Aurelio Peláez
Aurelio Peláez
El futbol actual tiene mucho de ficción, de ficción financiera. Lo es que el Manchester United de Inglaterra cotice en la bolsa de valores y tenga acciones redituables y su costo como equipo ande en los mil 800 millones de dólares, según Forbes; de ficción que el costo del fichaje de jugadores como el brasileño Neymar o el galés Gareth Bale ronden el centenar de millones de euros, cifra intangible por donde se le vea.
La lógica del libre mercado escapa al sentido común del ciudadano de a pie, esos que contamos las monedas para llegar al fin de quincena. El futbol como negocio se maneja en esa lógica, esa que tasa precios del petróleo o del gas, de los granos o de la carne, según una guerra habida o por venir.
La ficción financiera del futbol rebasa por mucho la imaginación que en torno a este deporte tenemos –“el juego del hombre” según lo definía el célebre cronista deportivo Ángel Fernández–, los que merodeamos a su alrededor.
Por eso la puñalada trapera de Costa Rica a ese gigante con los pies de barro que es la ficción financiera al futbol es de celebrarse, porque devuelve el futbol al terreno de los mortales.
Durante décadas actores de reparto de las ligas europeas. Refuerzos de los equipos de media tabla para abajo, que no tienen recursos suficientes como para contratar a un brasileño o un argentino en las posiciones donde hace falta el virtuosismo o el desgaste, el resto de los futbolistas del continente americano han ido ocupando a esos espacios.
Los centroamericanos, parientes pobres de esa emigración –que incluye a los mexicanos– han calentado bancas y reforzado equipos mediocres. No hay de otra.
Y en este Mundial, Uruguay e Italia dieron fe de que los enanos crecieron. Los comodines de la baraja se acomodaron, y a bien los triunfos sobre dos ex campeones mundiales ya no son cosas del azar. Bien.
Por lo pronto, Inglaterra y España están fuera del Mundial, a falta aún de un partido en la ronda de calificaciones, e Italia aún está por ver si pasa sobre Uruguay. De las potencias europeas, sólo Francia y Alemania van a buen paso, pero todavía falta por ver, si en su futbol, si en su juego, añoran esos enanos teloneros.




