Netzahualcóyotl Bustamante Santín
Los paisanos están de vuelta
Confirmado. Tal como lo describimos en análisis publicados en estas páginas (El Sur 26/7/11 y 27/3/12), sorprendentemente el flujo neto de migrantes entre México y Estados Unidos se ha reducido a cero por primera vez en varias décadas, según un estudio del muy influyente Pew Hispanic Center, la autoridad en el estudio del fenómeno migratorio con sede en Estados Unidos.
Eso significa que los mexicanos ya no están cruzando a ese país en busca de oportunidades, aunque suene poco creíble decirlo.
Este cambio en el comportamiento del flujo de paisanos, supone el estancamiento de la oleada migratoria más importante en la historia norteamericana.
Según el Pew, por vez primera desde 1970 la marea migratoria que transitó durante generaciones la frontera entre México y Estados Unidos no sólo se ha detenido, sino que incluso se revirtió con efectos de mediano y largo plazo en el sector laboral estadunidense, dice el reporte basado en datos gubernamentales de ambos países.
El centro de estudios recuerda que ninguna nación como México ha sido expulsora de tantos migrantes con destino al norte en las últimas cuatro décadas. En ese periodo, unos 12 millones de mexicanos emigraron a Estados Unidos y, según el informe, más de la mitad lo hicieron de manera indocumentada.
Históricamente ha habido dos períodos masivos de flujo migratorio hacia Estados Unidos: en los años cuarenta con la presencia de braceros en los campos de cultivo e industrias manufactureras, y a partir de 1970. Los que llegaron a partir de los setenta lograron una amnistía en 1986, gracias a lo cual consiguieron su residencia legal.
Por ahora, la razón que explica el parón de migrantes es la crisis económica norteamericana vivida a partir de septiembre de 2008. Pero esa circunstancia podría cambiar según el Centro Pew con la recuperación gradual de la economía de aquella nación.
La tesis central es que el cambio de un “patrón histórico” se debe a un incremento del número de inmigrantes que abandonan Estados Unidos en comparación con los que llegan desde México, en constante declive.
El informe del Centro Pew presentado este lunes en Washington, amén de ratificar las conclusiones de otros estudios, puede representar un punto de quiebre en la perspectiva de cómo veían los mexicanos a Estados Unidos, pues parece haber dejado de ser la tierra de la bonanza y las oportunidades.
Los autores del ensayo elaboraron análisis comparativos que se remontan a 1995. La revisión de datos duros ubicados en las oficinas del Censo de ambos países les permitió formular un diagnóstico sin precedente en los últimos cuarenta años. Se sabía que el flujo migratorio hacia el norte había disminuido, pero no se sabía que el flujo de regreso a México se había incrementado, y este es el quid del hallazgo que es inédito porque no se tenían elementos contundentes que lo probaran. El vacío de información fue llenado por las cifras arrojadas por el Censo 2010 del Inegi, según las cuales la cantidad de inmigrantes mexicanos que regresaron entre 2005 y 2010, duplicó a los que volvieron durante los cinco años anteriores.
Para el director del organismo, este comportamiento “se trata de algo más que una pausa temporal”.
Lo que sí se sabe es que la caída comenzó por lo menos desde el año 2007.
Entre 1995 y 2000, unos tres millones de mexicanos cruzaron la frontera, mientras que cerca de 700 mil regresaron al país, acompañados de hijos con nacionalidad estadunidense. Mientras que en otro periodo, 2005-2010, 1.4 millones de paisanos abandonaron el país y la misma cantidad regresó, según datos de las oficinas del Censo de ambas naciones.
Como advertíamos en los dos artículos aquí publicados, el balance migratorio desde México se ha mantenido en cero o incluso en niveles negativos desde 2007.
Aparte de la deprimida economía norteamericana, el informe atribuye entre otras causas de este fenómeno el aumento récord en las deportaciones; el riesgo incluso de perder la vida que representa cruzar la línea fronteriza; el incremento de los sistemas de seguridad en la frontera con el empleo de aviones no tripulados y el uso de nuevas rutas que obligan a atravesar el desierto; el declive en la tasa de natalidad mexicana e incluso las mejores condiciones económicas en México (esto último quizá atribuible al autoempleo y la economía informal).
Las restrictivas políticas migratorias han contribuido al freno. Este día, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos estudiará argumentos a favor y en contra de la Ley SB 1070 de Arizona, en un histórico caso que trazará el futuro de la aplicación de las leyes migratorias en este país. La resolución final de la Corte que se presentará en julio será de gran trascendencia, pues determinará si los estados tienen derecho a emitir y aplicar leyes migratorias, o sólo es una facultad exclusiva del gobierno federal.
Para el Pew, el endurecimiento de la política de inmigración ha hecho que intentar entrar a Estados Unidos sea más difícil, caro y peligroso para los mexicanos; otro factor de influencia que debiera estudiarse a detalle son los cambios demográficos en México que han reducido el número de migrantes potenciales.
Es de tal peso la migración mexicana en nuestro vecino país, que en los últimos cuarenta años uno de cada tres inmigrantes residentes en Estados Unidos, son de origen mexicano.
Respecto a la migración mal llamada ilegal, un 60 por ciento de los 11 millones de migrantes indocumentados que se estima viven allá, también son de origen mexicano. El anexo estadístico del informe destaca que de los 7 millones de inmigrantes mexicanos indocumentados que había en 2007, la cifra ha descendido hasta ubicarse en 6.1 millones, lo que representa un declive de casi un millón de personas.
Con todo, pese a la interrupción del flujo migratorio, la población de origen mexicano allá continúa en ascenso y al año 2010 alcanzó la nada despreciable cifra de 33 millones, una tercera parte de la población existente en nuestro país.




