Aurelio Peláez
En el ajedrez hay un sistema de desempate en los torneos que se juegan con el llamado Sistema Suizo. Consiste en que después de las 10 o 12 rondas de juego, si dos jugadores empatan en puntos (una victoria da uno y un empate medio), se suman el puntaje de los jugadores con los que se han enfrentado cada uno y se otorga el triunfo al que el conjunto de sus rivales sume más.
Es decir, que si los diez rivales de K suman 30, y el conjunto de los de Y 29, el ganador del torneo es K, aunque ambos sumen 8.5 puntos.
Si es posible trasladar esta interpretación al futbol, y en concreto al Mundial 2014, la selección de México no se puede dar por mal servida, dado que dos de sus rivales, Brasil –con el que empató– y Holanda –con el que perdió polémicamente– se disputan este sábado el tercer lugar. En términos de la calidad de los rivales enfrentados y las posiciones que ocupan al final de la Copa, no está mal.
El asunto me recuerda una crónica que leí en la sección deportiva del diario español El País hace como 15 años. Los nombres reales de los protagonistas los he olvidado pero el hecho se dio en Italia, en el contexto de la llegada al mercado del futbol europeo del primer japonés.
Pongamos que se apellidaba Yamamoto y fue fichado, con las debidas reservas, por un equipo de mediana tabla del Calcio, digamos el Catania. Contemos además que el equipo no desembolsó nada en esa adquisición, que viene patrocinada por una empresa japonesa –Susuki o Nissan– que como parte de su campaña de marketing le interesa que un futbolista nipón aparezca en la ventana de ese continente. Los directivos italianos hacen el convenio, pensando más en el aspecto comercial que en el deportivo.
Y entonces Yamamoto debuta ante el Milán. En el minuto 80, cuando ya no puede hacer mucho daño a su propio equipo en un partido que de todas formas está perdido. Yamamoto entra como si se hubiera comido un sushi energético. Corre al medio campo, corre tras el balón, corre hacia el área rival y saz, se estrella contra Nesta (o Maldino), el mejor defensa del mundo. El resultado es que termina con una pierna rota.
El cronista remata: bueno, debutó contra el mejor equipo de Italia y se estrelló contra el mejor defensa del mundo. No fue cualquier otro, lo lesionó el mejor del mundo.




