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Héctor Manuel Popoca Boone

Sandeces de Manuel López Bruno

 Si no fuera porque toca algunos puntos de interés para la opinión pública, no contestaría la perorata calumniadora que me dedica una persona tan disminuida en su forma de expresión como lo es el señor Manuel López Bruno, en un artículo periodístico publicado en el Diario 17, el sábado pasado.

En el primer punto interesante que toca, ataca el funcionamiento del Consejo Estatal del Cocotero (Cecoco), porque ha promovido, según dice él, centros de acopio corruptos. Aseveración incorrecta, por cuanto que el propósito original  del fomento a la creación de dichos centros es para disminuir el alto grado de intermediarismo y acaparamiento que existe en la venta de la  copra en el Estado, por lo que la naturaleza de dichos centros es eminentemente social y pública.

Cierto es que en algunos que se formaron, varios copreros vivales trataron de convertirlos en negocio de lucro personal, al quedarse privadamente por una comisión por kilo de copra vendido a la planta estatal y al negarse a rendir cuentas a los copreros asociados del uso de los dineros y de las ventas realizadas. Al respecto, dimos la instrucción terminante que todo centro de acopio que no informara de sus estados financieros en forma  pública y no aceptara ser sujeto a auditorías periódicas, dejaría de tener los apoyos del Cecoco porque no estamos para prohijar intermediarios o acaparadores de nuevo cuño.

El segundo punto de interés que aborda son las 113 facturas apócrifas, que algunos copreros presentaron ante la institución federal Aserca, para hacerse acreedores del subsidio de 75 centavos por kilo de copra vendida a las agroindustrias privadas o a la gubernamental. En efecto, lamentablemente fue una práctica corrupta que tomaron ciertos productores y en determinados municipios para allegarse subsidios económicos que no les correspondían. En torno a ello, también dimos la instrucción precisa, en el seno del Cecoco, a la dependencia federal Aserca, para que inmediatamente presentara ante las autoridades correspondientes las facturas fraudulentas y estableciera la demanda penal por presunción de fraude del erario público.

Si el señor Manuel López Bruno cuenta con documentos probatorios de esas prácticas deshonestas de algunos copreros, que no lo dudo; lo conmino y entablo públicamente a que tenga el valor civil de presentar las denuncias ante la Contraloría o el Ministerio Público correspondiente. Es más, yo lo acompaño, sea quien sea el que las haya cometido, porque nos estará ayudando a limpiar los programas  copreros. Por lo demás, le aclaro al señor López Bruno que la Secretaría a mi cargo, a la cual califica de corrupta, no compra ni vende copra, ni otorga los subsidios federales respectivos. Sus ganas de jeringar no las contiene. ¡Así quiere ser diputado local!.

El señor López Bruno cree inventar el agua tibia al dar a conocer hechos que los hemos ventilado y denunciado públicamente en las asambleas de representantes municipales del Cecoco. Estos incidentes reprobables y corruptos que se dan con los copreros, nos deben llevar a la reflexión de cuan gangrenado y descompuesto está el tejido social en ciertos segmentos de los productores rurales en Guerrero; los cuales tienen  ya muy arraigada la manía de estar viendo únicamente cómo se allegan apoyos gubernamentales aun cuando no les correspondan. Claro está que cuando yo se los recrimino, me contestan que nosotros, los del gobierno, los hemos hecho así y que no tenemos autoridad para lanzar la primera piedra; cuestión de la que no les falta alguna razón.

Lo demás que escribe Manuel López Bruno en su libelo son descalificaciones infundadas de los miembros de la directiva del Cecoco. Difamándolos, se denigra solo. Los auténticos copreros saben bien quién es quién. Le aclaro que yo no los nombré, sino que fueron resultado de ternas, que los propios productores de copra seleccionaron democráticamente y de las cuales el gobernador del Estado extendió los nombramientos respectivos; para pesar de muchos seudolíderes copreros, que durante mucho tiempo han lucrado política y económicamente montados en las espaldas de miles de copreros, como lo es el señor Jesús Murga de triste fama en el gremio.

Por último, a falta de mayores elementos, el señor López Bruno recurre a descalificarme con la torpe y manida afirmación de que no soy nacido en Guerrero y por lo tanto no tengo derecho a opinar, trabajar o vivir en estas tierras del sur. Le digo con altivez y aun cuando se encabrite, que nacido en la capital de la República, tengo 15 años de trabajo con los campesinos guerrerenses, de los cuales la mayoría me distingue con su saludo cordial. Tengo un hijo guerrerense, por el cual trabajo, honesta y denodadamente, para que el día de mañana, no me reclame que lo hice nacer en tierra de truhanes y pelafustanes.

PD.–Quien está atrás de Manuel López Bruno es el ingeniero agrónomo Sánchez Colín, de reprobada fama en el gremio por sus bribonadas (tienen una acta levantada ante el Ministerio Público por un fraude de más de 700 mil pesos en agravio de la Fundación Produce), que ahora se hace pasar por líder campesino de una versión espuria de la CNC estatal, y a su vez es respaldado por el sempiterno diputado federal Nabor Ojeda. Personas que se distinguen por su precariedad de alcances, vastedad de limitaciones e ilimitados recursos perversos. El priísmo más rancio los cría y ellos se juntan.

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