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Afina Federico Vite en su libro de cuentos De oscuro latir su pulsión por acercarse al mal

El autor reedita en versión electrónica en Cuadrivio Ediciones la obra que originalmente se imprimió en 2008

 

Óscar Ricardo Muñoz Cano

De oscuro latir, libro de cuentos del escritor Federico Vite López de 2008, se publicó a principios de este mes ahora en versión electrónica de la mano de Cuadrivio Ediciones, hecho del cual, el autor indicó sentirse a gusto con la entrada a este nuevo mercado; “pensando en el mercado, uno puede disponer de cientos de títulos; de obra, aunque no tenga el libro como tal”, opinó.
En breve charla electrónica, el autor recordó que el libro de cuentos “era un proyecto intermedio entre dos novelas breves, Parábola de la cizaña y Como escuchar labios cerrados. Fueron creciendo los cuentos, caminando incluso, y se publicó antes que las dos noveletas mencionadas”. Vite López agregó que fue la Universidad Autónoma de Guanajuato que en 2008 accedió a publicar el libro compuesto en ese entonces por nueve cuentos reunidos, intentó, dijo, que cada uno de ellos “naciera de una pulsión violenta, mortuoria; ya fuera un aborto, grabar un documental en un manicomio, premeditar un asesinato, un suicidio o testimoniar la venta de un niño a un pederasta”.
Sobre la existencia de una premisa general para De oscuro latir, comentó que “cada historia nace con la intención de radiografiar cierta proclividad al daño, opuesta, por supuesto, a la vitalidad gozosa”. Reveló además que para esta nueva versión se incluye un cuento más, Yo seré quien te lleve a casa, publicado hace un año por la revista Casa del tiempo, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La unidad temática, refirió, “es la pulsión por acercarse al mal, aunque no siempre, para habitarlo”, y respecto al trabajo que se realizó para preparar esta nueva edición comentó que “sólo hice pequeños cambios para no reescribir los cuentos”.
“Ese libro fue un proceso apasionante, sumamente competitivo. Aparte de que los cuentos debían pelearse con las dos novelas que exigían ser corregidas para encontrar editorial, tenía el trabajo más absorbente para un ocioso: reportero de policiaca. Ese Vite del 2008 estaba más comprometido con sus errores que con sus anhelos, hizo crecer su ansia, no su oficio. Esa es la principal diferencia. Sigue siendo pasional, pero ahora sí ha escogido la batalla que quiere librar. Pulo mi oficio, afilo mis palabras y espero el momento de parir un libro más”.
En ese sentido, y cuestionado sobre su opinión acerca de él mismo pero de aquel entonces como escritor, Vite López reveló que descubrió una continuidad temática; “como si viera con mayor precisión cuáles son las rutas que he ido persiguiendo desde hace algunos años, rutas para las que evidentemente me falta madurez, oficio y muchísimas lecturas”.
“Hago ensayos, aproximaciones, a la estética del daño, a esa preocupación esencial: cualquier historia puede transformarse en un relato de terror, en cualquier momento. Me interesa identificar cuál es la fisura (el equívoco) que potencia la consumación de un error trágico en los personajes. Si lo englobamos, me refiero a la inminencia del mal”.
Finalmente, explicó que fue la editorial Cuadrivio quien lo invitó a publicar con ellos; “me llegó la invitación por correo electrónico. Envíe el material y en breve obtuve una respuesta favorable”, y señaló que no hace menos el mercado digital; “a mí me ha funcionado bastante, en especial con autores italianos, franceses y, por supuesto, anglosajones”.
“Siempre que puedo compro el libro, pero al estar trasatlánticamente fuera del alcance de un autor que requiero, pues recurro al mercado electrónico. No tengo quejas, salvo las necesarias y usuales: me gusta doblar las hojas, rayarlas, oler la tinta en las páginas, pero no desprecio las opciones de este tiempo”.
Federico Vite López, ex becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, ha publicado, entre otras cosas, la novela Parábola de la cizaña (Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2012) y el libro de cuentos Entonces las bestias (Instituto de Cultura de Aguascalientes, 2003), entre sus reconocimientos destacan el Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano (2005) y el Nacional de Cuento Salvador Gallardo Dávalos (2003).

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