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Semana Santa en Taxco: romería de fe, pasión y autoinmolación religiosa

* Marchan penitentes encapuchados por las empedradas calles de la ciudad colonial

Claudio Viveros Hernández, corresponsal, Taxco de Alarcón * Santos días de guardar para los fieles y devotos de alguna imagen religiosa, de penitencia que llega a espectáculo; exhibicionismo pregonado por los personajes en pasillos de oficinas del gobierno municipal, de hombres y mujeres que participan en las diferentes hermandades o cofradías para purificarse sin más, los cuales tienen en contra a políticos, empleados y secretarias parlanchinas del ayuntamiento priísta quienes develan y se jactan del secreto. Son seres que aguantan callados o echan madres y disparates, con capucha que guarda su identidad, ante los tormentos con espinas, cadenas y azotes en la espalda que impactan al turismo.

Otra vez la comidilla fue que el presidente municipal, allegados y hasta varias secretarias le entraron a eso de hacer penitencia, lo decían en voz alta semanas antes, muy ufanos unos y otros con desapariciones y ausencias sospechosas de sus labores para participar en retiros de preparación y reflexiones. ¡Que cosa!, todos a cargar espinas, azotarse y arrastrar cadenas para quedar bien o pagar las culpas. Todos encapuchados por venia y gracia del señor Isaac Ocampo Fernández, el alcalde taxqueño.

Es Semana Santa en Taxco. Desde hace más de 50 años se celebra aquí un ritual, juego escénico que con el paso de los años se ha convertido de manera reciente en vendimia callejera de amigos de los funcionarios municipales, éxtasis aparente, negocio, alcohol que se riega en las gargantas humanas de bares y cantinas, y es el negativo abuso de guías de turismo piratas y prestadores de servicios turísticos sin freno por parte de las autoridades del municipio. Aún así la oleada de visitantes nacionales y extranjeros pone al tope, cada año que transcurre, la escasa oferta hotelera y comienzan a demandar calidad.

La celebración religiosa que sale y entra a los templos e invade las calles, es el atractivo –sin mayor publicidad– más importante que congrega miles de paseantes en los diferentes ritos pagano-religiosos para recordar aquellos pasajes y recrear en ambiente sacro la tradición cristiana del juicio, condena, crucifixión y muerte de Jesús en el Calvario. Toda la Semana Santa, del triunfal Domingo de Ramos al festivo Domingo de Resurrección, son extenuantes jornadas, actividades que se realizan noche y día sin descanso.

Los días mayores son el Jueves y Viernes Santo. El primero por la impresionante y prolongada procesión de los Cristos, imágenes que para concentrase en la iglesia de la Veracruz, tienen que recorrer varios kilómetros desde las comunidades y barrios cercanos a temprana hora del jueves, para luego recorrer las principales calles a partir de las once de la noche y concluir cerca de las cuatro de la mañana de ayer.

Esta vez, el número de cristos participantes en la procesión del jueves subió a 48, todos escoltados por grupos de hombres vestidos de soldados romanos con otros tantos hombres penitentes encruzados que cargan rollos de varas espinozas, los flagelados que se azotan por varios minutos las espalda y los encadenados, en posición agachada, que arrastran sobre las empedradas calles cadenas atadas a los tobillos.

Tras pocas, escasas horas para el descanso, ayer viernes con el sol de mediodía a cuestas y un calor sofocante, los penitentes hombres y mujeres salieron en procesión. En su caminar, con la disciplina, autoimpuesta por ellos, fue notoria la reacción en sus pasos. Las plantas y dedos de los pies descalzos se levantaban hacia el cielo, como para despegarse de las piedras calientes en el suelo que pisaban. Duro, doloroso. Unos con espinas, otros más con un tipo de látigo para martirizarse la espalada hasta hacerla sangrar, mientras las mujeres, todas cubiertas con vestimenta negra y un capuchón por el que asomaban sus ojos, experimentaron algo similar, la sensación de quemarse la piel.

Miradas furtivas, penetrantes, cuestionadoras, trataban de indagar las razones y motivos de cada penitente sin respuesta. Sólo los acompañantes, auxiliares con lentes oscuros y chicle mascado en exceso para ser vistos, tal vez para ser protagonistas vanos por un día, únicamente ellos conocían la identidad.

Un tanto más serenos, vestidos de manera impecable con uniforme de centuriones romanos, casi medio centenar de soldados recorrieron calles durante el jueves y viernes hasta aprehender, enjuiciar y crucificar la imagen de Jesús, después de que se efectúo la procesión y el sermón del Vía crucis, de Las Tres Caídas.

La tarde de ayer estuvo a reventar en las calles principales del centro histórico, el Zócalo de la ciudad y el Ex convento de San Bernardino o San Nicolás. Igual ocurrió en las visitas a los locales de los expositores que participan en la Cuarta Feria del Libro de Taxco en la Casa Borda. Ahí la mayoría de personas, chicos y grandes no dejaron de llevarse por lo menos uno o dos libros, discos compactos de música, un video o una revista, casi todos con regalo o descuentos.

La tarde, pasada la crucifixión, fue de duelo. Se realizó la procesión del Santo Entierro con un cristo en una urna cargado por miembros de una hermandad de ese nombre que lo trasladaron al salir del Exconvento, entre las notas fúnebres, lastimeras, las letanías confundidos a veces con los clamores militares de la flauta y un tambor de los romanos. Es una de las que la mayoría de las veces impresionan al turismo.

Esa marcha funeral, las notas musicales y la actitud de los protagonistas que llevan en sus hombros la urna con el Cristo, imponen respeto, introspección y atracción hacia eso, lo sagrado, la magia que encierra la religión.

Un silencio se impone, llega la medianoche y otra procesión aparecerá para recorrer las calles con la imagen de la Virgen de los Dolores y de la Verónica en completo silencio y en la que nuevamente se internan los miembros de la hermandad de encruzados. Vendrá el sábado, y con él la gloria, el arrepentimiento de los soldados en su caminar de una iglesia a otra, luego será el domingo de Resurrección y en él la manifestación festiva de grupos y comunidades católicas que cierran un capítulo de la tradicional Semana Santa.

Taxco vuelve a la realidad, el misticismo finaliza, serán otros días, el Vía crucis para los habitantes ha de ser uno distinto, las penitencias se vivirán a diario con el azote de impuestos, la corrupción gubernamental cotidiana, falta de agua en la ciudad y el calor que agobia a los habitantes.

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