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Alejandro Díaz Garay

La importancia de la educación

El papel de la educación es fundamental para forjar individuos libres de pensamiento y libres de acción. Se afirma hasta el cansancio que la educación es la base del futuro, pero ¿de qué futuro se habla?, ¿de uno igual que el presente? o ¿de un futuro que podemos ir forjando desde el presente?

Una educación es buena o mala ¿para quién?, para los amos del mundo o para nosotros mismos. La educación puede ser religiosa, laica, empresarial, comercial e incluso revolucionaria.

Sostengo que a medida que nos “modernizamos” nos vamos des-educando. Es decir, nos vamos malformando. Voy a tratar de explicar esta afirmación aparentemente contradictoria.

Cada vez son más las personas adultas que se informan de lo que acontece a su alrededor por los noticieros de televisión. Los medios masivos de comunicación en México han jugado un papel decisivo para mantener la dominación de los grupos sociales en beneficio de la elite gobernante. Esto ocurrió con el PRI y Televisa por décadas. El formato de televisión no permite profundizar las noticias como si lo permite la prensa escrita y a veces da como importante algo que no lo es. Una explicación de lo anterior se debe a que es una empresa comercial al servicio del cliente (léase gobernantes).

Esta mayoría además de mal informada crea una adicción a la televisión que es imposible dejar de ver algún programa tan sólo un día. Puse el ejemplo de un noticiero para ser lo más objetivo posible, pero en general la televisión mexicana entretiene no educa.

La adicción televisiva en los niños es tal que normalmente un niño del siglo XXI puede pasar más de tres horas frente al televisor sin mayor problema. El daño que se le está haciendo a esa personita es tal que lo estamos condenando a ser presa de mentes con fines que van más allá del entretenimiento. En ciertos países, cada vez son más los programas de clasificación “A” que salen del aire por incitar a la violencia. Los niños asesinos de países altamente industrializados como Estados Unidos, Inglaterra o Francia, han tenido como fuente de inspiración las caricaturas del cine y la televisión. Los spots que estos medios utilizan son con fines consumistas sin tener como fin último el educar a las nuevas generaciones. La psicología, la semántica, los colores, la música, todo está calculado para cautivar al niño a que le pida a sus padres aquel juguete. Prueba de ello es la reacción de la niña o el niño cuando en el supermercado ve el artículo. Todo está perfectamente estudiado. En este sentido somos presa de expertos empecinados en des-educar a nuestros menores.

Y que decir de las tradicionales instituciones educativas. Desde las primeras instrucciones la educación lleva el propósito de sometimiento de voluntades. El obedecer, respetar, los principios y valores que nos inculcan son los que aletargan nuestros espíritus, nunca los que logran emanciparlos.

Los organismos internacionales como la ONU, el Banco Mundial, el FMI, entre otros, son los grandes hacedores de la ideología dominante, misma que suministran a los pueblos a través de sus gobernantes, sus instituciones educativas.

En los 90 arreció la crítica a todo proyecto alternativo a nivel internacional. La afirmación de que asistimos “al fin de las ideologías” o “el fin de la historia”, no es más que el interés de hacernos a todos a usanza y semejanza del molde neoliberal que impera a nivel mundial. En la pasada década la mayoría de las universidades modificó sus planes y programas en torno al pensamiento único, que no es más que el Consenso de Washington, hoy también Consenso de Monterrey. Ya no importa ser crítico, eso es ser anticuado. Ahora debemos formar profesionistas con el perfil que demande el mercado laboral.

En este sentido las leyes del mercado no solo rigen a la economía sino que ahora controlan la educación y la cultura, trincheras necesarias para la concientización y desagenación brutal que vivimos en este sistema de explotación tan irracional como individualista.

Las nuevas generaciones están cada vez condenadas a procesos de manipulación apoyados por la revolución mediática. El control que hacen de las mentes es inaudito. Lo más grave es que el enemigo ya no se nos aparece como un monstruo sino a la medida de nuestras ansias y nuestros deseos, en forma pacífica e impersonal. Cuanta razón tenía Aldoux Huxley.

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