Lumi Kepenyes: una vida plena al lado del arte y la naturaleza
Xavier Rosado * En la parte más alta de Cumbres de Llano largo, la puesta de sol luce de una manera distinta.
El astro de fuego color rojo-naranja atenuado; se muestra en el mar y produce un efecto de languidez al observarlo.
Desde su atalaya, la casa-museo en que vive Lumi Kepenyes, habla del rito que sigue cada atardecer: “La persona que se detiene tres minutos en su vida para observar la puesta del sol y pedir un deseo, seguramente obtendrá lo que ha deseado”.
Luz María Dehesa Orozco, conocida en Acapulco como Lumi Kepenyes, nació en la Ciudad de México, estudió mercadotecnia y publicidad y desde siempre ha sido la principal promotora de la obra de su esposo, el escultor húngaro Pal Kepenyes.
“Cuando vi a Pal por primera vez, fue en la calle de Londres, en la Zona Rosa del Distrito Federal, nuestro encuentro fue muy casual, yo quise conocerlo no porque me gustara sino porque se veía como un personaje especial; vestía un pantalón de cuero y una hebilla de plata, camisa de manga larga y un sombrerito, él me invitó un café y así empezó nuestra relación”, recordó Lumi.
Narró que Pal en la primera ocasión que tuvo, le dijo; que nunca había durado más de 15 días con una mujer y que además no deseaba tener hijos, si aceptaba estas condiciones, podrían seguir adelante. Lumi aceptó porque le gustó la sinceridad del artista y sintió que esta relación la enriquecería intelectualmente.
En esa época, a finales de los setentas, Lumi ya se había consolidado como publicista en la ciudad de México, había trabajado con agencias de publicidad, en la promoción de comics educativos y en un club de poesía.
“Pensé que mi trabajo en el medio publicitario era impersonal; los publicistas llegan a perder la noción de lo que es disfrutar la vida, se vuelven materialistas y superficiales, llegó un momento en que decidí que no quería ser así por lo que al conocer a Pal, fue muy claro para mí que mi vocación era promover el arte”, reconoció Lumi.
“Las relaciones públicas es algo que no cualquier persona puede lograr, hay que tener un don muy especial, significa entender lo que las dos partes necesitan y conciliar entre ellos”, expresó Lumi Kepenyes.
Dijo también que su labor como corredora de arte es hacer que la gente vea al artista como alguien humano. El objetivo es poder conjugar a la sociedad en el interés del cine, poesía, literatura, escultura y pintura, a través de diversos medios promocionales.
Lumi Kepenyes, rodeada de esculturas entre ellas los llamadas vivos creados por Pal Kepenyes, quien las diseñó y nombró así porque adquieren movilidad cuando el aire o las personas las tocan, comenta: “el arte es escucharte a ti mismo, es parte de una dinámica constante, ¿por qué creen que es necesario escribir libros nuevos y hacer esculturas diferentes cada día? porque somos entes en constante evolución, así como cambia el ser humano, se modifica la expresión artística”.
Bajo los altos techos de la casa y sentada en los funcionales cojines color hueso acomodados sobre los asientos de concreto, Lumi relata que como representante de Pal Kepenyes, su mayor meta es lograr que la gente comprenda el significado de su escultura, que en muchos sentidos habla de la complejidad del hombre y de su entorno, los mitos, las generaciones y las máscaras que usa el ser humano.
A través de su mirada, Lumi proyecta su pasión por el tema y dice, “es cuestión de enfrentar a la gente con el arte, lograr que se aprecien las manifestaciones artísticas por medio del conocimiento o de la apreciación estética”.
El encuentro con la escultura de Pal muchas veces puede ser una catarsis difícil de tomar, porque la información es demasiada, o se tocan fibras que te llevan a la reflexión, “El trabajo de Pal crea conciencia, por lo que a la vez produce angustia”, explicó.
Cuando la pareja llega a radicar a Acapulco en el año de 1982 Pal era ya un artista consolidado en Hungría y Estados Unidos. Lumi recordó que llegaron a Acapulco a radicar definitivamente en 1982 y hasta la casa en Costera Guitarrón ya la habían terminado de construir.
“Yo ya conocía el puerto pero hasta que viví aquí me pude dar cuenta de la grandeza de este lugar”.
“Acapulco siempre ha sido la riqueza y no precisamente monetaria, sino la del entorno.
El lujo de la naturaleza, es el placer en su máxima expresión. Si pudiéramos describir a este puerto en palabras, yo diría: placidez, efervescencia y sensualidad”.
Lumi describe la obra de su esposo al decir que llena los calificativos citados, “toda la exhuberancia del puerto está contenida en las esculturas de Pal, ese amor al sol, a la mujer, a la fauna, y en general, pasión por la vida”.
“Sus esculturas se encuentran en todo el mundo, precisamente porque llevan una parte de esta exhuberancia y del ambiente del trópico a otros lugares donde este clima y esta belleza es solamente un sueño muy lejano”, expresó.
Cierto dejo de insatisfacción apareció en su ojos color miel, cuando habló de la evolución de la difusión cultural en Acapulco en el transcurso de dos décadas.
“Ha habido muchos intentos que no se han concretado porque no hay un factor de cohesión entre el arte y la sociedad, es necesario hacer que el arte se conozca más a fondo por la población a través de espacios interactivos que humanicen el arte y lo presenten como algo tangible, al alcance de todos.
Lumi Kepenyes se visualiza en el futuro en un espacio artístico creado por Pal y ella, donde el arte sea el protagonista, un museo abierto donde se dinamice el conocimiento y se fomente la amistad, la ecología y el humanismo.




