Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Marcial Rodríguez Saldaña

Gobernador en campaña

El sistema institucional y político mexicano ha construido un conjunto de reglas escritas que son la base de la convivencia pacífica y civilizada entre ciudadanos y los poderes públicos; entre ellas el federalismo, que aún en la época del partido hegemónico se cuidaba no sólo como forma de cortesía política sino como respeto a los ámbitos de competencia de cada poder: el federal, el estatal y el municipal. 

Ha sido tradición que el presidente de la República cuando visita algún estado del país le haga saber al gobernador y lo invite; es costumbre que un presidente municipal cuando acude a alguna comunidad, le avise al comisario municipal para que lo acompañe y es una regla de buenos modales políticos que un gobernador cuando realiza alguna gira por un municipio invite al presidente municipal.

La relación entre el gobernador René Juárez surgido de las filas del PRI y el presidente municipal de Acapulco, Zeferino Torreblanca, llevado al poder por una coalición de facto entre el PRD, PAN, PT, FCA y muchas agrupaciones democráticas, hasta ahora se ha mantenido generalmente en los marcos del respeto y la institucionalidad; sin embargo, la proximidad de las campañas electorales, en especial la de Acapulco, parece que puede entorpecerla. 

El gobernador René Juárez en el lapso de una semana, ha hecho dos visitas relámpago al Acapulco rural, sin que se haya invitado al presidente municipal Zeferino Torreblanca; en ellas ha ofrecido obras que según su apreciación, no ha podido realizar el gobierno de Acapulco.

El medio rural de Acapulco, ciertamente sufre un abandono terrible; la gente reclama agua, aun aquellos pueblos que se encuentran a las orillas del río Papagayo; exigen con justa razón más servicios y apoyo para proyectos productivos, para desarrollar lo que saben hacer muy bien; trabajar la tierra.

La miseria del medio rural de Acapulco es producto del abandono de décadas en que los gobiernos municipales del PRI han tenido a los campesinos, a quienes acuden en épocas electorales para darles migajas como despensas, láminas de cartón, etc.,  que no han traído ningún beneficio colectivo;  sólo se ha buscado con ello comprar su voto.

A pesar de que Zeferino asumió el gobierno municipal con una deuda cercana a los 90 millones de pesos, heredada por un presidente priísta, ha podido pagarla y administrar con honradez el dinero que ingresa al ayuntamiento de Acapulco; con estos recursos, muchas comunidades rurales se han visto beneficiadas ya sea con la introducción del servicio del agua, de la energía eléctrica, pavimentación de calles y otros apoyos.

¿De qué se trata? Acaso en un arranque de cólera, ante las malas cuentas de sus operadores políticos, el gobernador al considerarlos incapaces les quiere demostrar cómo se ganan votos, ofreciendo obras a diestra y siniestra en el medio rural de Acapulco; o es mucha la presión hacia el gobernador para que acuda como salvador ante el naufragio de su delfín frente a su inminente derrota por segunda ocasión, ya que se encuentra en desventaja dos a uno frente a López Rosas; o no puede resistir la excelente imagen de Zeferino por las obras que esta realizando en la zona urbana de Acapulco y busca rescatar lo más que se pueda del voto de la pobreza rural.

Nadie cuestionaría la sana intención del gobernador René Juárez de realizar obras en Acapulco, al contrario sería digno de reconocerlo, pero sería  sensato que lo hiciera en coordinación con el gobierno de Acapulco, cuidando las formas institucionales, porque si no invita al presidente municipal y en cambio sí a los coordinadores de campaña de su protegido, entonces se presta a la sospecha de que anda en plena campaña electoral a favor de los candidatos del PRI, lo cual desde Casa Guerrero incitaría un ambiente de conflicto y sería una mala señal para las elecciones del 6 de octubre que deben desarrollarse en paz.

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