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Llegaron a Tlapa los cuerpos de los tres jóvenes muertos en EU

 * Dos eran de Atzompa, municipio de Metlatónoc * No reclaman aún a Bicifina Villamil Cano

 Gaudencio Mejía, corresponsal, Tlapa * Los cuerpos de los jóvenes originarios de Atzompa, municipio de Metlatónoc, Javier Pantaleón Martínez y Celerina Vélez Reyes, junto al cuerpo de una mujer de nombre Bicifina Villamil Cano de 19 años de edad, llegaron a la ciudad de Tlapa, la noche del pasado domingo, en una carroza funeraria de Matamoros, Tamaulipas.

La causa de los decesos fue un choque de tránsito en el distrito de Tulsa, Oklahoma, Estados Unidos, el 30 de septiembre.

El chofer de la funeraria Ramírez, Carlos Pérez Maldondado y miembro del Semefo de Matamoros, en cuanto llegó a Tlapa, luego de viajar solitario con los tres cuerpos durante 24 horas, se dirigió al Barrio de San Antonio para hacer formal entrega de los cuerpos de Javier Pantaleón y Celerina Vélez en manos de los familiares que, consternados, los esperaban.

En el certificado de defunción se establece que el accidente mortal sucedió en el condado de Mayes, de la ciudad de Chotau, del distrito de Tulsa, estado de Oklahoma.

Los familiares en cuanto tuvieron los cuerpos se los llevaron para velarlos y enterrarlos conforme a las costumbres de la comunidad de Atzompa, que se encuentra en las altas montañas de Metlatónoc colindante con el estado de Oaxaca; de donde eran originarios, luego que el presidente municipal, Saúl Rivera Mercenario, les facilitara el transporte para trasladar los cuerpos.

Narraron los familiares de Javier Pantaleón, éste tenía 14  años de edad y  que recién se había casado el 25 de julio con Reyna Jiménez Vázquez de la comunidad mixteca de Cahuatachi, municipio de Xalpatlahuac, quien también viajaba en el carro que se accidentó, pero que afortunadamente salió ilesa.

No aparecen los familiares de Bicifina

Mientras tanto, el cuerpo de Bicifina Villamil Cano, hasta la tarde del día lunes se mantenía en calidad de desconocida, en virtud de que ninguno de sus familiares se presentó a la comandancia de la policía municipal a reclamar su cuerpo.

Sin embargo, decenas de personas se acercaban al carro con placas XAL-11-07 de Tamaulipas, México, pidiendo ver la cara de la occisa sin poder conseguirlo.

Aunque el nombre no era reconocido por nadie, muchos querían saber de quién se trataba viendo el cuerpo.

“Quiero ver su cara, porque a lo mejor es mi familiar. Ellos mismos se cambian los nombres estando por allá, o también los gringos no pueden pronunciar correctamente los nombre en  español” decía un señora que veía con desesperación el carro de calor vino.

Carlos Pérez Maldonado, molesto y cansado, esperaba que alguna autoridad municipal le recibiera el cuerpo y poder descansar un poco, para después emprender el regreso.

En la noche del domingo el Ministerio Público no le hizo ningún caso al señor Pérez Maldonado y se limitó hasta el siguiente día lunes a redactar un documento dirigido al Hospital General, para que ahí se resguardara el cadáver de Bicifina Villamia; pero la persona que estaba de guardia en el Hospital se excusó diciendo que no tenía las llaves y luego el director dijo que no tenía lugar.

—¿Ha estado insistiendo?

—En todo momento. No se por qué ninguna autoridad me quiere recibir el cuerpo, nadie se quiere hacer responsable y me extraña porque no les estoy pidiendo que lo carguen. Yo sólo quiero entregarlo, para irme a descansar un poco, vengo muy cansado luego de viajar alrededor de 24 horas. Contestó Pérez Maldonado con cara de cansancio.

—¿Ya ha tenido este tipo de experiencia ?

— No, tengo muchos años entregando cuerpos a los familiares. Conozco muy bien todo el procedimiento, pero al parecer aquí nadie conoce de nada. La comandancia de la policía municipal dice no saber nada y que no me recibirían el cuerpo.

— ¿Y ahora qué va a hacer ?

—  Seguir insistiendo. Ya di aviso a la radio, La Voz de La Montaña. Me extraña mucho que nadie tenga capacidad de decisión. No tengo porque seguir cargando el muertito, porque los documentos están en regla.  

Pero no fue sino hasta poco más de las tres de la tarde en que se arregló el traslado del cuerpo de Bicifina Villamil Cano al Hospital General, luego de la intervención del propio presidente municipal, Rufino Vázquez Sierra, a través de su secretario municipal, Arturo Valencia Méndez.

Se espera que pronto se localicen los familiares y reclamen el cuerpo de Bicifina Villamíl Cano, cuya única referencia es el certificado de defunción donde una persona de nombre  “Seperino Rosales”  (Zeferino Rosales) fue quien dio los datos al director de la funeraria, Midtown  Tulsa, Chapel  8 N. Trenton, Robert McLemore, en el Estado de Oklahoma.

Son comunes estos accidentes, por la desesperación de los coyotes

Israél Martínez Labra, regidor de Comercio, del Ayuntamiento de Tlapa, entrevistado al respeto dijo que son muy comunes este tipo de accidentes en Estados Unidos, por la desesperación de los coyotes que conducen “a todo lo que da el carro”, metiendo en una camioneta pick up hasta dieciocho personas acostadas de lado como si fueran pescados.

Señala que cuando una vez viajó hacia Nueva York, los coyotes de ambos lados de la frontera, todos de origen mexicano, gritan en todo momento:

— ¡Hijos de su puta madre, súbanse rápido, porque me si llegan a agarrar, a ustedes los mato!

Cuenta además que, cuando viajó, nunca vio que el conductor del carro hiciera algún cambio de velocidad, que pisa todo lo que da el pedal. Pero que entiende que es por la desesperación, porque si un día al coyote lo llega a agarrar la policía gringa, tiene seguro treinta años de cárcel y hasta una posible ejecución por ser un delito muy grave.

“Por eso uno entiende, es por la misma desesperación y no miden consecuencias”.

“La desesperación  -señaló- inicia desde que esperas boleto para cruzar la frontera, tirado debajo de un árbol, cuidando que no te vean las moscas como le llaman los coyotes a los helicópteros que siempre andan sobrevolando encima de uno”

Martínez Labra,  prosigue “después tenemos que caminar 12 horas, iniciando desde Naco, Sonora; entre barrancos, cerros y montañas áridas. Uno sube y baja para llegar al lugar de paso donde esperan los carros del otro lado y ahí empieza lo feo. 

Te meten a un carro como un marrano y a mentadas de madre siempre

— ¡Apúrate hijo de la chingada. Hijo de tu madre, apúrate! Gritan, según Israél.

 Si te va bien hasta llegar Tucson, Arizona, ya la hiciste, porque ahí ya es fácil tomar un avión hasta Nueva York”.

— Un señor de Atzompa, me contó que son bien tratados en el estado Tennessee y que a pesar de no saber español ni inglés, podía trabajar a base de señas. ¿Qué me dices al respecto?

— Debe ser. Pero es que el gringo es listo y tiene catalogado  a los mexicanos de aguantar mucho en el trabajo. Al gringo no le importa que seas mudo, lo que le importa es que estés bien en lo físico y que respondas en el  trabajo.

—¿En qué trabajan los paisanos por allá?

—La mayoría de diswasher, de lavaplatos y meseros. Otros en el campo y en marquetas, donde son muy mal pagados y muy pesado el trabajo.

— ¿Se sufre, entonces ?

— Mucho. Por eso yo creo que si logran pasar la frontera y llegar a su destino, deberían valorar su trabajo cualquiera que sea.

Si Dios los ayudó a pasar deberían ahorrar y después disfrutarlo con su familia, invirtiendo en algún negocio o en la construcción por lo menos de su casita y,  no meterse en problemas, enrolándose en las bandas y  las drogas que, por cierto, muchos paisanos de Tlapa andan por ahí metidos.

Muchos están sin empleo, otros en la cárcel, otros en las drogas y el alcohol. Muy pocos aprovechan el trabajo donde se les paga bien, hasta 8 dólares por hora.

Así es la vida por allá. Se gana bien pero se debería cuidar el dinero. Se debería aprender de los poblanos, que se ve el cambio en sus comunidades, como los de Piaxtla, Chinantla y Tulcingo del Valle–termina  diciendo  Israél con cierta nostalgia, quien estuvo cuatro años en Nueva York, Estados Unidos.

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