Terán. Las viñetas están a cargo de Martín Gallegos y el diseño y formación lo hace Martha Garza.

Cuiria no es una más de esas revistas “culturales” que publican refritos de periódicos, textos bajados de internet o “préstamos” de otras revistas hacinados con pésimo gusto. No, Cuiria es una revista lúdica, propositiva, talonera, que promueve a escritores jóvenes de cualquier parte del país porque para eso se hace una revista “cultural”. Sus editores no se agazapan tras bloques grupales ni envidias triviales como lo hacen la mayoría de las que circulan en el espacio underground de estas publicaciones. Es más, se atreven a decir: “Escribe con nosotros (nosotros sí respondemos por todo el material enviado)”.

Los editores de Cuiria no se avergüenzan de su origen popular, de su sino callejero. Cuiria es el taloneo banquetero, dicen; es la voz “agorera del barrio donde se traman los robos en pequeña escala, los primeros besos con olor a escuela pública, donde descansa el borracho y el vagabundo se carcajea de sus sueños. Pero también es el microcosmos apto para el juego, para un juego especial, para la aventura y el enfrentamiento infantil del toma y daca con las posesiones más valiosas que teníamos en ese entonces: las canicas o, mejor dicho, las cuirias. La banqueta no se ofrece, hay que tomarla por asalto; herencia generacional por la que hay que pelear. Y de esa dermis de concreto envejecido proviene esta cosa que tienes en tus manos, en su empaque mejorado”, señalan en la presentación.

Aunque Cuiria es una publicación nueva, su lanzamiento editorial ha causado reacciones importantes en todos los sectores de la sociedad y la cultura del país. Por ejemplo, Vicente Fox hizo este comentario cuando fue a su rancho… de Guanajuato: “Los jóvenes creadores de Cuiria son el cambio que el país esperaba. Sus páginas están libres de víboras prietas y tepocatas”.

De esta publicación Carlos Cuauhtémoc Sánchez dijo: Cuiria demuestra que volar sobre el pantano no es una quimera; la lectura de esa revista te transporta al éxtasis”. Lupita Loaeza se refirió de esta forma cuando la tuvo en sus manos: “Estos niños han demostrado con Cuiria que el juego de canicas no es de nacos; lo han elevado al parnaso de las letras”. El Le Mond reseñó lo siguiente: “Soberbia… lo que esperaba la República de las letras”.

Asimismo, José Saramago dijo: leer Cuiria es un incidente en la literatura, por lo tanto será el parteaguas de las letras universales. El crítico de literatura Enmanuel Carballo con su habitual profundidad la comentó así: “Si la revista Moderna fue la apertura literaria del siglo xx, Cuiria lo es para el que estamos viviendo”. Pero no sólo él hizo comentarios elogiosos, también la parte reaccionaria reaccionó sobre esta revista. Rocío Sánchez Azuara durante su talk show: “Los libros tiraron a mi hija a la borrachera y las bajas pasiones”, afirmó: “evidentemente, señores, Cuiria provoca disjunción (sic) familiar”. Y el periódico La Prensa (el periódico que dice lo que otros callan), publicó: “Estos presuntos literatos tras una acalorada discusión en medio de bebidas embriagantes, se atrevieron a crear este engendro de revista. Se presume que forman parte del clan Trevi-Andrade”. Y el novelista español Arturo Pérez-Reverte durante su reciente visita a México no quiso quedarse a la zaga y dijo: “Me gusta viajar en el mar, amo los barcos y el viento; ahora que regrese a España lo haré con Cuiria”.

Pero por si todavía quedara duda de la aceptación que tiene esta revista, los editores colocaron en la contraportada esta aclaración: “Cuiria es una revista aprobada por el consejo Episcopal Mexicano y por Provida. Además que goza del apoyo moral de la Gran Familia Mexicana”.

Así pues, como dije antes, Cuiria no es cualquier revista, es La Revista; en el número cuatro de esta publicación, aparte de Naief Yehya, Elsa Levy, publica un cuento titulado: Escribir deja mucho dinero; Juan Casas el relato que llamó Hangover; Jesús Vicente García nos aluza con un artículo sobre la novela Salamandra del casi olvidado Efrén Rebolledo. También aparecen poemas de Juan Manuel García, Edmundo Flores; Grissel Gómez Estrada; Josué Ibarra Jara; Enrique Montañés; Norma B. De María; Marcos Leija, y unos monos horrendos de César Gamica Esquivel.

El material de que está hecho Cuiria es de alta calidad, el diseño, la tipografía, las ilustraciones y la composición, hay que verlo, es una verdadera bonitura. Sin embargo, a pesar de todo esto lo que hemos venido platicando, a la revista Cuiria este año la dejaron fuera de los apoyos que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes otorga a través del concurso Edmundo Valadés a revistas de arte y cultura independientes.

Como siempre ocurre en este tipo de “apoyos oficiales” donde las relaciones y las mafias pesan más que la creatividad y el talento. Los jueces de tal concurso beneficiaron a publicaciones con menor calidad editorial cuyo perfil no es estrictamente artístico-literario y cuyos recursos para su publicación provienen de la venta de publicidad comercial. A diferencia de esas revistas, Cuiria, se sostiene con recursos provenientes de apoyos de instituciones culturales y del taloneo de sus propios editores que es uno de los requisitos principales que deben cumplir estas publicaciones para hacerse merecedoras al apoyo del Conaculta. Una vez más y como siempre, el vicio y la corrupción siguen presente en el Conaculta de Sari Bermúdez y Cuiria, la hermosa, seguirá siendo La Callejera. De todos modos, quienes estén interesados en conseguirla o deseen publicar sus cositas en esta revista, pueden escribir al correo electrónico: [email protected]. O si son tradicionalistas, a Lázaro Cárdenas 18, Col. Benito Juárez, CP. 07250, Gustavo A. Madero. México, DF.

La contra: Un conocido universitario me envió una carta privada para aclarar algo público, pero como este pobre leperosaurio aún no llega a la alta distinción de contar con servicio privado de mensajería, doy acuse de recibido en esta columna. Sin embargo, pienso que no es de personas inteligentes solapar acciones moralmente ilegales en beneficio de privilegios particulares; tampoco se necesita mucho análisis para decir que la corrupción, las mentiras y la bajeza humana han hecho nido en la UAG donde las ambiciones personales y de grupo han ensombrecido la razón y la decencia de muchas personas. Los dirigentes universitarios que se han sumado al ambicioso proyecto de convertir a la universidad de Guerrero en un prostíbulo vulgar, aún tienen tiempo de reflexionar y recobrar, aunque sea algo, del respeto perdido. De uno mismo se pueden decir muchas cosas maravillosas, pero es la “opinión pública”, la que sitúa en su justo sitio a los “actores sociales”, según sus actos y decires. Ahí queda eso, pues.

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