Juan Carlos Moctezuma R.
De los equipos que jugarán entre hoy y el sábado los octavos de final, hay dos convidados que no estaban en la lista VIP: Colombia y Costa Rica.
El primero, miembro de la competidísima Conmebol, finalizó en segundo lugar, solo dos puntos debajo de Argentina y los mismos, arriba de Chile, una de las sorpresas de Brasil 2014.
El otro equipo es Costa Rica, que también quedó en segundo lugar en el hexagonal clasificatorio de la Concacaf, abajo solamente de Estado Unidos.
Ambos han asombrado por su futbol: Colombia por su exuberancia al ataque que ofrece amplísimas opciones gracias al talento ya probado de James Rodríguez; el fuelle de Juan Guillermo Cuadrado, que funge como mariscal en la media cancha; la salida y fácil incorporación al ataque que tiene el lateral Pablo Armero, y la experiencia de Jackson Martínez, un viejo lobo de mar que ha pisado varias canchas del mundo.
José Pékerman encontró en ellos el abono ideal para dar rienda suelta a sus ideas futbolísticas, nacidas en los cuadros juveniles donde se proclamó campéon varias veces.
Por su parte Costa Rica, tiene en su entrenador, el colombiano Jorge Luis Pinto, la base de su futbol.
Ha sido técnico de equipos en su país natal, en Perú, Ecuador y Costa Rica, adónde llegó por vez primera en 2002.
Aunque se le conoce con el apodo de El Explosivo, se ha mantenido humilde ante la lluvia de elogios por el juego de los ticos.
Su filosofía ha sido interpretada casi a la perfección por sus jugadores clave: Los delanteros Bryan Ruiz y Joel Campbell que juntan talento y velocidad; Christian Bolaños, un medio que fluye con el juego y que sabe interpretar correctamente el momento del partido y su arquero, Keylor Navas, un baluarte defensivo que ha sido de lo mejor del torneo.
Aunque Colombia es más efectivo, rítmico y lleno de individualidades y Costa Rica más pausado y grupal, lo cierto es que ambos equipos recuperan la escencia lúdica del juego que es el futbol.
Aunque pareciera verdad de perogrullo, el juego es eso, divertimento no sufrimiento, goce no dolor, risa, no llanto.
Por eso el futbol de los dos equipos se junta ahí, en ese punto que los ticos han agarrado como lema: ¡Pura vida!




