Arturo Solís Heredia
CANAL PRIVADO
*Los idiotas de Denise Dresser
Cuando la politóloga Denise Dresser terminó de hablar, bien pudo aprovechar los azorados rostros de su público, cerrando con un epílogo de inspiración futbolera: “Si ya me conocen, ¿para qué me invitan?”.
Y es que, fiel a su estilo y convicciones, Denise cumplió con creces las expectativas de los asistentes y sus anfitriones (los directivos de la Coparmex Acapulco, quienes la invitaron a una conferencia en el puerto el viernes pasado). De hecho, cumplió con más que creces, pues no sólo despotricó con la libertad, desparpajo, inteligencia y fundamento que suele hacerlo, en contra de los malos gobiernos y sus gandalladas, sino también de quienes los eligen, consecuentan y toleran… los ciudadanos, pues.
Según la nota de Daniel Velázquez, en la edición sabatina de El Sur, luego de citar a Fernando Savater –“el ciudadano preferido de las autoridades es el idiota, el que declara con fatuidad que no se mete en la cosa pública, en la política, porque su participación no tendría por qué cambiar las cosas”–, la Dresser soltó sin titubeos: “Señoras y señores, en Guerrero los idiotas gobiernan porque otros idiotas los eligen y ha llegado el momento de dejar de serlo, y eso implica reconocer la coparticipación o la complicidad de muchos guerrerenses en este estado de las cosas, porque si la ciudadanía no se beneficiara de la corrupción, no la solaparía”.
Por eso digo que los rostros del respetable transmitían azoro (inquietud, nerviosismo) al concluir la conferencia, pues Denise Dresser dejó en claro que no vino a Acapulco a complacer a nadie ni a hacer concesiones diplomáticas.
Porque ¿a quién no le gana la risa y le llena el gusto, cuando se atestigua en la casi anónima colectividad, una tunda verbal sin cuartel ni tregua en contra de “los inches políticos que nos mal gobiernan”, como la que les surtió la valiente y sesuda politóloga en el puerto?
Pero también, porque cualquier puerca tuerce y acalambra el rabo, cuando la que tundía agarra parejo, y con parecido rigor y semejante dureza, les tunde a los hasta entonces risueños y gustosos testigos.
Y es que la verdad no peca pero incomoda, como reza la sabiduría popular. Por eso, seguro muchos, si muchos fueron sinceros y autocríticos al oírla, aunque pusieran cara de disimulo o de a mí que me esculquen, se supieron con vela en el entierro y colas pisables, unas más grandes que otras, porque todos vivimos la misma realidad y jugamos con o sin ganas, con o sin resistencias, el perverso juego que nos impone el poder.
En este sentido, Dresser planteó la creación de un frente de “ciudadanos dispuestos a luchar por derechos y no ciudadanos con la mano abierta en espera de la próxima dádiva del próximo gobernante, el cheque, el contrato, la camiseta, la licuadora, el vale, la concesión”.
Y luego, aludió a todos, los presentes y ausentes a la conferencia, cuando dijo que “es escandaloso que Acapulco sea declarada la segunda ciudad más violenta del mundo, ¿qué pasó?, pues que alguien cerró los ojos, se lavó las manos o firmó un pacto con alguien de cederle la plaza. Y la ciudadanía ¿qué hizo?, ¿qué han hecho ustedes en los últimos diez años en términos de denunciar, exigir, participar, en lugar de simplemente quedarse callados o vivir con la mano extendida o aceptar este estado de las cosas o votar por un partido que no rinde cuentas?”.
Al final, los rostros azorados (tanto de los asistentes al evento, como de los lectores de la nota) se dividieron en dos bandos principales: el de los que calificaron a la conferencista como “valiente y cruda”; y el de los que la calificaron de “grosera y radical”.
A estos últimos los entiendo. Por eso al principio dije que la Dresser despotricó (o sea, según el diccionario, criticar algo o alguien sin consideración ni respeto). Pero no sé, no me consta ni me interesa mucho saberlo, quiénes eran más o quiénes menos; lo que sí sé, como lo sabemos todos, aunque no queramos reconocerlo o nos duela hacerlo, es que la Dresser, como Florencio Salazar la semana anterior, puso su dedo en una infectada llaga nuestra, cuando sentenció: “El poder empuja hasta donde encuentra resistencia, y en Guerrero no está encontrando resistencia”.




