Rafael Aréstegui
Los adultos mayores y la pobreza
Existen algunas culturas en que a los ancianos se les deja morir porque constituyen una carga para la comunidad, los esquimales, abandonan en la nieve a los individuos de mayor edad que ya no pueden contribuir ni cazando ni pescando, la comunidad entonces los deja en medio de la nieve para que se congelen.
Pero en otras culturas los ancianos son considerados sabios y es tanta su sabiduría que su consejo es considerado mandato, recordemos los consejos de ancianos de prácticamente todos nuestros pueblos indios.
En nuestra sociedad, la población está viviendo cambios vertiginosos, si consideramos que el 40% de la población carece de todo tipo de seguridad social, constituyó un acierto del gobierno de Andrés López Obrador el considerar por primera vez en la historia del país un programa de atención a los adultos mayores que carecen de todo tipo de prestación, la medida fue congruente con su lema de campaña: “Los pobres son primero”. La medida logró simpatías de toda la población, se antoja difícil imaginar una familia que no cuente al menos con una abuelita o un abuelito y si a ello le agregamos el problema de la marginación es fácil darse cuenta el respaldo social que trajo esa política social.
Los gobiernos priístas han retomado el ejemplo y es así que en la entidad hemos visto el controvertido programa Pensión Guerrero. Controvertido porque para su aplicación se demanda el concurso de los niveles municipales de gobierno, la sospecha de que el programa hubiera dejado de lado a adultos mayores por criterios políticos obligó al municipio a aplicar un programa semejante, la aprobación al programa de parte de Sedesol, deja en realidad la polémica al margen de los verdaderos términos en que se debe discutir la política social, que es como se combate la pobreza y más aún como combatir la marginación.
Al margen de las declaraciones que con propósitos de aprobación electoral realizó Fox, señalando que un sector de la población había dejado la pobreza, declaración sin respaldo, pues al no haber crecimiento del producto interno ni tampoco del empleo, es imposible abandonar la condición de pobreza.
La pobreza la padecen los individuos, la entendemos como la imposibilidad de alcanzar un nivel de vida, con un mínimo de calidad, esa imposibilidad está determinada estructuralmente porque un sector de la población carece de ingresos para adquirir un conjunto de satisfactores, de vivienda, salud, alimentación vestido, etc. Salta a la vista que la pobreza es un mal que acompaña a la sociedad y los niveles de la misma adquieren mayor severidad en el campo mexicano; y en los sectores vulnerables entre ellos obviamente los adultos mayores.
Actualmente, en el estado de Guerrero, existen 230 mil 862 habitantes mayores de 60 años, si consideramos que el 40% de ellos carecen de algún sistema de protección social –me estoy viendo excesivamente optimista– hablamos de un poco más de 92 mil adultos sin cobertura social, pero en cinco años más se sumarán al primer grupo 76 mil 908, menos los que fallezcan, y al segundo grupo aproximadamente 30 mil. Lo que significa 120 mil adultos mayores sin cobertura social alguna, menos los que fallezcan.
Que bueno que el programa Pensión Guerrero se establezca por ley, pero dicen los abogados que la ley debe ser general de manera que los adultos mayores deben ser protegidos en toda la entidad y no solamente en las tres principales ciudades, pero eso va a traer un problema.
No hay que perder de vista que una tarea específica y concreta de la política social, debe ser la acción contra todo tipo de marginación, tanto la antigua marginación como la nueva que está resultando de la inserción en la llamada globalización, que en nuestro país se inició desde 1984 con la adopción de la política neoliberal y que el gobierno no hizo más que seguir ortodoxamente.
A raíz del proceso electoral y de la ausencia de una mayoría, ha quedado clara la necesidad de establecer acuerdos en la agenda legislativa, se debe incluir en esa agenda la necesidad de una política social que vaya más allá del asistencialismo.
Hasta ahora los programas contra la pobreza, se han dirigido hacia los individuos, pero ello no resuelve el problema de la marginación, esta es el resultado de una política de desarrollo excluyente, donde los más excluidos han sido los pueblos indios, los campesinos, los niños de la calle, las mujeres, que sufren una doble marginación y los adultos mayores.
La sociedad mexicana se había caracterizado por lazos de solidaridad muy marcados, en momentos de tragedia esta solidaridad entre la población ha sido ejemplar, basta recordar el sismo del 85 y en nuestro caso el huracán Paulina, en ambos casos la solidaridad de la sociedad rebasó con mucho las acciones de gobierno, pero los fenómenos naturales se convierten en desastres a causa de la marginación en que viven inmensas capas de la sociedad.
A la solidaridad, se le trata de hacer a un lado para dejar paso al corporativismo y al individualismo, los sindicatos se encuentran replegados y carentes de la fuerza que permita conservar sus prestaciones sociales y mas temprano que tarde los resultados de esta política neoliberal van a afectar a la población de manera trágica.
Urge entonces que en la agenda legislativa, a la par de las reformas estructurales que se propongan, se incluya una política social que vaya más allá de un combate asistencial de combate a la pobreza de los individuos y se convierta en un combate a la marginación de la sociedad y su territorio.




