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Leen cargos a los cinco principales acusados del ataque terrorista del 11-S en Guantánamo

DPA

Fort Meade

El proceso contra los cinco principales acusados por los atentados terroristas del 11-S arrancó ayer con la lectura de cargos ante un tribunal militar especial en la base norteamericana de Guantánamo en Cuba, pero los sospechosos se negaron a cooperar en el juicio y se mantuvieron en silencio.
Por primera vez desde hace más de tres años compareció ante un tribunal el presunto “cerebro” de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, Khalid Sheikh Mohammed. En los ataques murieron casi 3 mil personas.
Junto a él están acusados otros cuatro hombres, entre ellos Ramzi Binalshibh, que pertenecía a la denominada “célula de Hamburgo”, de la que también formaba parte Mohammed Atta, uno de los secuestradores de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York. Los otros tres acusados son Ali Abdel Asis Ali, Mustafa Ahmed al Hausawi y Walid bin Attash.
Al inicio de la comparecencia se discutió sobre la vestimenta apropiada para el juicio. Sheikh Mohammed apareció luciendo una larga barba y una túnica blanca. Tanto él como otros de los acusados se negaron a utilizar los auriculares a través de los que se les traduce el juicio. Todos guardaron silencio como respuesta a las primeras preguntas del juez James Pohl.
Poco después del inicio de la lectura de los cargos, Binalshibh atrajo la atención al levantarse de la silla y arrodillarse en el suelo para rezar. “Ellos intentan matarnos” en la cárcel, dijo enojado. “Tal vez no me verán nunca más”.
La lectura de los cargos durará únicamente un día. Todavía debe fijarse la fecha para la apertura del grueso del proceso, con los testimonios de testigos y la presentación de pruebas, pero los expertos cuentan con que éste se iniciará el próximo año. Antes se estima que habrá gran cantidad de audiencias para determinar, entre otros, qué pruebas serán aceptadas en el juicio.
Entre los cargos que se les imputan está los de terrorismo, asesinato, secuestro de aviones, conspiración, ataque a civiles, daños físicos graves premeditados y destrucción de la propiedad. En caso de ser declarados culpables podrían enfrentarse a la pena de muerte.
La prensa y los familiares de las víctimas pueden seguir el proceso en Guantánamo o por video desde la base militar de Fort Meade, en el estado norteamericano de Maryland.
Tras su captura en 2003, Sheikh Mohammed fue retenido en primer lugar en una cárcel secreta de la CIA. Según documentos de los servicios secretos publicados en 2009, tan sólo en marzo de 2008 fue torturado en 183 ocasiones con el método de ahogo simulado, conocido como waterboarding. Las confesiones obtenidas bajo tortura no son válidas durante juicios ante tribunales militares.
Más tarde, ya internado en la prisión de Guantánamo, Sheikh Mohammed confesó su papel en los atentados del 11-S y en otras acciones terroristas. Algunos críticos opinan sin embargo que todo el proceso quedó “envenenado” por las torturas iniciales y que incumple los estándares de un Estado de derecho. Antes del inicio del juicio, los abogados de los acusados denunciaron además que parte de la correspondencia que mantenían con sus clientes fue leída por personal del Pentágono.
Los acusados ya comparecieron ante un tribunal militar para la apertura de un juicio en 2008, bajo mandato de George W. Bush. Pero las autoridades no llegaron finalmente a abrir el proceso central por la llegada en 2009 del demócrata Barack Obama a la Casa Blanca.
El actual presidente prometió cerrar la base de Guantánamo y juzgar a los acusados ante tribunales civiles en territorio estadunidense. Los “Cinco de Guantánamo”, como se conoce a estos acusados, debían ser juzgados en Nueva York.
Los planes de Obama fracasaron sin embargo por las fuertes resistencias en el propio Estados Unidos. En abril las autoridades dieron definitivamente luz verde al proceso, que tuvo que comenzar de nuevo.
Durante su comparecencia en 2008, el presunto “cerebro” del 11-S declaró que quería ser condenado a la pena de muerte, pues desde hace tiempo deseaba morir como un mártir.

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