Confinan relevante muestra fotografíca a un inadecuado espacio de la casa de la cultura
* Una de las exposiciones más importantes del CNCA en lo que va del año la presentan en la biblioteca y no en la galería Ixcateopan en donde está la ordinaria muestra Personalidades
Xavier Rosado * Manuel Alvarez Bravo, Enrique Bostelmann, Gilberto Chen, Laura Cohen, Marco Antonio Cruz López, Gabriel Figueroa Flores, Flor Garduño, Lourdes Grobet, Eniac Martínez, Francisco Mata Rosas, Pablo Ortiz Monasterio, Ambra Polidori Gerardo Suter, Antonio Turok y Mariana Yampolski, son los fotógrafos cuyas obras conforman la exposición itinerante Plata sobre zoología que se presenta desde el viernes en la biblioteca pública Carmen Romano de López Portillo de la casa de la cultura de Acapulco
La muestra se compone de 43 fotografías trabajadas en su mayoría en plata y gelatina, en formatos de 20 por 25, 27 por 35 y 40 por 51 centímetros y es auspiciada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
La exposición comenzó su viaje el 3 de abril en San Luis Potosí, desde entonces ha recorrido 15 ciudades de la República, haciendo una pausa en Acapulco hasta el 21 de octubre y partiendo después a Cuernavaca, donde culminará su itinerario.
Una magna muestra en un ínfimo espacio
El espacio en el recibidor de la biblioteca resulta reducido para tan vasta y trascendente exposición –sin duda la mejor en lo que va del año–, por lo que se le debió haber asignado la galería Ixcateopan, en donde se presenta la ordinaria exposición Personalidades.
Sin menospreciar su importante labor como lugar de investigación y estudio, la biblioteca Carmen Romano no es el sitio adecuado para apretujar la obra de los más destacados fotógrafos mexicanos, (con excepción de Suter, argentino y Yampolski, estadunidense aunque radicada en México) que, con una visión excepcional, retratan la relación del mexicano con sus tonos y naguales, descubriendo al espectador sus propios animales internos.
Desde la composición perfecta y el nacionalismo de Manuel Alvarez Bravo, –quien dio un giro junto con Tina Modotti a la fotografía de principios del siglo 20–, hasta la abstracción y la ironía de Enrique Bostelmann, la exposición Plata sobre zoología bien puede catalogarse como la personal apropiación de la animalidad (o si se quiere una especie de manual de zoología fotográfica) de los principales exponentes de la fotografía del país, desde 1944 hasta el 2001.
Una zoológica polifonía visual
Entre las obras destaca el instinto espiritual de la fotógrafa capitalina Laura Cohen, quien en sus montajes, lleva al espectador a apreciar su trabajo en diferentes planos, utilizando en la foto Me (1999) una textura acuática como fondo, el torso de un hombre y en el pecho, (parece emerger) una paloma blanca en pleno vuelo.
Gilberto Chen muestra en su serie de fotografías, Cocodrilo, Aguila y El pescado (1999), la forma de llevar nuestro nagual en la piel y en el carácter.
Asimismo, la compilación de obras reúne el trabajo de Gabriel Figueroa Flores y extrae de su exposición Animales verdes (2000), tres inusitadas fotografías con animales tallados en cizos: Pavo real, Venado y Caballo de Troya.
Lourdes Grobet, graduada de la Universidad Iberoamericana de México, efectuó diferentes trabajos fotográficos en el estado de Tabasco, con el Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena de Tabasco, logrando captar la creatividad de los creadores indígenas de la entidad, con vestuario que confeccionaron para su examen de vestuario. De este trabajo se derivan: Mantarraya, Mariposa y Armadillo (1988).
La proximidad de los
autores con sus bestias
Entrevistado por teléfono, desde la ciudad de México el curador de la exposición, Juan Coronel Rivera, mencionó que la muestra Plata sobre zoología, sigue una tradición más literaria que plástica, “una que iniciara Plinio y que en el siglo 20 Jorge Luis Borges hiciera suya en el imprescindible volumen Manual de zoología fantástica.
Los autores presentan una serie iconográfica que delata y explica la proximidad de los autores con sus bestias, con sus propios seres imaginarios”.
Coronel Rivera, especialista en historia del arte, mencionó que dicha recopilación se fundamenta en tradiciones regionales, nahua, amuzga, pame, de norte a sur de la República, hablan de un estado de posesión, uno que se adquiere al nacer y que se denomina tona, chulel o nagual, dependiendo la voz que lo utilice.
“Esta tona es un espíritu rector animal que marcará al individuo toda su vida. El nagual se otorga en el momento del parto, algún animal o persona íntima a la familia, avistan a un ser vivo que se encuentre cercano al lugar de nacimiento, zorra, escarabajo, águila o zopilote, perro, burro o guajolote, cualquiera es bueno para el propósito ya que todos y cada uno de ellos poseen un gran número de características buenas, habilidades y virtudes que el recién nacido, por una suerte de osmosis mágica, tendrá de igual modo y le servirán para la tarea que emprenda en la vida”, explicó.
Mencionó que los fotógrafos trataron de explicar la preferencia que cada ser humano posee por una determinada especie; “los fotógrafos aquí reunidos nos muestran su nagual, o sea, qué animal los habita”.
Señaló que en esta exposición el público podrá ver “animales de sombra, bestias de enramadas. También a hombres tomando posesión de sus espíritus, o viceversa, chintetes que atraviesan el cuerpo de un ser humano. También encontramos al hombre tatuado con otra especie, quizá una que le sella el alma. Hay un pasamanos de serpiente, un ave pintada en un camión ecológico, un caballo agonizando, todos son signos que nos describen”.
Al preguntarle cuales son los orígenes de la documentación de la relación del ser humano con los animales, contestó: “La primera crónica americana escrita al respecto de la zoología fue en el siglo 16, se la debemos a Fray Ignacio Guzmán y Ucía, quien llegó a las indias reclutado por Fran Francisco de Borja en la primera y peligrosa expedición que los jesuitas hicieron a la Florida en 1565”.
Recordó que Fray Ignacio tenía un especial interés en que sus discípulos llegaran al nuevo mundo con el fin de instruir a los niños y a los rudos en la doctrina, haciendo que sus hombres se distribuyeran en los terrenos que ya habían ocupado otras órdenes medievales como los franciscanos, agustinos, dominicos y mercedarios, que no recibieron bien a los émulos de Fray Ignacio, por cuestiones de control territorial y sobre todo, económico para salvaguardar a las instituciones eclesiásticas.
“La historia de Fray Ignacio –a quien los indios apodaron Xantolo el muerto, por carecer de olfato y por lo tanto por no tener contacto con el mundo– fue testigo de uno de los fenómenos naturales más curiosos que ser vivo alguno pueda presenciar: el 15 de julio de 1566 llovieron charales frente a sus ojos”, narró.
Con detalle refirió un párrafo completo de la crónica del fraile: “El cielo ennegreció más que la noche, sin luna, siendo sólo medio día. Los rayos azotaban las aguas partiéndolas en dos, como cosa del testamento. Calmáronse los rayos y comenzó una tormenta, como la más fuerte que se haya visto en alta mar. Y en cosa de tiempo, con las gotas, ante mí y soy testigo, a manera de perlas de granizo, como borlas de plata, sobre la negra superficie del pantano que parecía espejo roto, caían y rezumbaban por todos lados cientos de peces…”. Dicha declaración le costó a Fray Ignacio el descrédito de las autoridades eclesiásticas, llamándolo pagano y entregado a las creencias indígenas; fue destituido de su jurisdicción y confinado a tres años en su celda.
“Ahora, con los siglos de por medio y la ciencia como razón, se sabe que el calor deshidrata los huevecillos de algunos crustáceos, peces y batracios, el viento los lleva a las nubes, ahí se rehidratan y, en muchos casos, encuban hasta un estado larvario y en tiempo de lluvias caen semidesarrollados junto con la tormenta”, aclaró el especialista.
El curador también recordó otro episodio de la historia nacional, cuando en el gobierno de Luis Echeverría Alvarez, trajeron desde Africa una pareja de manatíes con todo y cachorros, para que, siguiendo su ciclo natural de alimentación, se reprodujeran y se alimentaran del lirio acuático, que estaba acabando con el oxígeno de las aguas de Xochimilco.
“No pasó ni un mes cuando la prensa amarillista daba la trágica noticia de que estos huéspedes habían acabado su existencia a manera de carnitas michoacanas, en manos de algún xochimilca que los capturó de noche con una red, los hizo partes y los enconstaló con el fin de tener un festín más adelante”.
Agregó que se basa en todos estos episodios, “con distintos tonos de nuestra relación con la esencia; con el sentido de naturaleza inmaculada, el porqué del sentido evolutivo de las especies, desde la perspectiva darwiniana, nos ha traído hasta aquí, ese es realmente un cuestionamiento interesante, pareciera indescifrable”.
Dijo que la relación de los humanos con la naturaleza es de asombro; “un terremoto, un escorpión, son incontenibles, rotundos y dentro de nuestra cotidianidad nos parecen completamente ajenos, siendo que son, sin duda, manifestaciones más naturales que nosotros. No somos ya una parte integral del entorno, nos hemos perfilado cada vez más hacia la muerte”, finalizó el curador.




