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Fortalecen el templo de La Conchita de Coyoacán tras intervención de tres años

*El inmueble del siglo XVIII es el primer edificio histórico de México protegido con fibra de carbono, material usado en las industrias aeroespacial y la automotriz

Yanireth Israde / Agencia Reforma

Ciudad de México

El arquitecto Raúl Delgado confía más en la mecánica estructural que en los favores divinos.
Pero la Capilla de la Inmaculada Concepción, monumento emblemático del Barrio de La Conchita, en Coyoacán, parece protegida por el cielo.
El 8 de diciembre de 2011, Día de la Inmaculada Concepción, tembló. Delgado, director de Sitios y Monumentos del Conaculta, llamó al arquitecto Julio Valencia, su entonces colaborador, para pedirle que visitara el templo. Temía el colapso del edificio del siglo XVIII.
Valencia informó que el sismo favoreció el inmueble: redujo sus grietas.
“Teníamos medidas todas las grietas, pudimos constatar que el movimiento las juntó. Es la primera vez que oigo que un sismo es favorable, casi siempre son unos terribles destructores”.
La capilla, conocida como La Conchita, suspendió servicios religiosos en 2010. Era un peligro para la feligresía.
Tres años de obras fortalecieron el recinto. Aún más: lo hicieron tan resistente como una nave espacial o un auto de carreras.
A la bendición divina habrá que sumarse la bendición tecnológica.
La Conchita es el primer edificio histórico de México protegido con fibra de carbono, material usado en las industrias aeroespacial y la automotriz, entre otras.
Otro monumento artístico que tiene un pie protegido con fibra de carbono es el Ángel de la Independencia, recuerda José Alfredo Saldaña, subdirector de Restauración de Monumentos.
Es un material más fuerte que el acero, pero liviano, por eso lo consideran una bendición tecnológica.
Una banda de 2 milímetros de espesor de esta fibra, acompañada de resina epóxica –alianza que aumenta la resistencia–, abraza el anillo de la cúpula de la capilla coyoacanense. La aprieta para mantener su geometría original, pues el peso de la misma amenaza romperla.
Pura “ingeniera mexicana”, presume Delgado. “Es como si la hubiéramos fajado para que no se abriera, no fue necesario un cinturón de acero”, detalla.
Además, esta faja es discreta y durable.
“Aspiramos a la perennidad, algo muy distinto de lo que ocurre con la arquitectura contemporánea”, contrasta el arquitecto.
Como las fajas que contienen desbordes del cuerpo, es discreta e interior. No se nota porque la recubren, el aplanado primero y luego el enladrillado de la cúpula de medio cilindro.
La inédita intervención permanecerá en monitoreo para evaluar su aplicación en otros monumentos del país, anticipa.
Hundimientos desiguales del terreno propiciaron la fracturas de esta joya del barroco popular, decorada con ajaracas, ornamento de resonancias árabes.
Como la capilla de 1524 se levantó sobre los restos de un centro prehispánico, la posterior ampliación, del siglo XVIII, encontró suelo firme, pero sólo en una parte, mientras la otra continuó sumiéndose por la extracción del agua en la zona donde estuviera el Lago de Coyoacán
Tensores de acero presionan el templo para mantenerlo estable, y para evitar el hundimiento desigual se construyó una losa de cimentación de concreto armado.
“Si tienes un suelo blando imagina un lápiz sobre una barra de mantequilla al que haces presión. ¿Qué pasa?: se clava. Pero si pones una moneda y haces presión, tendrá el lápiz más resistencia al hundimiento. Fue lo que hicimos. Si se hunde La Conchita lo hará de manera uniforme”, explica.
Para colocar esta losa fueron necesarias excavaciones que el INAH acompañó con un salvamento arqueológico que halló vestigios prehispánicos anteriores a los aztecas (Reforma 03/05/2013)
Devuelta la seguridad estructural, seguirán con la restauración de las ajaracas, la pintura y la carpintería, así como la limpieza del retablo para reabrir el templo este diciembre.
Entonces se notará la intervención de 13 millones y medio de pesos (8 invertidos más 5.5 presupuestados para este año).
Ya no dirán: “¡¿Y qué hicieron?, si La Conchita parece igual!”

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