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Jesús Mendoza Zaragoza

Una ciudad limpia, reto elemental

 Con agrado me enteré que trabajadores de la Dirección de Saneamiento Básico del H. Ayuntamiento de Acapulco vinieron a la colonia La Laja, donde yo vivo desde hace diez años, a hacer limpieza. Es una buena señal, mas no sé si esté relacionada con el artículo escrito por este servidor la semana pasada. En todo caso, con el ánimo de contribuir en algo a la solución del grave problema de la basura, no quiero quitar el dedo del renglón y, en esta entrega, quiero añadir algo más al respecto, pero en la perspectiva de las propuestas. Tengo que reconocer que ni soy político ni soy técnico, pero es bueno que políticos y técnicos ubicados en la administración pública escuchen opiniones de ciudadanos comunes y corrientes para que estructuren las soluciones más adecuadas.

Quiero decir que en mi entrega de la semana pasada no quise enviar un mensaje sobre mi colonia sino sobre toda la ciudad, en cuanto que ya es tiempo de que alguien organice a todos para tener limpia, permanentemente, la casa de todos. Las campañas de limpieza son necesarias pero insuficientes porque hay que pensar en soluciones integrales. Es posible que este tipo de soluciones no se puedan realizar en un trienio pero, al menos, pueden ponerse bases de una solución duradera.

Y una solución duradera requiere, para empezar, un diagnóstico, lo más completo posible, del problema. En el caso del problema de la basura habrá que identificar, con la mayor precisión, los factores que intervienen en el origen y en el crecimiento del mismo. Técnicos y profesionistas, expertos en la elaboración de diagnósticos, los hay y debieran ocuparse en la administración pública para la elaboración de programas eficaces en los servicios públicos. Si no existiera un diagnóstico serio y profesional, todos los esfuerzos que se realizan, sencillamente no entregan resultados satisfactorios. Si las autoridades publicaran sus diagnósticos atraerían la atención de la población para mejorarlos y para elaborar programas más atinados a corto, mediano y largo plazo.

Un diagnóstico acertado induciría, de suyo, proyectos de solución proporcionales a los factores que originan el problema de la basura, por lo tanto, estamos hablando de soluciones integrales ligadas a las políticas generales de gobierno. Esto quiere decir que la solución al problema de la basura integra un aspecto político y otro técnico, el esfuerzo requiere de una técnica adecuada, pero también de criterios (políticos) bien definidos para inducir la participación de todos los que estamos involucrados en el problema, de manera que nos convirtamos en parte de la solución, cada quien con sus propias responsabilidades.

Y ya sabemos que si para algo sirve la democracia es para esto, para que todos participemos. Pero hay siempre quien orienta y coordina la participación, y para eso ponemos gobiernos que asuman esta grave responsabilidad. Y a este gobierno municipal le asignamos esa tarea y tiene la grave responsabilidad de cumplirnos. El gobierno debe hacer lo suyo y debe promover a todos los sectores de la población para que cada quien haga lo suyo, contando con instrumentos jurídicos e institucionales, y con recursos humanos y financieros. Una cosa es cierta: el gobierno solo no tiene capacidad para solucionar los problemas de la ciudad, pero lo puede hacer en la medida en que se convierte en artífice de la participación social. Y para esto tiene que acercarse a la gente y convencerla. ¿Por qué hay ciudades limpias en otras latitudes del país? Porque han conseguido una cultura adecuada forjada mediante la educación. Y, ¿quiénes educan? Educan las escuelas y educa la familia; educan los medios de comunicación –si se les usa para ello– y educan las iglesias; educan los sindicatos y educan las empresas. Vamos, hasta los partidos políticos educan. Todos estos espacios de educación pueden ser convocados para esta tarea. Si todos nos convencemos y colaboramos, claro que podremos tener una ciudad limpia.

Una ciudad limpia es lo menos que nos podemos pedir, es lo elemental, una señal de civilidad y de dignidad. Y Acapulco debe dignificarse por su propio bien. Abatir este problema tan elemental serviría de entrenamiento y nos haría capaces de colaborar en la solución de otros problemas más.  Y esta es la democracia, que siempre es más una tarea que un logro. De otra manera, ¿si la democracia no nos sirve, al menos, para tener una ciudad limpia, para qué otra cosa nos puede servir? Y lo mismo podemos decir para otros problemas de la comunidad como la inseguridad pública, la drogadicción de nuestra juventud, etc.

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