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Sólo una fosa sin control de desechos, el relleno sanitario de ciudad Altamirano

 Gregorio Urieta, corresponsal, Ciudad Altamirano * La semana pasada la secretaria de Salud, Verónica Muñoz Parra, de manera furtiv, acompañando al alcalde de Pungarabato, Ambrosio Soto Duarte, inauguró el llamado relleno sanitario que en las cuentas del presidente municipal tuvo un costo de un millón y medio de pesos. Sin embargo, el espacio en donde actualmente se está depositando la basura que se genera principalmente en la cabecera municipal de Pungarabato, es sólo un depósito de basura a cielo abierto en el que no se observan las mínimas normas de control de los desechos y que está generando una gran cantidad de líquidos altamente contaminantes cuyo destino es un arroyo que desemboca en el río Cutzamala.

El llamado relleno sanitario es cuestionado fuertemente por el cuerpo de regidores de la comuna de Pungarabato, a pesar de lo cual, el alcalde decidió inaugurarlo aprovechando la presencia de la secretaria de Salud, Verónica Muñoz Parra, invitada precisamente para ello, lo que el presidente llevó a cabo furtivamente al engañar al grupo de regidores diciendo que llevaría a cabo la inauguración de una muestra pictórica, cuando en realidad se fue y llevó a la secretaria de Salud al relleno sanitario, acompañados sólo de un grupo de médicos y gente de su confianza.

El terreno en donde está ubicado el depósito de basura está dividido en dos partes. En una de ellas se encuentra regado a cielo abierto un total “de cien toneladas de basura mínimo”, según uno de los funcionarios del ayuntamiento que se encontraba en ese lugar durante la visita del corresponsal. A un costado de éste se ha formado una laguna de líquido negruzco que escurre generado por los desechos orgánicos e inorgánicos depositados en ese lugar. Esa laguna tiene un escurridero que desemboca directamente a un arroyo natural ubicado a unos 30 metros del depósito de basura.

A su vez, el arroyo escurre hacia la comunidad de Los Limones, ubicada a unos metros del río Cutzamala, destino final de los desechos líquidos del tiradero que Ambrosio Soto ha dado en llamar “relleno sanitario”.

En este terreno no hay tierra ni otro material para cubrir los desechos, como debiera hacerse en un relleno.

En la otra parte, ubicada anexa a la ya descrita, está lo que fue inaugurado por Verónica Muñoz Parra como relleno sanitario. Es una fosa de aproximadamente 80 por 80 metros, por unos tres metros de profundidad. El piso fue regado de manera tenue con chapopote, pero no lo cubre en su totalidad y por la cantidad mínima que se le echó, no podría decirse que logra impermeabilizar el subsuelo. En el costado poniente existe un desagüe presumiblemente para desechar los lixiviados –líquidos generados por la descomposición de la basura orgánica- el que va a dar a una “laguna de oxidación que tiene una extensión de unos 15 por 15 metros, ubicada a unos 30 metros del relleno. Los líquidos de esa laguna irán directamente al mismo arroyo que desemboca en el río Cutzamala.

En ese depósito es en donde actualmente se tira la basura que se recolecta en Altamirano y por la disponibilidad de tierra para cubrir los desechos y el espacio no se le auguran unos meses de utilidad, según el mismo funcionario del ayuntamiento encontrado en aquel lugar.

“Todo eso se le ha dicho a Bocho –Soto Duarte– pero ese amigo no se oye más que a sí mismo. No hay ni siquiera una máquina para ir enterrando la basura”, dice y señala un trascavo que está parado. “Está desbandado, y es que no tiene la capacidad para hacer este trabajo, y no hay más”, concluye.

El terreno está circulado por malla ciclónica en su totalidad, y se vio la vigilancia de una patrulla de la policía municipal.

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