Jaime Salazar Adame
Breve Historia de Guerrero
(Segunda y última parte)
La sobria edición de la Breve Historia de Guerrero, que comentamos, está financiada también por el Fideicomiso Historia de las Américas, y forma parte de la Serie Breves Historias de los Estados de la República Mexicana, tiene un tiraje de los tres mil ejemplares, y cuenta además con una nota de presentación de la presidenta de dicho fideicomiso Alicia Hernández Chávez, quien justifica este proyecto académico afirmando que “la obsesión por caracterizar a la historia exclusivamente como nacional desdibuja el hecho de que la realidad de México es más compleja y pluridimensional y que, por lo tanto, la dimensión regional es parte sustantiva de ella.
Por su lado, el maestro Luis González y González, autor del proyecto, en su Llamada General, reafirma su parentesco con la singular “Historia Mínima de México”, que dirigió don Daniel Cosío Villegas y publicó en su primera edición El Colegio de México, en agosto de 1973, apunta que dicha obra: “Obedece al propósito de dar a conocer la vida y milagros del México plural y desconocido”, para que la opinión pública disponga de “historias profesionales, hechas con rigor científico y simpatía y escritas sin bilis” y con lenguaje accesible, por autores oriundos y vecinos del estado que estudian.
En efecto, me parece que una historia con sentido humanista, expuesta en el contexto nacional e internacional, como lo exige el mundo globalizado cada vez más, el que hizo del planeta una aldea, ha recaracterizado a la Historia como una ciencia herrante en busca de una justificación, a la que en el pasado reciente atendían muy pocos, como lo señala Illades. La mayoría de los que por obligación de oficio tenían que preocuparse y ocuparse de este asunto, disfrutan en su relativo acomodo en la llamada historia oficial, aquella que hace gala de la oratoria, muy poco favorable a la complicación de las cosas, más atentos a la caída de las migajas del poder, que a un enjuiciamiento global y crítico de la circunstancia guerrerense.
La cuestión de la justificación incluso ha llegado a ser un asunto tabú, habida cuenta la tarea teórico-práctica que implica y la poca seguridad de poder obtener conclusiones válidas y definitivas. Frente a esto discordamos con el autor, Carlos Illades, acerca de que la historia guerrerense está por escribirse, porque el historiador debe hacer valer su función como eje de la Historia, siendo el responsable de lo que comunica, descubre y escribe. Sólo a través de él pueden los demás identificar el interés del pasado. Y cada generación aporta su visión del pretérito, a la luz e nuevos descubrimientos, del hallazgo de nuevas fuentes archivísticas, de los adelantos tecnológicos y un largo etcétera.
Así lo plantea la Historia General del Estado de Guerrero, que en sus cuatro volúmenes puso en librerías el INAH, el gobierno de Guerrero y JBH Editores, en 1998, pero, que por lo leído tales textos no estuvieron al alcance de nuestro colega, seguramente porque entregó su manuscrito el mismo año de edición de la citada obra, según consta en el prefacio signado en Iztapalapa.
Resulta pues, necesario, reconocer las posibilidades reales de cada grupo social en su propia época, sin confundirlo en el espacio ni en el tiempo y sin ponerlas al servicio interesado de nuestra tesis. En cambio, nos parece adecuado señalar que si la Historia es tránsito todo le conviene, aunque en su método debe atender prioridades de fundamento, que expliciten las líneas y las tendencias de ese movimiento como coincidimos con Illades.
La Breve Historia de Guerrero, en su confección omite notas a pie de página seguramente para que quienes la lean, disfruten de una lectura amena que no desea ser atropellada por la debida anotación de sus fuentes informativas, que en muchos casos el autor prefiere incorporar en el cuerpo del texto.
Como afirma Alvaro López Miramontes, no es fácil meterse en los breñales de la historiografía guerrerense, por la dispersión de sus fuentes, antes señaladas, pero es notorio que tampoco se cita en el libro que comentamos, la enciclopédica obra del historiador y político chilapeño, Miguel F. Ortega, que en veinte volúmenes mecanoescritos nos legó sus Fuentes para la Historia del estado de Guerrero, con una riqueza informativa principalmente de carácter archivístico y hemerográfico.
En cambio se arrastran inexactitudes y omisiones de textos que ahora son clásicos de nuestra literatura histórica como son las obras de Héctor F. López, Moisés Ochoa Campos, Amado González Dávila, Miguel Domínguez, por citar a los más conocidos.
Así por ejemplo, reiteradamente se identifica en más de 25 páginas al procer Juan Alvarez, como Juan N. Álvarez y Juan Nepomuceno Alvarez. Con motivo del 150 aniversario del nacimiento de nuestra entidad federativa, la Editorial Porrúa y el gobierno estatal publicaron el libro: Juan Alvarez. Cuatro ensayos. En uno de ellos, Teresa Pavía hace una relación circunstanciada del por qué no pudo haber sido Nepomuceno don Juan. Asimismo, don Hermilo Castorena hace lo propio en su texto denominado: La N de don Juan. Incluso existe la disposición oficial de que en todos los monumentos, calles, edificios y lugares públicos donde se encuentre inscrito tal nombre, sea retirada dicha inicial.
En lo referente al origen de los personajes que disputaron el control de la entidad federativa, se menciona al general Vicente Jiménez como oriundo de La Montaña, cuando lo es de la ciudad de Tixtla.
También puede resultar atribuible a la labor de edición, la inexactitud de nombres propios. Como el cambio de nombre a José de la Borda por el de Juan de la Borda (p.28); Leonardo Bravo no fue hijo de Nicolás Bravo sino al revés; los Bravo fueron originarios de Chilpancingo no de Chichihualco, lugar donde poseían una hacienda de producción no de habitación, como lo corrobora la información publicada por el doctor Edgar Pavía Guzmán; en dos paginas distintas se cota su origen en una y otra población; el mismo doctor Pavía no es originario de Guerrero, sino de Yucatán.
No se menciona la fecha fundacional del estado de Guerrero; la esposa de del general Francisco O. Arce no fue Celia sino Luz Noriega; Anselmo Torija no es Anselmo Torrija; Tetela del Río no es Tela del Río; Octavio Bertran no es Octavio Beltrán; Alberto Saavedra Ramos no es Alberto Saavedra Torrija; Jaime Castrejón Diez no es prospero empresario de Iguala sino de Taxco; Edmundo Moyo no es Edmundo Moyao, el Obispado de Chilapa se fundó en 1864 y no en 1916, etcétera.
Del año 2000 para acá varias han sido las publicaciones sobre el ser y la manera de ser de los guerrerenses, que enriquecen el conocimiento de nuestra entidad, como lo hace la Breve Historia de Guerrero. No olvidemos que la sociedad no arremete contra la Historia, simplemente la ignora, por eso esta importante obra de Carlos Illades, contribuye a su divulgación.




