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Jaime Castrejon Diez

 Ignacio Manuel Altamirano

 En el escándalo sobre el espionaje político que se pone de manifiesto en relación a un libelo que se ha utilizado para atacar a la profesora Elba Esther Gordillo, hay algo que quisiera expresar. No voy a defender a la profesora ni voy a hablar del espionaje telefónico que es por todos motivos condenable, sino el hecho de que sea una Asociación que participa en la política sucia, que viola la ley al intervenir teléfonos y que se adjudique el nombre de Ignacio Manuel Altamirano.

Ignacio Manuel Altamirano es uno de los símbolos del país, su gran reputación como orador, como político, diplomático, escritor se basaba en algo muy importante que esta asociación ignora: que Ignacio Manuel Altamirano siempre dio la cara, sus opiniones a veces le costaron, pero nunca se escondió para dar sus opiniones, para hablar con franqueza, él se consideraba un hombre de armas y de letras y fue combatiente no solamente con sus ideales y siempre encabezó causas en las que creía con una gran virilidad y sin esconder ni sus opiniones, ni sus participaciones.

Cuando se restauró la República, dijo que había terminado su misión de espada y se dedicó a las labores culturales. Fue un periodista que siempre firmaba sus escritos, fundó el Correo de México en 1867 con Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto, también en 1869 la revista El Renacimiento, en la que Altamirano trató de reunir a los escritores de todos los credos y fiel a su tradición liberal, mostró su espíritu de tolerancia en el campo de las letras y siempre buscó la concordia entre los intelectuales. Fue tal su tolerancia en el campo de las letras que quedó claramente expresado en la exhortación que hizo como director de la revista a la concordia de los intelectuales de todos los bandos. Tanto románticos, neoclásicos, eclécticos, conservadores, juristas, progresistas, figuras consagradas y jóvenes que se iniciaban en las letras acudieron a su revista y su revista fue un ejemplo de tolerancia y pluralidad.

Se considera que Ignacio Manuel Altamirano fue el puente entre los hombres de la generación del liberalismo ilustrado y aquellos que estaban por la renovación literaria. Tenía el respeto de su maestro Ignacio Ramírez, de Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Vicente Riva Palacio y también de la generación joven de esa época: Manuel Acuña, Justo Sierra, Luis G. Urbina, Manuel M. Flores y otros.

La figura de Ignacio Manuel Altamirano como hombre de armas y de letras, muestra el perfil de un hombre que luchaba por sus ideales y no se eximía de luchar con las armas, por las causas por las que él creía.

En toda su obra hay algo que es muy importante, nunca fueron anónimos sus escritos, nunca participó en conjuras detrás de la puerta, por el contrario fue un hombre que lanzó sus ideas, muchas veces antes de que hubiera los movimientos y en muchas ocasiones la persecución a su persona se debió al arrojo y a la valentía con que expresaba sus ideas.

Es por eso que yo creo que el haber escogido el nombre de Asociación Ignacio Manuel Altamirano para lanzar anónimos, para esconderse detrás de un hombre ilustre, traicionan la memoria de Ignacio Manuel Altamirano; hay que recordar que en los años 70 en El Renacimiento, La Tribuna, La República, y El Federalista, periódicos que él mismo fundó, no solamente ponía su nombre a lo que el escribía sino ponía su nombre a la publicación que daba cabida a todas las formas de pensamiento.

Creo que tratar de utilizar el nombre de un ilustre liberal para desde la oscuridad lanzar ataques a quien sea, es una posición de gran vileza y quiero decir, que no quiero con esto defender a ningún político actuante, lo único que creo es que el periodismo debe ser como lo concibió Altamirano, una actividad crítica, pero firmada. El anonimato le quita cualquier atributo a una posición política, es preferible que por respeto a la memoria del ilustre liberal esa Asociación se cambie de nombre o ellos mismos firmen sus trabajos.

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