Germán Butze, historietista que encontró en Acapulco inspiración para sus cómics
Xavier Rosado * Argumentista prolífico, con una imaginación inagotable –en la que Acapulco ocupó un espacio– y un enorme talento como dibujante, Germán Butze Olivier fue el creador de diversos personajes de historietas mexicanas de sano y fino humor entre ellos Los Supersabios, cuya carrera comenzó en 1936 y culminó a principios de los setentas, con el decaimiento de su salud.
Su hijo, Javier Butze López-Aguado, reside en Acapulco desde 1984 y a pesar de ser un científico especialista en biología (sin llegar a ser un supersabio como él mismo lo declaró modestamente), ha continuado la labor de su padre en la arista del diseño textil.
“Estudié biología en la UNAM, pero en la familia, la profesión artística viene desde mi bisabuelo y mi padre, que pasaba todo su tiempo en la casa, nos enseñó a dibujar a mi hermano y a mí, incluso a veces le ayudábamos a hacer las tiras cómicas”, expresó Javier Butze.
Boceto de un éxito
Germán Butze Olivier, nació en la ciudad de México, descendiente de alemanes e ingleses, desde pequeño mostró sus aptitudes para el dibujo.
“Una vez mandaron llamar a mi abuelita de la primaria donde estudiaba mi padre, una vez ahí el director le dio la queja de que su hijo no ponía atención porque se la pasaba dibujando en el salón, sin embargo, la felicitó por la calidad de sus dibujos, que bien podían haber sido hechos por un profesional”, recordó Butze.
Mencionó que su padre nació el 11 de febrero de 1912, que estudió pintura en la academia de San Carlos y mas tarde con el maestro Ignacio Rojas, gran pintor y retratista.
“A mediados de los años treinta, su hermano mayor, Valdemar –que trabajaba como dibujante en el departamento de publicidad de una compañía telefónica– lo introdujo en la gráfica comercial, en la que se sostendría por más de veinte años, con gran creatividad y profesionalismo. Realizó publicidad para una llantera, un linimento, un antiséptico, una compañía chiclera y una fábrica y tienda de ropa, para la que diseñó dos personajes: Memo Migaja y Pinito Pinole”, especificó el diseñador.
“En 1936, mi papá trabajaba en esa agencia de publicidad cuando llegó el director de Novedades, el señor Ignacio Herrerías, buscando un dibujante, cuando le ofreció hacer la tira cómica para su periódico ‘sin compromiso alguno’, le dijo que si pegaba bien y si no, que conservara su trabajo en la agencia. Sin embargo, al comenzar a publicarse la tira, el periódico comenzó inmediatamente a subir en su circulación, lo mismo pasó con la revista Mujeres y deportes que quintuplicó sus ventas con la aparición de Los supersabios en su última página”.
También se publicó en la revista Chamaco y continuó apareciendo en las tiras diarias del periódico, hasta que en 1953 apareció por primera vez como revista independiente Los Supersabios, en la que se publicarían aventuras originales.
“El título de Los Supersabios surgió porque a mi papá, siempre le gustó la ciencia, teníamos un telescopio en la casa y nos poníamos a ver las estrellas juntos, era muy observador e incluso los personajes que hizo los sacó de sus interpretaciones de personajes de la vida real. Me acuerdo que Solomillo, el sabio loco que salía en los cuentos, era un amigo de mi papá que era un poco científico pero frustrado, porque trabajaba en Hacienda y mi papá lo caricaturizó igualito”, dijo sonriendo.
Su pasión por Acapulco
Javier Butze recordó que su padre siempre tuvo una fuerte predilección por Acapulco que se acrecentó cuando, en la facultad de Biología de la UNAM, conoció a su madre, Catalina López-Aguado Medinilla y resultó que había nacido en el puerto.
“Mi padre se ponía a trabajar hasta altas horas de la madrugada dibujando en cartulinas el desarrollo de sus historias, luego se iba a la editorial y dejaba tres números seguidos, lo que le dejaba un mes de vacaciones y entonces nos veníamos a Acapulco y nos quedábamos en la casa de un tío, que estaba cerca del hotel Los Flamingos y recuerdo que había 200 escalones que bajaban por los riscos y llegaban hasta el mar, ahí nos la pasábamos buceando con mi padre
“En la tarde, después de comer, nos íbamos a playa Hornos a correr olas y mi padre siempre fue muy bromista, juguetón, entonces, nos poníamos a ‘torear’ las olas y a mi papá le gustaba dar consejos de cómo se iba a torear la ola, gritaba ‘!por arriba, por abajo¡’ según viniera la ola, pero daba el consejo mal, así que no faltaba el incauto que fuera arrastrado por la ola”, expresó.
Del carácter de su padre agregó que era “muy participativo, paternal y cariñoso, además de que nunca le gustó decir o siquiera sugerir malas palabras en sus historias. El decía que quería que sus cuentos fueran accesibles a todos, sin importar la edad”.
Mencionó que en muchas de sus historietas, caricaturizó a Acapulco como “Picamosco” o “Puerto Airoso” y que en otra, elabora toda una historia donde Don Seve adquiere un hotel en “Picamosco” y pone a toda la familia a trabajar mientras el se da la gran vida en el puerto.
Javier Butze narró que está contento de poder vivir en el lugar que su padre añoró tanto, utilizando como modus vivendi parte de su legado artístico.
Agregó que la revista, después de salir en varias reimpresiones del editorial Herrerías, suspendió su publicación en 1968.
Dijo que su gran talento lo hizo merecedor a principios de los años setentas a recibir el Tlacuilo de Oro, presea que se entrega a los dibujantes y argumentistas más destacados.
“Mi padre murió en 1974, después de que le había dado un infarto, dada su afición al tabaco y cuatro años después, se hizo una película de aventuras con Los Supersabios, dirigida por Anuar Badin y en la que aparecen las voces de actores como Jorge Arvizu y Carlos Riquelme, para dar vida a algunos personajes”, dijo.
El legado artístico de Germán Butze Olivier al mundo del arte en el cómic mexicano, es invaluable, pero si alguien tuvo el acierto de guardar los ejemplares que se publicaron del 53 al 68, fecha en que aparecieron las historias originales, antes de sus reimpresiones, cada ejemplar, puede valer entre 100 y 200 pesos, según el valor que le den los coleccionistas al número.




