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Silvestre Pacheco León

  CRÓNICA MUNICIPALISTA

 La termoeléctrica de Petacalco

La termoeléctrica de Petacalco es una planta con capacidad para producir 350 megawatts en cada una de sus seis unidades. Inició sus operaciones utilizando carbón mineral pero desde hace algunos años opera con combustóleo.

El delegado estatal de la Profepa, Gregorio Torres Avilés, dijo a principios del presente mes que la termoeléctrica, localizada en la planicie costera del municipio de La Unión, está sometida a una auditoría ambiental que quedará concluida a mediados de diciembre, y que los “pendientitos” que tiene para la conclusión del procedimiento, consisten en retirar de la planta 400 toneladas de cenizas del carbón mineral que utilizaban como combustible, y otros residuos peligrosos que deben ser confinados conforme lo establece la legislación ambiental.

El propósito de la auditoría, a decir del propio delegados estatal, consiste en el interés de la Comisión Federal de Electricidad de que dicha planta termoeléctrica sea certificada como industria limpia.

Esta iniciativa de los directivos se inscribe dentro del propósito de iniciar la ampliación de dicha planta para que su capacidad alcance los 2 mil 450 Mega Watts el próximo año, con lo que se convertirá en la principal empresa generadora de electricidad en el país.

Sin embargo, la termoeléctrica no se ha preocupado por convencer a la sociedad costeña de que tiene un interés real en operar cuidando la limpieza del medio ambiente.

Aparte de las negociaciones eternas con los líderes de las organizaciones sociales de la región que se sienten directamente afectadas por la contaminación ambiental, no se sabe que la CFE ejecute acciones sostenidas y duraderas para atender el impacto que de por sí ha tenido el establecimiento de la planta termoeléctrica en la zona.

La CFE siempre se mantuvo en una actitud defensiva frente a las acusaciones de pescadores, mangueros y ganaderos afectados, desde que sus emisiones de gases a la atmósfera era un hecho cotidiano y evidente.

En el inicio de sus operaciones la planta se benefició de la política represiva del gobierno de Ruiz Massieu, quien quiso amainar las protestas de los lugareños maniobrando para que el triunfo del PRD en 1989 fuera desconocido en el municipio de La Unión, argumentando lo estratégico de la termoeléctrica que no debería correr el riesgo de estar dentro del territorio gobernado por un ayuntamiento perredista.

A partir de esos años el tratamiento que se dio a los inconformes que se quejaban contra el impacto ambiental de la termoeléctrica fue negociar indemnizaciones y apoyos con una evidente dosis de manipulación con fines electorales. Esa política se vivió en Zihuatanejo con los pescadores que luchaban contra el daño ambiental de Puerto Mío.

Después la planta cambió del uso de carbón mineral a combustóleo, bajo el supuesto de que las emisiones contaminantes a la atmósfera aminorarían.

Pero como las protestas y las demandas de indemnización solamente por temporadas cesaban, la CFE y los demandantes convinieron en que se contratara a la UNAM para realizar un estudio sobre el impacto de la contaminación y la cuantificación de los daños en la pesca y en los cultivos y en el suelo.

Los institutos más prestigiados de la UNAM fueron responsables del estudio que después sería cuestionado, porque éste no arrojó la cuantificación de los daños que los afectados reclamaban.

Los resultados de las investigaciones, aparte de mal redactadas, no son para el entendimiento de la gente común, por eso la suspicacia se apoderó de todos los que conocieron los estudios de la UNAM, haciéndolos a un lado y retomando los mismos métodos de lucha en los que se privilegia la negociación de un pago antes de demandar acciones reales para frenar toda contaminación.

Uno de los estudios que nos llamó la atención y leímos con detenimiento fue el presentado por el Centro de Ciencias de la Atmósfera, hace ya dos años, en cuyas conclusiones establece que la planta termoeléctrica carece de equipo de control para emisiones a la atmósfera, pasando de detallar que si bien es cierto que las partículas de bióxido de azufre y óxido de nitrógeno emitidas, no rebasan los límites establecidos en la NOM-085 ECOL para fuentes fijas, “el sistema de monitoreo continuo de emisiones no es confiable debido a fallas y omisiones” como “frecuentes fallas en la señal electrónica de los analizadores en campo al cuarto de control, infiltraciones en la línea de muestreo, frecuentes carencias de gases de calibración en áreas de analizadores, uso de gases de calibración con fechas de caducidad vencida, equipo fuera de operación por falta de refacciones y válvulas del sistema de dilución dañadas en unidades 1 y 2)”.

Ante la preocupación de los ambientalistas de Zihuatanejo por el efecto de las emisiones de la termoeléctrica a la atmósfera de Zihuatanejo, la Asociación de Ecologistas trajo a Zihuatanejo como invitado al físico norteamericano de la Universidad de California, John Jungerman, quien en 1995 explicó a un grupo de interesados el funcionamiento de una planta termoeléctrica y las experiencias que de estas hay en el mundo.

“Para generar energía eléctrica debe hacer calor, el calor hace vapor y éste hace rotar una turbina conectada a un generador de electricidad. En Petacalco en el 95 el calor se generaba con carbón. El vapor entra a la turbina con una temperatura de 500 grados Celsius y sale a 200. La mayor eficiencia que se puede alcanzar para convertir el calor en electricidad es del 33 por ciento, es decir, sólo la tercera parte de la energía del carbón se transforma en electricidad, lo demás se pierde”.

El calor que se desperdicia provoca que aumente la temperatura que luego es causa de la muerte de peces, ostiones y plantas marinas.

El uso de cualquier combustible en la termoeléctrica influye en el calentamiento global. Cuando se usa carbón, éste se transforma en dióxido de carbono que es el gas principal que atrapa la radiación infrarroja que viene de la tierra al espacio conociéndose como calentamiento global.

El carbón no es puro, algunas de sus impurezas en el uranio, elemento que al ser liberado al ambiente provoca radiaciones. Otra impureza del carbón es el azufre que al quemarse cambia a dióxido de azufre y si en el ambiente se combina con el agua se produce ácido sulfúrico que provoca grandes daños a los cultivos como lluvia ácida. Esa lluvia acidiza el suelo y mata la vida en agua y tierra.

En Estados Unidos y Canadá hay lagos que están inertes debido a la influencia de los vientos que llevan la contaminación de las termoeléctricas de Missouri, Ohio e Indiana que funcionan con carbón.

Para el Doctor Jungerman la contaminación de la industria no va a cambiar mientras no haya presión de la sociedad organizada y considera que ahora puede recurrirse al capítulo correspondiente del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

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