Anituy Rebolledo Ayerdi
Lawrence de Arabia
(Primera de cinco partes)
Tamerlán
Los secuaces del mongol Tamerlán, conocido también como Timur Leng, El Cojo, pasan a cuchillo y degüellan a 800 mil habitantes de Bagdad, consumando en el siglo XIV la conquista de Mesopotamia. Los sobrevivientes de tan cruel carnicería abdican a cualquier resistencia y sólo piensan en salvar el pellejo. Enloquecidos de pavor y abatidos por la impotencia, los líderes conciben un plan no menos demencial para apaciguar la furia del cruel mongol e incluso enternecerlo.
Mil niños entre cuatro y diez años, todos vestiditos de blanco, caminarán al encuentro de Tamerlán entonando himnos de paz y portando manojos de flores del desierto en señal de rendición y vasallaje.
El proclamado heredero de Gengis Khan sonríe ante la ingenuidad de los habitantes de Bagdad y no faltarán quienes descubran en aquél rostro demoníaco un rasgo de ternura. Nada más falso. De un salto toma las riendas de su corcel negro como acerina para ponerse al frente de una caballería con capacidad destructora superior a mil cañones. El tropel equino hará retumbar la tierra en varios kilómetros a la redonda y levantará una tormenta de polvo cegadora que todo lo oscurece.
El espectáculo cuando vuelva la luz aturdirá los sentidos, crispará el alma y revolverá las entrañas. Ninguno de aquellos frágiles cuerpecitos estará completo. Despedazados por las patas de los caballos troncos, cabezas y miembros quedarán dispersos en la tierra hirviente haciendo imposible cualquier recuperación. La pelea será entonces contra las aves de rapiña.
Para redondear hazaña tan crudelísima, el bien llamado “Príncipe de la destrucción” utilizará a dos mil prisioneros como adobes en la construcción de una muralla en las afueras de Bagdad. Se solazará finalmente admirando 120 gigantescas pirámides edificadas por sus soldados utilizando exclusivamente cabezas humanas. Cuentan los cronistas de aquella jornada que las aguas del Tigris se tiñeron de rojo.
Mesopotamia
Mesopotamia es un nombre griego que alude a la Tierra entre dos ríos –Eúfrates y Tigris–, misma tierra de la hoy aniquilada República de Irak. El valle prodigioso será asiento de varias culturas a lo largo de milenios y entre ellas la sumeria, la acadia, la caldea y la asiria. Cuando sea conquistada por los árabes en el siglo VII, Bagdad será un califato rico , culto y floreciente.
La siempre asediada Bagdad, conocida paradójicamente como Madinat al- Saalam (¡Ciudad de la paz!), había sido fundada en el año 762 por califa Abu al-Mansur, aunque su apogeo lo alcanzará bajo el califato de Harún- al- Rachid, un personaje verdaderamente fuera de serie.
Tiene en su haber la fundación de la Universidad Al-Mustansiriya, el mayor faro intelectual del medievo, y él mismo figura como uno de los héroes legendarios de Las mil y una noches.
Al-Rachid habría mantenido contactos con Carlomagno de Francia e incluso le habría obsequiado una “máquina de guerra”, quizás una catapulta lanzadora de bolas de fuego.
Una primera invasión de Mongolia a la Mesopotamia en 1258 había destruido unas sorprendentes obras de irrigación, las primeras sin duda conocidas por la humanidad.
El sultán turco Solimán El Magnífico repetirá un siglo más tarde ( 1534-35) la barbarie de Tamerlán y Bagdad ya no volverá a ser la misma. Los turcos llegarán para quedarse en el siglo XV y sólo serán echados ya muy entrado el XX. Sobre esto último versa esta historia.
Colonialismo
El colonialismo no es ciertamente un producto decimonónico pero sí alcanza en el siglo XIX su más cínica expresión. La de programa político y económico de las grandes potencias e incluso ideal moral y filosofía.
Arma vieja de los más fuertes, el colonialismo se torna en 1850 particularmente agresivo y brutal. La Gran Bretaña, Holanda y Alemania figuran entre sus más entusiastas seguidores y ejecutantes.
El colonialismo será identificado por sus voceros como una “ley del desarrollo histórico” y lo definirán bárbaramente como “expresión del designio de la Providencia”. El escritor inglés Rudyard Kipling será uno de ellos, orgulloso por lo demás de ser conocido como el “cantor del imperio”. Es el mismo que ha solazado con sus narraciones a varias generaciones en el mundo y que hoy mismo emociona a millones de niños y jóvenes con sus caricaturizados personajes de El libro de la selva. Nobel de Literatura en 1907, Kipling es también autor de Kim, El libro de las tierras vírgenes y Capitanes intrépidos.
La Gran Bretaña poseía en los albores del siglo pasado colonias con una superficie global de 33 millones de kilómetros cuadrados. Ocupada por 450 millones de habitantes, o sea, la cuarta parte de la población mundial. La Segunda Guerra acabará con el injusto status colonial aunque, paradójicamente, dará vida a nuevos y muy crueles colonialismos.
Los ingleses, cuando ayuden a los árabes a deshacerse del yugo de los turcos, no serán guiados por el ideal de Lawrence de “crear una nación árabe soberana e independiente”. La siempre “pérfida Albión” irá como siempre tras su gorda y jugosa tajada de pastel. Hoy mismo lo hace.




