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Conmemora el Ballet Nacional 600 años del natalicio de Nezahualcóyotl

* Conjugan movimiento, música y vestuario en su coreografía El territorio recuperado  

Xavier Rosado * Seis siglos han pasado desde que vino al mundo a soñar el rey poeta de Texcoco, Nezahualcóyotl; no obstante, su legado se reinventa a través del movimiento de los cuerpos, de la música y el vestuario, todo conjugado en la coreografía El territorio recuperado.

El Ballet Nacional de México dirigido por Guillermina Bravo presentó dicha obra en el teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro de Convenciones el jueves a las 19 horas.

La pieza contó con la coreografía de Federico Castro, Jaime Blanc y Luis Arreguín (éste último en el papel del rey Nezahualcóyotl), quienes se basaron en el libro Semblanza de Nezahualcóyotl de José Luis Martínez.

La directora de la obra, Guillermina Bravo comentó al final del espectáculo que la idea original de El territorio recuperado surgió con el fin de conmemorar los 600 años del natalicio de Nezahualcóyotl, “un personaje que pasó a la historia como emperador y como pensador”, afirmó.

La maestra que fundara el ballet en 1948, hizo un guión y encargó a Guillermo Barclay el diseño de la iluminación, la escenografía y el vestuario.

Los versos del rey poeta fueron recitados por un narrador, Héctor Tajonar, cuya voz impulsaba a los 24 bailarines a contorsionar sus extremidades al ritmo de una música que incluyó a Stockhausen.

La coreografía está compuesta de cinco partes: el prólogo, El despojo y la huida, Nezahualcóyotl Rey y Guerrero, El poeta y Duelo en el que destacó la calidad interpretativa de los bailarines, quienes con sus cuerpos sublimados y entrelazados se distribuían sobre el escenario y sobre una roca de cuarzo para representar la vida del guerrero.

Por medio de la expresión corporal y de un mínimo de recursos escénicos, los bailarines marcan las diferentes etapas de la vida del rey poeta, en un enérgico despliegue de danza contemporánea.

El coreógrafo y protagonista de la obra, Luis Arreguín aseguró que el guión “retoma lo más importante de la vida de Nezahualcóyotl, cómo tuvo que salir de Texcoco ante la derrota de su padre y su regreso para recuperar el trono. De ahí viene el título de la obra”.

Agregó que el montaje de la pieza duró ocho meses, y la confección del vestuario demoró dos meses y medio.

Arreguín consideró que la apuesta es arriesgada, “somos un ballet de vanguardia. Como coreógrafos ideamos nuestra propuesta según la visión de lo que está pasando en la danza contemporánea. Esta ha evolucionando, ya no se concreta únicamente a las extensiones y esta tendencia es parte de la esencia de la compañía desde su fundación”.

Guillermina Bravo, quien en 1972 se retiró de la duela, tiene en su haber 57 coreografías, la última data de 1991, titulada Entre dioses y hombres. Su obra total se divide en ocho corrientes artísticas.

La maestra está convencida de que mientras más se retrocede a los orígenes de la cultura, mejor se entenderá el arte contemporáneo.

“El Ballet Nacional de México, y en general la danza contemporánea ya tiene un público. Es gente que busca y está pendiente de lo que hacemos. Eso ya es bastante”, concluyó la directora.

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