Jaime Castrejón Diez
La diplomacia mexicana
En los últimos días ha habido acciones de la diplomacia mexicana que se han apoyado en la tradición y otras han hecho a un lado las posiciones anteriores y se han tomado una posición nueva para nuestro país, en ambos casos con una lógica detrás de estas acciones.
En el caso de Venezuela, la posición de México fue totalmente ortodoxa, la tradicional de nuestro país, la aplicación de la Doctrina Estrada. Hay que recordar que don Genaro Estrada fue secretario de Relaciones Exteriores de 1930 a 1932, en esa época con motivo de los golpes de Estado en América Latina el canciller en una nota del 27 de septiembre de 1930 dirigida a los diplomáticos mexicanos decía: “México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos (a los gobiernos de facto) por que considera que está es una práctica denigrante, que sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido, por otros gobiernos, quienes de hecho asumen una actitud de crítica al decidir favorable o desfavorable sobre la legalidad de regímenes extranjeros”.
La actitud mexicana fue aplicar la Doctrina Estrada como lo explicó el mismo presidente Fox y al mismo tiempo mantener abiertas las vías diplomáticas para mantener un estado de normalidad en las relaciones entre ambos países. Esto es totalmente dentro de la tradición diplomática mexicana. La posición tradicional de México de que no reconoce gobiernos sino Estados y la definición de Estado considerada como gobierno y gobernados pone un límite al proceso de reconocimiento de gobiernos de facto. En el caso venezolano se aplicó totalmente.
Lo que es diferente y que ha creado una tensión entre los legisladores priístas y perredista con el gobierno federal es la posición sobre la propuesta uruguaya sobre derechos humanos. Esta es una propuesta que hace la República Oriental de Uruguay en la que reconoce los avances en política social, pero no así en los derechos humanos. El presidente anunció que el voto de México será a favor de la resolución uruguaya aclarando que no es una censura al gobierno cubano sino una recomendación de mejorar su posición sobre derechos humanos. Es claro que esta es un área en que el país caribeño ha tenido serios problemas a través de muchos años. Es necesario decir, que no solamente en el régimen de Castro sino en los anteriores, las violaciones a los derechos humanos han sido constantes.
Empezó el jaloneo por parte de los legisladores que consideran que cualquier sugerencia sobre derechos humanos a Cuba es una ofensa a ese país y a su dirigente; cuando ellos mismos y podemos revisar el diario de los debates, muchos de estos legisladores han pedido la intervención de la Organización Interamericana de Derechos Humanos en asuntos internos del país. ¿Por qué sí se puede investigar dentro de nuestro país, pero los organismos internacionales no lo pueden hacer allá? Aquí hay una incongruencia muy clara y también algo que es necesario definir. El Poder Ejecutivo es el conductor de la política internacional, el Senado revisa, es la instancia que valida la dirección de la diplomacia mexicana, pero no es el iniciador ni el conductor del proceso diplomático.
Mucho de esto fue sintetizado muy claramente por el canciller Jorge Castañeda cuando dijo que debíamos de dejar de hablar de la nación mexicana y la revolución cubana y empezar a hablar de la nación mexicana y la nación cubana y en esta posición normaría nuestras relaciones. Esto fue considerado por algunos políticos un desacato a una tradición que ha hecho de las revoluciones una especie de fetiche intocable que oculta detrás de la oratoria o de la retórica rimbombante grandes problemas sociales políticos y económicos que las revoluciones no han podido resolver y que solamente el nombre de revolución y el uso de la historia como legítimamente ha sido la forma usual en que han trabajado los gobiernos.
Yo creo que en los asuntos diplomáticos ha habido cambios como lo ha habido en todos los gobiernos del mundo, incluso en la misma Unión Soviética y en China que son países normalmente antioccidentales han tratado de navegar el mundo diplomático con las nuevas reglas que se van estableciendo por respuestas a circunstancias.
En estos momentos hablar que la ideología debe dirigir la economía o debe dirigir la diplomacia es un anacronismo, esos tiempos ya pasaron y sería interesante que se conocieran muchos de los documentos diplomáticos de México en distintas épocas de la historia para entender que la diplomacia es cambiante, lo que permanece intacto es la idea de nación.




