Aurelio Peláez
El inicio de la segunda ronda del Mundial deja la clasificación de México para el tercer partido, contra Croacia. Cantamos victoria antes. En los días por venir habrá que sortear en las redes sociales a los antifutbol, que volverán sacar las viejas pancartas de que “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, y la persistente sentencia de que éste es un distractor de los problemas nacionales.
Hay que ignorarlos.
Son días para revisar la quiniela, lamentar haberle puesto palomita a España, el primer gran expulsado de la justa, hacer los cruces de los juegos por venir para octavos y sopesar el verdadero peso de los equipos.
Ya se vio que Holanda no es tan tan y que Chile se ve muy muy en caso de que nos toquen en octavos, de pasar sobre los croatas.
La selección de Miguel Herrera, entre nos, se ha visto entre momentos buenos y regulares, pero eso le ha alcanzado para estar en posibilidad de pasar a la siguiente ronda. Nada perdemos con esperar los mejores.
Las televisoras y las empresas que aglutinan tiemblan ante la posibilidad de que se pierda el tercer partido.
Ignorémoslos.
Si ya de por sí soportamos estoicos el manoseo que hicieron de la selección en la ronda de eliminatorias de la Concacaf –llevadero entre partido y partido de la liga mexicana–, el sprint final no tiene por qué desanimarnos.
Ya el filósofo Johan Huzinga describió que el ser humano es en esencia un Homo ludens, o sea, que el juego es elemento importante en nuestro desarrollo sensorial.
O sea, qué culpa tiene uno entonces por esas tardes perdidas y perdedizas jugando futbol en la calle. O luego, de las miles de horas frente a la televisión o en algún estadio esperando a que tu equipo por fin gane el campeonato, cosa que no sucede tan a menudo en el caso de un pobrecito aficionado como por ejemplo, soy yo del Toluca.
Hace algunos años me encontré en una fiesta a un centro delantero del Toluca, ya con muchos años de retiro, y tras abrazarlo efusivamente me confesé: “Siempre le he ido al Toluca”. “Nunca has estado equivocado”, admonizó Ítalo Estupiñán, asunto que me reconcilió con una parte de mi vida.
Cierto, la cosa es el lunes contra Croacia. La selección, pese a todo, está en el Mundial, y el Mundial no sería lo mismo sin México.




