Alejandro Díaz Garay
Burocracia, partidos y sociedad
Si alguien describió con lucidez las relaciones de poder fue Max Weber, quien afirmaba que este concepto era sociológicamente amorfo y era más preciso hablar de dominación, entendida como la probabilidad de que un mandato sea obedecido, según lo estipulado en su obra Economía y sociedad, publicada después de su muerte.
Para un militante partidista de izquierda es de llamar la atención el artículo Marchas, bloqueos y plantones, por haber sido escrito por el subsecretario de Asuntos Políticos del gobierno del estado, Jesús Vargas Vargas, quien hace afirmaciones inusuales en un alto funcionario y menos si se trata de un priísta (poco acostumbrado a la crítica) (Ver El Sur 14/02/02).
Es cierto que la sociedad cada vez ve menos representados sus intereses en los partidos políticos o en los líderes oportunistas e ignorantes; pero decir que hay un Parlamento débil en una entidad donde hay mayoría priísta (30 de 46 diputados) es una novedad viniendo de quien viene. Pero la crítica no acaba ahí; señala que el gobierno tiene una mala actuación ante la atención ciudadana, con límites en la eficiencia administrativa y de sensibilidad política.
Weber afirma que el Estado racional, propio del capitalismo moderno, se funda en la burocracia profesional y en el derecho racional. Coincidimos que los líderes deben tener formación jurídica y parlamentaria, antes que tener la cualidad de ser buenos demagogos y exponer a las masas a la represión del Estado, pues como decía Trosky: “Todo Estado se basa en la fuerza”. Si bien la coacción no es el medio normal o único del Estado, sí es su medio específico. Concebir al Estado sin coacción es, para Weber, hablar de anarquía.
Ahora bien, Weber señalaba que hay dos formas de hacer de la política una profesión. Se vive “para” la política o “de” la política. Aquel que posee bienes privados que le redituan ingresos suficientes en forma regular puede vivir “para” la política. Valga señalar como ejemplo el caso de Zeferino Torreblanca. En contrapartida, quien no posee un ingreso fijo y en cantidad suficiente, espera vivir “de” la política para tener una fuente permanente de ingresos. Aquí los ejemplos abundan, desafortunadamente. Tiene mucha razón Jesús Vargas en su crítica hacia los seudolíderes que se aprovechan de la pobreza de la gente para sólo satisfacer sus intereses personales o de grupo. Para Weber las luchas de partido son no sólo luchas por objetivos materiales, sino también ante todo por el patrocinio de cargos públicos. El peligro político de la democracia de masas para el Estado reside en el predominio en la política de los elementos emocionales. “La ‘masa’ como tal, sólo piensa hasta pasado mañana”.
Finalmente, cito una última frase de este visionario político que fue Weber que considero sustancial: “El verdadero funcionario… de acuerdo con su propia profesión, no ha de hacer política, sino que ha de ‘administrar’ y, ante todo, de modo imparcial… en la medida en que no se afecten las ‘razones de Estado’… sin cólera ni prejuicio. No ha de hacer pues, precisamente aquello que el político, tanto el jefe como su séquito, han de hacer siempre y necesariamente, esto es, luchar”.
Habría que ver que tanto de emocional y que tanto de racional tienen las movilizaciones como “marchas, bloqueos y plantones” pues no hay que olvidar que estos son valiosos instrumentos de lucha cuando los gobiernos se vuelven insensibles ante las demandas de justicia ciudadana, demagogia aparte. Nuestra tarea como interlocutores entre gobierno y ciudadanía es formarnos y capacitarnos permanentemente, la de la burocracia actuar con eficiencia administrativa antes que políticamente y sobre todo con imparcialidad.
PD1. Valdría decir que Guerrero no tiene el privilegio de Michoacán de contar por primera vez en su historia con un gobierno estatal de filiación no priísta.
PD2. Hablar de que los partidos políticos están en decadencia es hablar principalmente de quienes han tenido la oportunidad de servir y se han servido de las necesidades materiales de los guerrerenses.




