Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Anituy Rebolledo Ayerdi

Cómo han pasado los años (XXIV) Los treinta acapulqueños

Censo y mercado

El censo de población de Acapulco en 1930, a tres años de la apertura de la carretera México-Acapulco, arroja una población fija de 6 mil 528 habitantes “y un chingo de turistas”, en la expresión popular no censada y menos censurada… Cuando han pasado ocho años del suceso histórico, los acapulqueños demandan urgente clausura del mercado Zaragoza, llamado así por estar en la calle de ese nombre (hoy, Escudero, junto a Woolworth). El argumento es contundente: “el único centro de abasto del puerto está habitado por miríadas de ratas y otros bichos rastreros representando un alarmante y peligroso foco de infección para sus habitantes”. El coronel Agustín Flores, presidente municipal impuesto por el gobernador general Alberto F. Berber, atiende la exigencia popular aplicando el pico y la pala.
–Póngale ahí que tumbé el mercado a petición popular y porque apestaba a pura caca–, responde el alcalde cuando el secretario pide argumentar la demolición.
Acapulco tendrá nuevo mercado hasta que lo construya el gobernador chilpancingueño, general Gerardo Rafael Catalán Calvo (1941-1945), en un predio lacustre sembrado de zacate pará, conocido justamente como “Parazal Fernández”.

Alcaldes acapulqueños

Nicolás Reyes (?,1930); Carlos E. Adame (chilpancingueño, 1933-1934); Efrén Villalvazo Alarcón (chilpancingueño, 1936); Eduardo Estrada Galeana (tecpaneco, 1937); coronel Agustín Flores (1938); Baltazar Hernández Juárez (atoyaquense, 1939); Domingo Cuevas Luna (interino, 1939).

Cruz Roja

El doctor Felipe Valencia asume con entusiasmo una iniciativa lanzada en 1938 por el Club Rotarios de Acapulco. Se trata de fundar en el puerto una delegación de la Cruz Roja Mexicana. En la misma sesión donde es aceptado como socio de la agrupación internacional, el médico ofrece su consultorio en Cinco de Mayo como primer puesto de socorros. Pide quizás una enfermera que lo auxilie y así, con tal elementalidad, pero con una enorme vocación de servicio, operará dos años en tan benemérita institución.
Llegado el momento de abandonar el puerto, Valencia logra que un colega suyo, generoso y solidario como él, se haga cargo de las emergencias. No es otro que el doctor Arturo Canales, quien las atenderá en el Hospital de Acapulco, bajo su dirección.

Por cuánto me lo das

Los primeros turistas extranjeros que se atreven por la recién abierta México-Acapulco, maldicen haberlo hecho, lo mismo que al gobierno callista que la pregonó como obra de primer mundo. Y razón no les faltaba porque transitar por aquella vía era un auténtica hazaña pues de Chilpancingo al puerto era una peligrosa brecha rural, con ríos impetuosos sin puentes. Resultaba entonces comprensible que los precios de diversos artículos de consumo y los servicios se mantuvieran como si llegaran por barco. Caros, pues.
Una gallina costaba 12 centavos, un blanquillo 3 y 5 el litro de leche. También 5 centavos la docena de ojotones y 5 un agujón y hasta 8 centavos el ronco y las mojarras. El kilo de café en grano, 70 centavos; la manteca, 95 el kilogramo; una la lata de chiles jalapeños, 35 centavos y el kilo de jamón cocido, 6 pesotes.
La limonada Trébol, primera y única gaseosa embotellada en Acapulco por su creador don Rafael Pintos, 5 centavos. Las cervezas 20 y 25 centavos, mientras que el coñac francés, legítimo, se cotizaba a razón de 50 centavos la copa generosa.
Jabón Colgate chico, 15 centavos. Petróleo para candiles o quinqués, 20 centavos el litro y 15 el de tractolina para estufas. El aceite para motor, importado, un peso y hasta 1.25. Un automóvil Ford 1934 alcanzaba los tres mil pesos, cotizándose dos años más tarde un Chevrolet en seis mil pesos.

CTM vs CROM

Vicente Lombardo Toledano, un teórico del socialismo, funda en 1936 la Confederación de Trabajadores de México, CTM. Cuando vean a su líder máximo con el mismo traje día con día, mes con mes y año con año, los trabajadores harán una cooperacha para comprarle uno nuevo. Ignoraban, por supuesto, que el poblano tenía en su guardarropa el mismo traje repetido hasta 20 veces.
Tres años más tarde, ya arraigada la central en Guerrero, crea aquí una sección denominada “Alijo”, para pelearle a la CROM su dominio laboral en los muelles del puerto. Los cetemistas no acudirán a los tribunales del trabajo sino directamente al abordaje. Lo harán realmente al tomar por asalto el vapor estadunidense Carrington, descargado en aquel momento por los cromianos. La sorpresa y los garrotes favorecerán en aquel momento a los piratas auténticos
Engolosinados por aquella victoria, los cetemistas irán por todo y con todo asaltando esta vez la propia sede de la CROM, en el barrio de El Rincón (La Playa). La respuesta de los cromianos será contundente, brutal. Responderán garrote contra garrote y bala contra bala, haciendo finalmente huir a los agresores, lanzando a no pocos al mar. El saldo de la refriega fue un muerto de bala y una cincuentena de garroteados, llevando la peor parte los asaltantes. Será este uno de los primeros actos de gansterismo sindical, repetidos luego entre los propios cetemistas, nunca más contra la CROM.
Se recordará entonces que el nuevo amo y señor de la CTM , Fidel Velázquez, se había iniciado en los años 20 como dirigente de la Unión Sindical de Trabajadores de la Industria Lechera, ¡afiliada a la CROM! El establero en niñez y juventud que llegará a hacer valer en México un poder superior a los tradicionales, legislativo y judicial. ¡Nomás sus chicharrones tronaban, pues!

La olimpiada de Berlín

Los XI Juegos Olímpicos se celebran en Berlín, Alemania (1936), en plena parafernalia nazi y en los que se imponen 16 nuevos records.
Adolfo Hitler (¿sería hoy en México consejero de Calderón?) mentará madres a más no poder cuando tenga que premiar al estadunidense de Alabama, Jesse Owens, ganador de cuatro medallas de oro en 100 y 200 metros planos, salto de longitud y relevos 4×100. Hitler se niega a entregarle los trofeos argumentado que el ¡schwarze hurensohn! (negro hijo de puta) desmentía su teoría sobre la a superioridad de la raza aria. El silencio de los alemanes en el estadio será un severo reproche no para el deportista sino para el dictador. ¿“No que no, pinche loco”?, comentará un deportista mexicano excluido igualmente de aquella categoría.
México logró entonces tres medallas de bronce: Fidel Ortiz, en box y los equipos de polo y baloncesto. Este último le tupió a Polonia 26-12.

La Cafiaspirina

Los laboratorios Bayer lanzan en 1935 la Cafiaspirina en calidad de cura milagrosa para los dolores de cabeza. Agustín Lara, artista exclusivo de la empresa germana, recomienda en sus programas por la XEW: “Hermanos del alma, si un dolor los domina, alíviense con Cafiaspirina”. Estrena en ese espacio nocturno de lunes, jueves y sábados: Piensa en mí , Escarcha, Mía nomás y Veracruz.
 
El Mundial de Uruguay

Durante el mundial de futbol de 1930, en Uruguay , la selección mexicana se enfrenta a Francia, Chile y Argentina con los marcadores siguientes:
Francia 4, México 1
Chile 3, México 0.
Argentina 6, México 3
Los goles mexicanos fueron: dos de Felipe Rosas, (Atlante) , uno de Roberto Gayón (América) y otro más de Carreño.

Los Ejidos

Los presidentes de la república Abelardo L. Rodríguez y Lázaro Cárdenas del Río dotan a 3 mil 554 campesinos de Acapulco, entre 1927 y 1931, con más de 63 mil hectáreas integradas en más de 30 ejidos.
Las mayores dotaciones fueron para los ejidos de Xaltianguis (10 mil has.); Xolapa (6 mil 501 has.); Sabanillas (3 mil 794 has.): La Sabana (3 mil 100 has.): Altos del Camarón (3 mil 087 has.): Kilómetro 30 (2 mil 915 has.); Ejido Nuevo (2 mil 659 has.); Piedra Imán (2 mil 600 has.); El Jardín (2 mil 560 has.); Pueblo Madero (2 mil 350 has.); con mil o más de mil hectáreas: Amatepec, La Calera, La Providencia, Las Cruces y Plan de los Amates.
La euforia campesina se tornará muy pronto en rebeldía y rencor. Cuando muchas de aquellas hectáreas pasen a otras manos por decreto del mismo poder que se las había dado, dizque como conquista revolucionaria. Nunca se hará efectiva la vieja sentencia de “quien da y quita con el diablo se desquita”.

El Cinenal

El cine nacional se acogió en Los Treinta a la temática rural y lo hizo con mucho éxito. Tanto que varias películas de aquella época son hoy mismo emblemáticas de una industria hoy agotada. Estas son algunas:
Vámonos con Pancho Villa (Antonio R. Frausto y Domingo Soler); Allá en el Rancho Grande (Esther Fernández y Tito Guizar, premio en Venecia a la fotografía de Gabriel Figueroa); Amapola del camino (Andrea Palma y Tito Guizar); Adiós Nicanor (Carmen Molina y Emilio Indio Fernández); Jalisco nunca pierde (Esperanza Bauer y Jorge Vélez); El cementerio de las águilas , (Margarita Mora y Jorge Negrete); En tiempos de don Porfirio (Marina Tamayo, Fernando Soler y Joaquín Pardavé); Los de abajo (Esther Fernández y Miguel Ángel Ferriz).
(Hoy la telera las ofrece como como rigurosos estrenos. Y no miente).

Lo que se escuchaba

En 1936 se ensaya lo que más tarde se denominará el hit parade musical. Figuran en esa primera lista como lo más escuchado en México: El Ratón vaquero, de Cri Cri; Janitzio, de Silvestre Revueltas; Relámpago, de Chucho Martínez Gil; Veracruz, de Agustín Lara, Vereda Tropical, de Gonzalo Curiel y María Elena, de Lorenzo Barcelata.
Curiel, se ha dicho, se habría inspirado para su Vereda caminando por la que llevaba a la playa Manzanillo, cuando no había Costera, por supuesto. Sobre el vals María Elena también se ha dicho que fue compuesto al alimón por Barcelata y nuestro José Agustín Ramírez, ambos integrantes del famoso Cuarteto Tamaulipeco. Agustín le habría cedido sus derechos en torno a una mesa de cantina, ya hasta atrás.

Lara, El Rey

Aunque Agustín Lara dominaba el escenario musical de la ciudad de México, hubo en Los Treinta compositores que llegaron a apabullarlo y entre ellos el portorriqueño Rafael Hernández. Lo hizo con estas tonadas: Perfume de gardenias, Lamento borincano, Capullito de alhelí, Silencio y más. Otro fue el chiapaneco Alberto Domínguez, autor de Frenesí y Perfidia, dos temas que darán la vuelta al mundo, tomado el segundo como rúbrica de la big band estadunidense de Artie Shaw. Curiel, por cierto, le hará contrapeso a Lara durante toda la década con Incertidumbre, Noche de luna, Muchacha del alma Mañanita, Mi querer Confesión y más. El chileno Juan S. Garrido tendrá el atrevimiento de meterse en los dominios de Lara cantándole a una Noche de luna en Jalapa, y Joaquín Pardavé, el extraordinario comediante del cine mexicano, dejará varios testimonio de su numen poético: Negra consentida, Falsa y No hagas llorar a esa mujer.
Otras obras de entonces y por las que no han pasado los años: Cuando me vaya y Altiva (María Grever), Hamaca y Mentira (Luis Arcaraz), Nocturnal (José Sabre Marroquín), Quisiera ser (Wello Rivas), Creí (Chucho Monge), Nochecita (Victor Huesca), Fondo azul (Guty Cárdenas), Cuando ya no me quieras, (Cuates Castilla, residentes en algún tiempo de Acapulco), Qué voy a hacer sin ti (Roque Carbajo), y Mi pensamiento (Alfredo Núñez de Borbón).
Que nadie se apene de mirar al pasado, la nostalgia es un alimento del alma.

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